Blog dedicado a la reflexión psico-espiritual del escritor Juan E. Barrera
miércoles, 20 de mayo de 2015
miércoles, 13 de mayo de 2015
Amigos, les comparto un adelanto de mi segundo libro. Espero que sea de bendición .
Tengo un hijo en el cielo. La experiencia de ver partir un hijo.
Saludos
Juan
Tengo un hijo en el cielo. La experiencia de ver partir un hijo.
Saludos
Juan
En mi libro “Ahora que nos casamos” abordo también esta
dimensión espiritual como parte integrante de la psiquis humana a la que
deberíamos prestar atención y abrir el corazón, sobre todo ante la dolorosa
muerte de un hijo. En ese capítulo me baso en tres fuentes para hablar sobre la
dimensión espiritual del hombre: lo que dicen Las Escrituras, la psicología, y
la evidencia empírica, estudios realizados al respecto.
El abordaje pastoral camina al borde del riesgo frente a la
muerte de un hijo, porque hay muchas posibilidades que las personas se
resientan con Dios, que sus convicciones religiosas se anulen y que la fe
desaparezca. Son muchos los que luego de perder un hijo o enfrentar una pérdida
dejan de creer en Dios, de hecho una de las bases del ateísmo moderno es la
falta de respuesta frente al dolor, al sufrimiento. Viene a mi mente una mujer
quien frente a su pérdida entre gritos desgarradores, abrazada al ataúd de su
joven marido repetía una y otra vez ¡Dios no existe! ¡Dios no existe!
Sin embargo son muchos los testimonios que nos muestran
casos donde los padres reconciliados con Dios dejaban partir a sus hijos
confiando que iban a un lugar mejor y que su tiempo había llegado. Los
abrazaban, les daban las gracias por el tiempo que los tuvieron, les decían
cuanto los amaban y luego los dejaban partir.
Los sentimientos de enojo y traición con Dios
Enojo. Muchos padres en lugar de buscar refugio en Dios se
enojan y se resienten. En estudios realizados se menciona que de los padres
entrevistados, que habían perdido un hijo algunos habían dejado de creer en
Dios. Es comprensible que muchos padres reaccionen de esa manera por el impacto
y horror que se experimenta. Muchos se hacen inmediatamente la pregunta ¿Por
qué Dios permitió que pasara? ¿Dónde estaba Dios? Son preguntas terribles
porque no tienen una explicación sencilla y llevan a un debate teológico
importante.
Tampoco se puede negar la subjetividad de esta reacción de
enojo con Dios, porque muchos de los padres o familiares lo sienten cuando es
el hijo propio y no siente el mismo malestar cuando es el hijo de otro, incluso
muchas veces se reciben esas noticias con indiferencia o apatía, sin embargo el
enojo contra Dios aparece cuando la muerte es cercana.
Personalmente, como pastor, graduado en Teología, tampoco me
resultó indiferente la partida de mi hijo. He realizado un esfuerzo consciente
por no cuestionar a Dios, ni preguntar ¿Por qué?, para ello me propuse desde el
primer día fundamentar mi confianza en el carácter de Dios. Reconozco que la
muerte de mi hijo ha sido duro, sin embargo he asumido (no sin dolor y
resistencia) la actitud de siervo. Dios es bueno, no puede dejar de serlo
porque él es perfecto, no importa lo que pase en esta Tierra, eso no cambia
nada en él y yo no tengo la autoridad para cuestionar sus decisiones.
Traición. Hace años circula un texto sin autoría titulado
Huellas en la arena, que dice:
Una noche tuve un sueño... soñé que estaba caminando por la
playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.
Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares
de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor.
Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia
atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi
vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena.
Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles
de mi vida. Eso realmente me perturbó y pregunté entonces al Señor:
"Señor, Tu me dijiste, cuando resolví seguirte, que andarías conmigo, a lo
largo del camino, pero durante los peores momentos de mi vida, había en la
arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque Tu me dejaste en las horas en
que yo más te necesitaba".
Entonces, El, clavando en mi su mirada infinita me contestó:
"Mi querido hijo. Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos
más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente
allí donde te cargué en mis brazos".
Este hermoso texto ilustra de manera perfecta la sensación
de traición que los sufrientes experimentan y que de acuerdo a lo citado por el
doctor Dobson alcanza a la mayoría de los cristianos…
Entendiendo cosas difíciles
Juan E. Barrera
“Clama a mí y yo responderé cosas grandes y ocultas que tú no
conoces”. Jeremías 33:3
Este versículo es
una gema escondida entre las profecías de Jeremías diseminadas por todo el
libro. Recuerdo haberlo aprendido de memoria siendo todavía un niño. Es un
versículo que exhorta a la oración y poner la confianza en que Dios responde,
no obstante, este verso no se puede descontextualizar y se debe comprender a la
luz del ministerio del profeta, duro ministerio. Estas palabras surgen, sin
duda como respuesta ante la confusión que el profeta debió experimentar muchas
veces durante su ministerio, palabras dirigidas a un pueblo que no quería
escuchar y que más aún descarga todo su enojo y maldad sobre el hombre de Dios.
¿Qué cosas grandes y
ocultas aprendió el profeta y que son de ayuda para nosotros en el día de hoy?
Las respuestas, después de leer detenidamente el libro completo son varias.
Solo me atrevo a mencionar tres de estas cosas grandes y ocultas.
Primero, que Dios
cuando llama a un hombre o una mujer, espera que la misión que él encomienda
sea cumplida independiente de las circunstancias. Que todas las veces, Dios
cuando llama espera obediencia. Las circunstancias del ministerio pueden ser
complicadas, puede haber riesgo de muerte, existir sufrimiento constante o no
verse fruto en todo el trabajo, sin embargo, Dios espera obediencia de sus siervos.
Es este sentido de obediencia lo que llevará a un hombre o una mujer hasta el
final de su viaje, no las circunstancias externas o internas.
Segunda cosa grande,
Dios aborrece el pecado de idolatría. Dios tiene sus razones y sus propósitos
en esto, pero Dios odia la idolatría y ocupa epítetos y metáforas muy fuertes
para denunciar la “infidelidad” de Israel, la idolatría del pueblo. Dios no es
comparable a nada conocido en el universo, a nada creado por el hombre. Dios
está infinitamente apartado en santidad y perfección y sus atributos magníficos
tienen tal fulgor, que cualquier cosa creada a la que se le compare opaca su
gloria. Dios es tan grande en misericordia, es el que elige al pueblo, lo
libera, se le revela, vive entre ellos, que no puede soportar que sus hijos
cambien o muden la confianza de la que él es solo digno a un ídolo falso. La
confianza debe ser depositada solo en Dios, solo en Dios.
Tercero, Dios
castiga la maldad sin dejar de ser misericordioso y justo. Usa a pueblos o
naciones no creyentes para cumplir sus propósitos, Nabucodonosor “mi siervo”
implica que un Dios soberano emplea su libertad, su dignidad y su sabiduría
para usar a quien él desee para llevar a cabo sus planes. Usa la impiedad, la
maldad, la codicia, la crueldad de otros para llevar a cabo sus propósitos. Esto
es algo grande y oculto, que no está a nuestra vista y que necesita de mucha fe
para aceptarlo. Sin embargo, también reconoce y exige responsabilidad moral en
aquellos que el usa, un misterio. Dios usa la maldad de algunos para llevar a
cabo sus planes, pero luego también castiga a quienes fueron sus instrumentos.
Esto habla de libertad, elimina los determinismos, destaca la soberanía de Dios
y la fidelidad de Dios hacia sí mismo y hacia nosotros. Dios cumple sus propósitos.
Tres cosas grandes y
ocultas que Dios nos revela en el libro de Jeremías.
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martes, 31 de marzo de 2015
Gloria en lugar de ceniza
“a ordenar que a los
afligidos de Sion se les de gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de
luto, manto de alegría en lugar de espíritu angustiado; y serán llamados árboles
de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya” Isaías 61:3
Hermosas palabras proféticas de Isaías que nos refieren de
manera poética a uno de los temas más difíciles de abordar en el mundo moderno,
el sufrimiento. Tema también complicado de abordar desde una postura bíblica
¿Por qué existe el dolor? ¿Por qué las personas tienen que sufrir? Si en la
percepción del observador se cree que tal persona merece el sufrimiento, al
parecer la interrogante pierde cierto poder, se lo merece, dice alguien y hay
una especie de satisfacción en esas palabras, pero si el que sufre a los ojos
del observador es una persona buena, la pregunta adquiere otro agregado más
difícil de responder ¿por qué sufre la gente buena?
El pasaje citado no revela explícitamente el por qué de la
ceniza, del luto, del espíritu angustiado, todos símbolos de sufrimiento, pero
al leer el libro completo se descubre el por qué: decisiones propias,
alejamiento de Dios, desobediencia, orgullo ¿Todo el pueblo de Israel se
comportó así? Tal vez no, no obstante las consecuencias del castigo divino
fueron para todos. Eso ya nos lleva a una primera conclusión, el sufrimiento
alcanza a todas las personas, “buenas” y “malas”, es un hecho universal, el
dolor existe. Hoy se oculta, se disfraza, se niega. Pocas personas quieren
reconocer abiertamente que sufren, que lo pasan mal. La vida moderna considera
vergonzoso sufrir. Se exalta la alegría, la algarabía, la felicidad, aunque
para ello se deba recurrir a lo extremo, a lo adrenalítico y hasta el uso de
químicos.
Otra conclusión de este pasaje es que es Dios mismo quien
puede ser el causante del sufrimiento. Eso revela claramente el libro de
Isaías. El cautiverio, la vergüenza, la muerte, el horror fue la consecuencia
del castigo divino sobre un pueblo altivo, idólatra, infiel, y la mano de Dios
se dejó sentir sobre ellos. Esta manera de obrar de Dios tampoco es muy popular
en el día de hoy donde se glorifica “el Dios de amor” y esto no es un incentivo
al legalismo que domina a la mayoría de las iglesias ni tampoco es un empuje a
una actitud de juicio entre las iglesias, que ya tenemos mucho de aquello, si no
es el reconocimiento bíblico que Dios, en su sola soberanía muchas veces decide
actuar de manera punitiva con los que ama, y esta última palabra cambia el
contexto de la posibilidad que examinamos. Si el que castiga no es Dios, se
puede esperar lo peor de este castigador, porque la maldad del hombre no tiene
límites y de ello la historia de la humanidad está repleta, ayer y hoy. El rey
David lo entendió muy bien cuando Dios le dio a elegir el castigo por la falta cometida al censar el
pueblo. David escogió ser castigado por Dios y no por el hombre y es que si
sufrimos bajo la mano de Dios, sufrimos bajo la mano de un Dios que ama. Así
que tenemos esperanza, hay un fin, un sentido. Y la razón es que el castigo
divino obra con misericordia, desde la gracia, la santidad, la fidelidad, la
bondad y todo ese proceso aunque doloroso por demás produce en nosotros una
transformación. El quebrantamiento, si nos rendimos, deja emanar de nosotros el
aroma de Cristo, el aroma de vida. El quebranto rendido se lleva el aroma del
orgullo, de la arrogancia, de la auto suficiencia y forma en nosotros a Cristo,
nuestra esperanza. Este sufrimiento bajo la mano de Dios nos acerca a él quien
es la única fuente de sanidad y restauración ¡qué glorioso misterio que el Dios
que hiere es a su vez el Dios que sana! El corazón que entiende esto se
arrodilla y adora en silencio, esperando la misericordia de Dios. El corazón
que no entiende camina erguido y herido, desilusionado y enojado con Dios.
Una última enseñanza de este pasaje es que el sufrimiento no
es eterno, tiene un final. La ceniza se cambiará en resplandor, el luto en
aceite de gozo y el espíritu angustiado se cambiará por un manto de alegría.
Esa es la promesa de Dios y esa es la práctica de Dios. Para muchas personas el
sufrimiento suele ser un período largo, de meses y hasta años. Una larga
enfermedad, el duelo por una pérdida, períodos de sequedad espiritual, de
agonía emocional, de confusión. Largos períodos donde la persona camina en
oscuridad, a tientas y se hace muy difícil vivir. Pero si no desmayamos, si
pedimos a Dios las fuerzas para vivir un día a la vez y mantenemos la confianza
en un Dios que todo lo controla, la larga noche se irá y el sol saldrá otra vez
y las tinieblas serán luz, la tristeza gozo y la duda convicción. Dios cumplirá
su propósito en nosotros y nuestra vida, en medio de las cicatrices mostrará la
gracia, el perdón y el carácter de Cristo, su gloria brillando en vasos de
barro y como Job declararemos “yo hablaba lo que no entendía”.
También debemos entender que muchas veces la restauración no
será en esta tierra. Que tendremos que esperar cruzar el río de la muerte para
recién disfrutar de la alegría plena. Esta fue la experiencia de cristianos
como Jhon Bunyan, David Brainer o Amy carmichael, solo poro nombrar algunos.
Fueron cristianos preciosos usados por Dios hasta el día de hoy, y que a pesar
que algunos de ellos vivieron cientos de años atrás su vida de sufrimiento
sigue sonando como una melodía suave pero potente que nos recuerda que las
cenizxas pueden ser usadas por Dios para su propia gloria. Esta es la
experiencia también de muchísimos cristianos perseguidos en el día de hoy en
diferentes partes del mundo. Hombres y mujeres que bajo el sufrimiento han
entendido que su liberación no será aquí sino en el cielo y viven cada día como
si fuera el último en la tierra y el primero con Dios. Son hombres y mujeres
que tienen en poco esta vida porque están mirando el gozo eterno, donde el
espíritu angustiado se cambiará por manto de alegría, manto que les será
entregado por el Padre mismo, Jesús nuestra alegría eterna.
sábado, 21 de febrero de 2015
Extracto de la Introducción de mi libro "Tengo un hijo en el cielo. La experiencia de ver partir un hijo"
Los medios de comunicación nos presentan
las vidas de muchas personas, que aunque muy distantes a nosotros, las sentimos
como cercanas. Entre ellos se incluyen actrices, escritores, deportistas,
políticos. La gran mayoría es presentada como gente de éxito, con mucho dinero
y glamour, sin embargo hay aspectos de sus vidas que permanecen desconocidas o
poco conocidas para el común de las personas y son esos aspectos los que los
hace personas comunes y corrientes, la humanidad de estas personas que casi
parecen divinas está en los que no se cuenta y eso nos vuelve iguales.
y glamour, sin embargo hay aspectos de sus vidas que permanecen desconocidas o
poco conocidas para el común de las personas y son esos aspectos los que los
hace personas comunes y corrientes, la humanidad de estas personas que casi
parecen divinas está en los que no se cuenta y eso nos vuelve iguales.
Qué tienen en común las
siguientes personas
Sylvester Stallone, Gérard Depardie, Paul Newman, John Travolta, Kirk Douglas, Marlon Brando, Eric Clapton, Lily Alen, Mías Farrow, O J Simpson, Myke Tyson, Sigmund Freud, Melany Klein, Marco Antonio Solís y otras muchas personas públicas a quienes conocemos a través de los medios de comunicación. Hay algo que los une aunque ellos no se conozcan personalmente.
Sylvester Stallone, Gérard Depardie, Paul Newman, John Travolta, Kirk Douglas, Marlon Brando, Eric Clapton, Lily Alen, Mías Farrow, O J Simpson, Myke Tyson, Sigmund Freud, Melany Klein, Marco Antonio Solís y otras muchas personas públicas a quienes conocemos a través de los medios de comunicación. Hay algo que los une aunque ellos no se conozcan personalmente.
También
podemos preguntarnos qué tienen en común estas otras personas, chilenas, como
nosotros.
Danaiela Campos, Susana Rocatagliata, Christian Warnken, Pedro Carcuro, Maricela Santibañez, Alejandro Jodorowsky, Benjamín Vicuña, Coco Legrand y muchas otras personas más, no conocidas, pero muy reales como tú y yo.
Danaiela Campos, Susana Rocatagliata, Christian Warnken, Pedro Carcuro, Maricela Santibañez, Alejandro Jodorowsky, Benjamín Vicuña, Coco Legrand y muchas otras personas más, no conocidas, pero muy reales como tú y yo.
La
respuesta es que todos han pasado por la experiencia de haber visto partir un
hijo. Algunos de ellos los vieron partir antes que estos nacieran, otros se
fueron siendo pequeños, en un accidente, de muerte súbita, por una enfermedad, muchos
vieron partir sus hijos cuando estos eran adolescentes y otro grupo cuando sus
hijos eran adultos. No importa la edad de los hijos, su partida siempre deja
una huella indeleble en la vida de los padres, de los hermanos y del resto de
la familia.
Qué difícil es para cualquier persona, hombre o mujer enfrentar la muerte de un hijo. Es una experiencia devastadora, que arrasa con las defensas emocionales aun de los más fuertes.
Qué difícil es para cualquier persona, hombre o mujer enfrentar la muerte de un hijo. Es una experiencia devastadora, que arrasa con las defensas emocionales aun de los más fuertes.
Hay
muchos artículos y libros sobre el tema y en diferentes medios cada cierto
tiempo se habla de ello, cuando alguna persona conocida pasa por esta
situación. Sin embargo escuchar personalmente los testimonios de padres que han
pasado por esta situación es mucho más duro, y vivirlo personalmente es
desgarrador y no tiene parangón con otra experiencia que no sea tal vez la
muerte de otro ser muy querido.
Prácticamente
todos los testimonios dicen que la muerte de un hijo deja un dolor y un vacío con
el que se ha de vivir toda la vida. Esto es cierto, no obstante hay caminos que
los padres pueden tomar para sanar de esa profunda herida. Caso contrario a estas
personas les costará mucho volver a re estructurarse y seguir con su vida. Es
ya un lugar común la expresión “ese es un dolor que dura toda vida” y es verdad,
pero no se debe usar como una especie de excusa para pasarse la vida sufriendo.
La partida de un hijo es muy fuerte, pero en vida quedan otras personas importantes,
cónyuges, hijos, padres, hermanos quienes no tienen responsabilidad en la
partida del hijo o la hija y no se merecen vivir con una persona que se quedó
atrapada en el pasado y que no se esfuerza por seguir adelante y vive como si
ellos no existieran. Para ellos tal vez eso es morir en vida. Recuerdo a una
persona, una niña casi adolescente todavía que había visto partir a su hermana
un poco mayor que ella, un día, en una conversación muy íntima me narró que su
madre en pleno período de dolor había dicho “se murió mi mejor hija” ¿Se puede
dimensionar el impacto emocional y la herida que esas palabras provocaron en
ella y sus hermanos? La partida de un hijo es desgarrador, pero se debe elegir
sin otra opción, la de continuar viviendo y ser feliz, volver a amar y reír con
el mismo entusiasmo de antes. Este libro pretende ser una ayuda para conseguir
eso.
Veamos
a continuación algunos testimonios de padres que han visto partir un hijo o una
hija. Leamos con un espíritu reflexivo, intentando separar las palabras y el
mensaje de fondo que ellos nos entregan. Leamos con un espíritu empático y
comprensivo, sin emitir juicios ni opiniones. Algunos testimonios son
verdaderamente dolorosos y otros muy esperanzadores.
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