viernes, 31 de agosto de 2012

El almendro de mi patio


El almendro de mi patio
                                                         Juan E. Barrera
Hubo un tiempo en mi casa de niño en que cada día de primavera nevaba. Nos levantábamos con mi hermana y por las mañanas veíamos el suelo cubierto de copitos pequeños, blancos, o rosáceos, frágiles, breves y aromáticos. Sí aromáticos porque no eran copos de agua nieve si no que eran las flores blancas del almendro de nuestra casa. Era un árbol gigante, inmenso. Mucho más alto que el techo de nuestra casa, aquel techo que para nosotros era un misterio ¿Qué habría allá arriba? Era un árbol enorme, chueco, despeinado por el viento y que extendía sus largos brazos sobre nosotros y nos tocaba y abrazaba y al mismo tiempo se dejaba acariciar y despojar pasivamente por nosotros, que devorábamos ávidamente sus pequeñas crías, nuestras más queridas golosinas. Mudo y tranquilo nos vio nacer y crecer y el tiempo pasó por su cuerpo sin que lo notara o le afectara. A sus pies nos revolcábamos, nos columpiábamos y coleccionábamos sus hojas angostas y alargadas, verdes, cafés o amarillas. Hacíamos marcas en su tronco y él, cosquilloso se reía a carcajadas y dejaba caer sus productos pequeños y deliciosos, los que con una piedra rompíamos y comíamos a destajo o almacenábamos enteros en un tarro de nescafé y contábamos las almendras una y otra vez como un gran tesoro. Muchas veces también se dejó apedrear por nosotros con tal de conseguir sus frutos. Lanzábamos la piedra a lo alto de sus ramas y arrancábamos para que no nos cayera encima y nos alegrábamos si este era un buen tiro. Acto seguido volvíamos y el suelo plagado de pequeñas estrellas verdosas y ovoides alimentaban nuestra codicia y llenaban nuestros tarros.
Mi almendro también nos vio reír y llorar. Enojarnos y desenojarnos, huir y escondernos después de alguna travesura. Estaba en nuestro patio desde antes que naciéramos, él llegó primero que nosotros y permaneció allí por muchos años después que nos marchamos. En las tardes estivales solíamos oírlo dialogar con el ciruelo o con la higuera, sus compañeros y cuando había viento hasta los veíamos acariciarse y retozarse mutuamente a la vista de abejas sedientas y envidiosas de esa amistad y muestras de cariño.
Recuerdo su piel áspera tocando mis piernas de niño desnudas. Piel de color café y arrugada como la de un viejo querido y respetado. Lo miraba con deferencia cada mañana y a su sombra verde y fresca en verano inventé muchas cosas. Sentado en el suelo, sobre restos de su cabello amarillento en otoño, y bajo su atenta mirada salieron de mis manos y de mi alma de niño, un botellófono sacado de una revista de historietas, volantines, baterías musicales conformadas de ollas viejas (y algunas nuevas de mi mamá) autos y camiones de madera, pelotas de cuero pintadas y chorreadas a mano y un sinfín de cosas de niño. Mi almendro se inclinaba y miraba todo aquello sonriendo suavemente y a veces el muy travieso dejaba caer una almendra sobre mi cabeza, para regocijo de ambos.
Pero no solo yo amaba nuestro almendro. Los gorriones y los zorzales lo adoraban. Cada mañana y cada atardecer venían a juntarse con él y la algarabía que se oía indicaba que lo pasaban muy bien, eran pajaritos de todos portes y variados tonos. Los gorriones se cobijaban entre su seno, y él generoso los abrazaba a todos. Incluso algunos pasaban la noche con él y eran estos los que lo saludaban temprano al nacer el día con alguna nueva canción.
Un día de mi niñez, con el aroma de sus copos dulces y tibios entrando en mi nariz, miré hacia arriba y lleno de admiración, vi como se movía de un lado a otro y como sus descomunales brazos levantados al cielo se agitaban al viento. La clara luz del día, el ruido que hacían sus hojas, el olor a tierra y miel y mi curiosidad fueron más que suficientes. No resistí ese espectáculo y sin demorarme ni saber cómo me encaramé en mi almendro. Agarrado a sus ramas y troncos pequeños, poco a poco fui subiendo por lo que en aquel entonces me parecía un largo y principal tronco. Me raspé varias veces los brazos y los codos y una que otra vez, el almendro, jugando conmigo me golpeaba la cara o me pinchaba la espalda o el trasero y se hacía el indiferente. Con un poco de miedo llegué hasta lo más alto que se podía y mi corazón de chiquillo quedó embriagado por el perfume que mi almendro expedía a esa altura. Era un aroma suave y acaramelado, deleitoso, que hasta el día de hoy recuerdo. Desde la rama más alta se veía todo. Se veía el techo de mi casa, el misterio fue develado. Era un techo viejo y parchado, con ladrillos y piedras, con pelotas de plástico desteñidas por el sol y el tiempo. Pero se veían también los techos de las otras casas, ¡qué descubrimiento! Algunos eran tan feos y divertidos como el mío. Otros eran elegantes, lisos, pintados, se veían hermosos, simétricos. La vida se veía diferente desde mi almendro. Veía los vehículos pasar por las calles aledañas, veía a las personas caminando en las veredas, podía ver la copa de otros árboles, agudizaba mi mirada intentando observar lo más lejos posible, pero de lo que nunca me olvidé es del viento. La sensación que este provocaba sobre mi cara, ¡Qué alegría! ¡Qué libertad! me puse a cantar y a gritar de gozo. ¡Mi corazón de niño rebozaba de vida subido en aquel árbol!Desde aquella vez mi almendro pasó a formar parte habitual de mis aventuras de niño. Me subía, de memoria, trepando por su tronco rugoso y tosco y allá arriba, en lo más alto ya no era yo. Algunas veces era un pirata navegando contra el viento y surcando mares desconocidos. Despeinado y muy agarrado a alguna de sus ramas, el palo mayor, para no caer al agua. Yo era también un capitán que avanzaba penosamente sobre las aguas y sacudiendo violentamente sus ramas simulaba las olas que querían hacer naufragar mi embarcación. Cada pájaro que volaba cerca de mi cabeza era una gaviota que me anunciaba que estaba a salvo, que la costa estaba cerca. Otras veces era el conductor de una locomotora que viajaba por el aire y cada sacudida del viento era el tirón de uno de los vagones. Entonces doblando sus ramas avanzaba a toda máquina para llegar a destino, jalando de un cordel imaginario y haciendo sonar la bocina a muy alto volumen, casi hasta quedar afónico. Mi almendro nunca se quejó de eso. Disfrutaba a rabiar con mis locuras sobre sus ramas. Me miraba serenamente y participaba como el mejor de los cómplices.
En mi almendro se me fue la niñez. La vida y sus compromisos me fueron comiendo y me quitó la fantasía. Largas horas de estudio, de fútbol, de amores adolescentes y de preocupaciones me hicieron olvidar por completo a mi almendro, aunque estoy seguro que él nunca se olvidó de mi, y a pesar de mi indiferencia, cada vez que yo visitaba la casa paterna. Él se inclinaba hasta el suelo, viejo y desmembrado como estaba y me saludaba. Si yo hubiera sido un poco más sensible me habría dado cuenta que me quería abrazar, como antes, como cuando yo era un niño y cada día le robaba algo y el disimulaba y hasta se alegraba de que lo hiciera.
Cuarenta años después, mi madre anunció que iba a matar a mi almendro, que había otras prioridades, que este ya estaba añoso y molestaba. Que había que usar el espacio que él ocupaba. Me resistí a tal situación. Lo miraba en silencio pero él no decía nada. Estaba cabizbajo, sin cabello, sin dientes, desgajado y paralítico. Estaba solo, abandonado y resignado. Tenía sus días contados. Una mañana vi llegar a los verdugos, con sierras y hachas. Venían riendo como si nada. El corazón y las lágrimas me saltaron al unísono y no fui capaz de ver la escena y me fui. Ya no volvería a subirme a mi almendro nunca más, ni los gorriones harían nido entre su cabeza, ni sus copos aromáticos sembrarían más el patio. Esa mañana asesinaron a mi viejo almendro. Se quedó inmóvil, no se defendió, como un anciano resignado se entregó. No volví verlo nunca más y ni siquiera quise ver sus restos. Con su muerte algo de mí también murió.

viernes, 17 de agosto de 2012

El arte de hacerse cargo


El arte de hacerse cargo
                                               Pr y Ps Juan E. Barrera

¿Por qué “el arte de hacerse cargo”? Porque lo que hasta hace un tiempo atrás formaba parte de la formación cultural y valórica de las personas hoy se ha perdido y solo lo manejan algunas personas. Al hablar de hacerse cargo me refiero a esa actitud de asumir la responsabilidad por los actos cometidos, frente a sí mismo y frente a otras personas. Esta sana, poderosa y profunda cualidad moral escasea. Algunos ejemplos de esto lo vemos en los altos ejecutivos de empresas importantes que eluden la responsabilidad penal por sus actos ilícitos. En Chile, las cadenas de farmacias, los supermercados, las multitiendas, los contratos con letra chica, los edificios nuevos que se caen, las estafas legales y muchos otros. En lo judicial, gente que elude su responsabilidad y sigue delinquiendo, y que no siempre forman parte del grupo habitualmente caracterizado como delincuentes, son gente que veranea en el Caribe, que maneja un 4x 4 y tiene matriculado a sus hijos en un colegio caro, pero que roba energía eléctrica o no paga las imposiciones de sus trabajadores. Ni hablar del grupo delictual, del hampa. Todo el mundo tiene la responsabilidad por su fechorías; los padres, el contexto, los profesores, la escuela, el estado, la falta de oportunidades, etc, menos ellos. Es probable que alguno de estos factores influya y en algunos casos mucho, sin embargo todavía la persona mantiene el derecho y el privilegio de hacerse cargo y no lo hace. Es mejor jugar a ser víctima que asumir las responsabilidades personales. Del otro lado están los jueces que no hacen su trabajo, que evitan responsabilidades, que no se “queman” que por hacer carrera dejan de hacer lo que todos esperamos que hagan, pero no se hacen cargo y la puerta giratoria sigue funcionando, gente sensible, que a la menor crítica grita a los cuatro vientos su derecho a independencia, pero que sin embargo en el momento apropiado no siempre usa esa independencia para responsabilizarse.
En la escuela cuando se dan tareas y trabajos, con fortuna un tercio del curso cumple en la fecha que se solicita, nadie más lo hace. Al otro día suele haber un grupo de madres convenciendo al profesor de la imposibilidad de haber cumplido en el plazo con una y mil excusas y solicitando más plazo, para que el niño vuelva a hacer lo mismo la próxima vez. El otro gran grupo, de los que no cumple ni siquiera se toma esa molestia. Alumnos “flojos”, desobedientes, desmotivados, insolentes, de quienes nadie se hace cargo y si alguien lo hace es para ir a amenazar o golpear al profesor por “discriminar a mi hijo” pero no para corregirlo y enseñarle a ser responsable.
Lo mismo ocurre en la universidad, alumnos que no estudian, que viven para “carretear”, que no leen, no piensan ni reflexionan, llenos de tecnología y realities y que al ser confrontados responden con un desvergonzado “para eso estoy pagando” con lo que evita hacerse cargo de su situación o descuido.
La clase política es otro ejemplo, una élite resumida y hermética que no asume ni se hace cargo. Si al menos hicieran una pequeña parte de lo que dicen o prometen las cosas mejorarían sustancialmente en el país. Muchos proyectos de ley duermen por años en el congreso porque nadie se hace cargo, nadie asume la responsabilidad por ello, nadie quiere ser impopular, muchos quieren mantener el puesto y los privilegios. Gente que no se responsabiliza por sus actos, que corre a exceso de velocidad, que declaran fumar mariguana (y tal vez haya otras drogas que no declaran abiertamente), que trafican influencias, que hacen lobyy, que pactan secretamente, que incrementan explosivamente su pecunio, gente a quienes viven “sacando de contexto” son tristes ejemplos de servidores públicos que no se hacen cargo.
En los trabajos sucede lo mismo, habitualmente hay errores que nadie asume. Errores que son propios de cualquier quehacer laboral y que probablemente no tendrían mayores consecuencias, sin embargo nadie asume. Es mejor figurar y ser “chupa medias” que reconocer los errores, es mejor estar bien con el jefe, aunque esto dañe a terceros. Ocurre en los hospitales, donde los errores sí cuestan una vida, en las escuelas, en las construcciones, en las oficinas, etc.
Pero tampoco nos hacemos cargo de nuestros matrimonios. Cuantas parejas se distancian y se quiebran porque uno o ambos cónyuges no se hacen cargo de los errores cometidos. Uno de ellos sigue empecinado en cierto tipo de conducta nociva y no asume su responsabilidad ni reconoce sus defectos hasta que el matrimonio llega a su fin: mal uso del dinero, abuso del alcohol, compras compulsivas, abandono de sus hijos, conducta violenta, prioridad por el trabajo, etc ¿No mejoraría la relación si alguno de los cónyuges se hiciera cargo?, pero es más fácil defenderse que hacerse cargo, es más fácil culpar que asumir la responsabilidad.
Finalmente hay personas, individuos, que no son capaces de hacerse cargo de su propia vida, consumidores de auto ayuda, de las últimas terapias alternativas, seguidores del cura o del pastor para que les diga lo que tienen o no tienen que hacer. Individuos inseguros, indecisos, que no son capaces de asumir la responsabilidad de vivir, de pararse frente a sus circunstancias, de evaluarse y ver el equilibrio entre las cosas positivas y negativas e ir al frente.
Hacerse cargo, reconocer los errores, tomar conciencia de las consecuencias que ellos traen es un antiguo arte que hay que recuperar. Aunque pareciera que un pequeño grano de arena no hace playa, junto a otro y otro y otro grano lo consiguen y será bueno es esfuerzo, por nuestra propia salud emocional y la de la próxima generación.

martes, 14 de agosto de 2012

Superando la vergüenza


SUPERANDO LA VERGÜENZA
                       Pr.y Ps Juan E. Barrera

“y él respondió: oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”
Génesis 3:10

Las dos primeras emociones del hombre caído fueron temor y vergüenza, ambas desconocidas para el hombre antes de su caída. Estaban al alero de Dios y eran los muy amados de Dios ¿De qué tendrían temor? Y vivían en la perfección humana ¿de qué tendrían vergüenza?, pero luego de la tentación y caída el entorno cambió, su mundo interno se vio revolucionado incluyendo sus emociones. Dejemos de lado, por ahora, el temor y centremos la atención en la vergüenza. ¿Qué es la vergüenza? Todos conocemos esta desagradable sensación. Se nos turba el ánimo, no sabemos como reaccionar, actuamos torpemente, se nos enciende el rostro, nos ponemos rojo y el sudor nos corre rápidamente, sin que podamos evitarlo. Esta emoción tiene al menos los siguientes aspectos:
  1. Sentimos vergüenza ante una falta que hemos cometido
  2. Sentimos vergüenza por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena.
  3. Sentimos vergüenza cuando pensamos que nuestra honra ha sido dañada y nos sentimos menoscabados
  4. Sentimos vergüenza ante no poder o no saber ejecutar algo
  5. La vergüenza es sinónimo de deshonra, deshonor.
Como muchas emociones esta es una de aquellas que no nos gusta vivir, pero que de cuando en cuando la vida nos expone: siente vergüenza el niño con los zapatos rotos, siente vergüenza la mujer sin piezas dentales, el hombre pobre, la mujer fea, el trabajador mal pagado, el hijo de un padre alcohólico, el despechado, el rechazado, el padre de un niño con retardo, el adúltero cuando es sorprendido, el mentiroso al ser confrontado, etc. Todos tenemos algo de que avergonzarnos, algo que hicimos o que nos hicieron, algo que debimos hacer y no fuimos capaz de hacer o algo que no hicimos y que todos esperaban que hiciéramos. La vergüenza nos hace sentir menos personas, nos humilla, nos denigra, nos bota. La vergüenza puede dejar marcas dolorosas en el alma que impulsarán cierta conducta, a veces inexplicable en nosotros. Conductas extremas frente a situaciones triviales pero que tienen su origen en aquellas vergüenzas pasadas que no hemos superado.
Este es uno de los aspectos terribles de nuestra humanidad, es como dice la Biblia sentirse desnudo. Dios no agrega nada más a la ya embarazosa condición del hombre tratando de esconderse y no mostrar su desnudez, al contrario, busca una solución, les da túnicas de pieles para que se cubran. Un inocente murió, para cubrir la vergüenza de Adán y Eva, ¡qué símbolo de lo que vendría!
Esta situación se vuelve a repetir cada vez cada vez que nos sentimos avergonzados por algo y la solución a nuestras vergüenzas sigue siendo la misma, Dios, que nos cubre con su manto de gracia y nos dice "no te avergüences yo llevé tu vergüenza en la cruz, yo llevé tu desnudez, tus fallas, tus errores, tus pecados, aquello que eres incapaz de confesar y aun de reconocer". No hay vergüenza que el Señor no cubra y sane, podemos vivir tranquilos, sin aparentar, sin esconder la cara, sin bajar la cabeza, sin bajar la mirada. Podemos recurrir a Dios y su gracia nos volverá a cubrir una y otra vez. El salmista nos recuerda que para no sentir vergüenza otra vez podemos recurrir siempre a la Biblia “ No tendré que pasar vergüenzas cuando considere todos tus mandamientos” (119:6)

Cierta incomodidad


Cierta incomodidad

Pr y Ps Juan E. Barrera
Hace tiempo que vivo con una incomodidad que se ha agigantado en el último tiempo. Una incomodidad que ni bien puedo explicar. Por un lado veo un tipo de vida cristiana tipo fiesta donde se celebra al Señor. Hay abundante música y buena música, una producción audiovisual de primera categoría, aunque muchos cantantes cristianos latinos ya pronuncian la T como “Ti” como los gringos. Se crean grandes eventos y se trae o lleva a algún cantante famoso del mundo evangélico o a algún predicador que promete a todos volverse ricos si “siembran y cosechan”. Se presenta con su mejor traje para convencer que lo que dice es verdad y cuenta un sinfín de anécdotas todas relacionadas al dinero, habla de dólares, autos caros, casa gigantescas y predica con fervor algo que no es el evangelio, que es muchas cosas pero no el evangelio de Jesucristo. ¿Se necesita ser salvo para ser rico? No, la persona se puede hacer rica sin tener a Cristo. Este falso evangelio ofrece aquello de lo cual no se necesita a Cristo.
Todo el mundo salta y baila, aplaude a Dios, alza los brazos y adora, grita, hace sonidos con la boca, canta y se emociona. Y comienza mi incomodidad. Muchas veces me pregunto qué hay de malo en eso. Personalmente me gusta mucho la música y disfruto largas jornadas escuchando cds de variados estilos musicales, sin embargo cuando veo imágenes de este tipo de eventos cristianos musicales masivos hay algo que me desagrada.  Tengo la impresión que siempre que hay cámaras hay algo artificial, que se crea otra realidad, una para la televisión, que algo ocurre cuando se enciende la luz de la cámara y se hace público aquello que es tan privado, la comunión con Dios. Tal vez la incomodidad se deba también al hecho de que se use como sinónimo de la vida cristiana un evento público, a veces ya grabado y editado. Muchas personas se van a sus casas convencidos que han adorado a Dios y dado el alto nivel de las emociones hasta se llegue a confundir todo ese ambiente con la presencia de Dios. Esto hace que muchas personas vayan de evento en evento buscando cada vez más emociones y esta no es la crítica típica del fundamentalista contra las emociones, pues estas tienen y deben tener un lugar apropiado en la vida de las personas. Quien no se emociona y quien no vive las emociones no es una persona sana. La crítica es a la búsqueda de la emoción por la emoción, una emoción sin Dios, sin el fundamento de la preciosa palabra de Dios. En este tipo de vida cristiana no hay sacrificio, no hay renuncia, no hay arrepentimiento.
La otra molestia y creo que la de mayor peso es que cuando uno lee el nuevo testamento completo, una o varias veces descubre que la iglesia no se fundamente ni crece en un ambiente de fiesta, sino que lo hace en medio del sufrimiento. Muchas de las cartas del NT están dirigidas a personas que sufren en diferentes lugares del mundo. La vida cristiana neotestamentaria no refleja un ambiente de fiesta sino de sufrimiento. Jhon Piper, con la profundidad que le caracteriza intentando dar una explicación al por qué del sufrimiento humano, dice que en la forma como el cristiano vive el sufrimiento refleja la gloria de Dios, porque lo vive de una manera distinta. Y es verdad, en el sufrimiento Dios revela su amor, su consuelo, su fidelidad, su Espíritu Santo, la eternidad, la esperanza. El cómo vivamos todas estas revelaciones le dice al mundo la clase de vida que llevamos. Siguiendo el argumento de Piper se puede concluir que la gloria de Dios en el mundo está difusa porque la imagen del cristiano típico de clase media no refleja ningún sufrimiento por Cristo, al contrario es una clase media cada día más parecida a los no creyentes, tecnologizada, endeudada, secularizada. El mundo de hoy no necesita un ambiente de fiesta para revelar a Dios, las superproducciones internacionales de cantantes famosos ya hacen eso y recorren el mundo entero haciendo fiestas, cantando sus canciones y ganando dinero. El mundo de hoy necesita otra cosa. Queremos ignorarlo, pero hay un grupo importante de cristianos en el mundo, que por mantenerse fieles a Cristo, que por ser discípulos de Jesús pagan un alto precio, hasta la muerte. Son hombres y mujeres que tienen puesta su mira en el más allá, que consideran en poco su vidas con tal de ser fieles. Ellos no viven de fiesta cristiana en fiesta cristiana. Son hombres y mujeres que sufren y para quienes la vida cristiana requiere el todo, no solo una parte de ellos. Saquemos la mirada de occidente y aprendamos como viven la verdadera vida cristiana en otras latitudes, sin cámara, sin luces, sin ruido, sin gritos de júbilo, pero con el corazón radiante de felicidad, llenos de gracia de poder y de eternidad.

miércoles, 1 de agosto de 2012

La cultura flaite


La cultura Flaite.
                                                                        Ps. Juan E. Barrera

No hay que hacer un gran esfuerzo para descubrir que lo flaite se ha tomado gran parte del entorno. Por “flaite” nos estamos refiriendo a esa cultura que exalta lo marginal y que se ha hecho tan común, más que una moda. La vestimenta, la música, el lenguaje, los gestos, los tatuajes, el modo de ser vulgar se ha tomado los espacios públicos. Resulta común ver grupos de adolescentes con el pantalón a medio caer, grandes polerones tipo raperos norteamericanos y las ya clásicas zapatillas de basquetbol haciendo gestos extraños con sus manos y hablando una jerga que muy pocos pueden entender. ¿Se trata solo de otra moda adolescente más o hay algo de fondo? Al parecer las modas habitualmente traen algo bajo la manga, no son casuales. La cultura flaite ha encontrado refugio en discursos sobre la no discriminación, el respeto a la diversidad, de la marginalidad como expresión artística y otros temas y ha llegado a diferentes medios. Al cine, a la música, a la literatura, a la publicidad y a la televisión que es su vehículo de propagación por excelencia a través de programas, entrevistas, y video clips de un sin número de grupos que se mueven al límite de la delincuencia, incluso muchos de ellos delinquen abiertamente y pertenecen a pandillas. Esto se refleja en la letra de las canciones que hablan de sexo, drogas, suicidios, homicidios, abandono, venganza, depresión. Lo flaite abandonó hace tiempo el mundo del rap o del hip hop y se ha internalizado en otras áreas, incluso ha penetrado en las iglesias cambiando el modo de vivir de muchos jóvenes que nunca han conocido la marginalidad y hacen suyo un discurso que no es propio. Hay muchas explicaciones para este fenómeno, principalmente sociológicas: marginalidad, transgresión, desesperanza, protesta, descontento, etc. Es probable que todas tengan algo de razón, no obstante quiero llamar la atención en un punto de este fenómeno. La pérdida de la belleza. Lo flaite pierde o esconde la belleza. Cada cultura se esmera por mostrar lo bello de sí. Un ejemplo de esto fue la presentación de los Juegos Olímpicos en Londres donde los organizadores, en poco tiempo hicieron un repaso de lo más bello de su cultura, terminando con Paul Maccartney y su música como broche de oro. La cultura flaite en cambio es el reemplazo de lo bello por lo grotesco. De lo estético por lo voluptuoso. De lo fino por lo tosco. De la creatividad por la repetición y la monotonía. De la armonía por el carnaval. De la valorización por la cosificación. De la sencillez por la ostentación. Finalmente lo flaite es el reemplazo del amor por la sensualidad, por la urgencia. Todo esto, por contradictorio que parezca, se combina o se conjuga en un estilo de vida donde ser flaite es motivo de orgullo, ¿será resignación? ¿Será falta de motivación? Lo cierto es que los modelos flaites mediáticos ganan mucho dinero explotando este orgullo. Tienen un mercado cautivo que los sigue y copia cada gesto que hacen, cada palabra que dicen y van repitiendo sus canciones como una letanía. Egos pequeños que se creen grandes, transgresores, pero que son frágiles e influenciables. ¿Cómo llegamos a este punto? Es el abandono de Dios que trae importantes consecuencias sociales. En Dios está la belleza, la hermosura, la perfección. Cuando nos olvidamos de Él no nos queda más que la deformidad, que la fealdad disfrazada de música o de moda. Volvamos a Dios y recordemos las palabras del Salmista  "Una cosa he demandado y esta buscaré, que esté yo  en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová"

domingo, 22 de julio de 2012

Los efectos psicológicos de la caída



Efectos psicológicos de la caída
                                                                                                                                Ps. Juan E. Barrera
Introducción.
Hablar de los efectos psicológicos de la caída es introducirse en un tema complicado porque refiere a paradigmas totalmente separados y totalmente opuestos.
El paradigma teológico o religioso fue quien guió el mundo occidental hasta el período del Renacimiento alcanzando su máximo esplendor en el período de la Edad Media y la Escolástica, y que aún hoy es válido para un número importante de personas en el mundo incluyendo gente de los más variados orígenes y quehaceres. Este paradigma coloca a Dios en el centro de todas las cosas y lo reconoce como el creador y sustentador de todo.
Por otro lado el aspecto psicológico adhiere a un paradigma científico, vigente de manera especial en el mundo académico mundial. Este paradigma se caracteriza por ser naturalista y racionalista, preocupado solamente de aquello que es medible y cuantificable.
Las diferencias entre estos paradigmas tiene importantes consecuencias en la antropología, por ejemplo, en el origen del hombre, su naturaleza, su modo de relacionarse, la epistemología y la ética, solo por citar algunos campos que son los de nuestro interés en el texto presente.
Frente a este dilema el protestantismo ha tomado varios caminos:
1. El que algunos llaman de la integración, ejemplo de esto es el Teísmo Bíblico de inicios del siglo XX que busca un acomodo entre ambas maneras de ver la vida.
2. La postura fundamentalista que rechaza todo lo que se relaciona con lo científico y de manera especial con las ciencias sociales y expresan un rechazo abierto por la sociología, la psicología, la antropología y otros.
3. Un tercer grupo que lucha por trabajar en el medio académico manteniendo un equilibrio entre ambos paradigmas y que se identifica con la postura reformada que busca el señorío de Cristo en todas las áreas de la cultura.
Hechos estos prolegómenos veamos el texto bíblico.
Génesis 3 fue escrito alrededor de 1446-1406 a.C. y dice:
3:6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.
3:7 Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.
3:8 Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.
3:9 Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?
3:10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.
3:11 Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?
3:12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.
3:13 Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.
3:14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.
3:15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
3:16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.
3:17 Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.
3:18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.
3:19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.
3:20 Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes.
3:21 Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.
3:22 Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.
3:23 Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado.
3:24 Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.


CONSECUENCIAS
I. Consecuencias psico espirituales
Con este concepto se quiere expresar que la caída produjo consecuencias espirituales que a su vez influyen en la conducta humana
1. Enajenación. Enajenación es una palabra usada en psicología y quiere decir “extrañamiento”. En psicopatología se aplica a los enfermos graves que pierden sus capacidades básicas, también quiere decir “cambiar de dominio”. En este caso, es una enajenación de Dios, el hombre cae en pecado y se aliena de Dios, pierde el dominio de Dios y se vuelve extraño en sí mismo. No sabe ya quien es.
Esta consecuencia es posible notarla en dos situaciones:
a. En la pérdida del sentido que experimenta mucha gente. Esta falta de sentido crea conductas muchas veces incomprensibles y disfrazan una búsqueda espiritual con la búsqueda de adrenalina (lo biológico). Conductas de riesgo como los deportes extremos, promiscuidad sexual, el lujo, la sensualidad, la violencia.
El dr.Víktor Frank, creador de la logoterapia dice en su teoría psicológica que el hombre no es impulsado por lo sexual, sino que por “pulsiones espirituales”, lo que los cristianos interpretamos como la huella de Dios en el hombre caído.
El vacío existencial. Es la expresión dolorosa de este sin sentido que se tapa con mucho ruido: música estridente, estadios repletos, iphone, y la “patológica” necesidad de estar siempre comunicado, conectado. Se recurre a todo tipo de trucos para no estar a solas, para no oírse.
Estas situaciones se han expresado a lo largo de la historia del hombre, no es algo moderno, aunque hoy al parecer se ve más acentuado. Las guerras, los holocaustos, los suicidios, las ansias de poder, el amor al dinero, la pornografía y aspectos al parecer contradictorios como el arte. Ver por ejemplo el art pop de Warhol, o el teatro del absurdo.
b. El sentimiento de horfandad. El hombre moderno, quizá más que nunca en la historia muestra estos síntomas de horfandad psicológica: sensación de abandono, de rechazo, de miedo, de soledad, de impotencia, de tristeza. Se puede ver, por ejemplo en el aumento de los trastornos del ánimo, en los ataques de pánico, en el aumento de patologías psiquiátricas, la necesidad profunda de ser amado, de ser abrazado, en el aumento de las terapias alternativas de corte existencialista o el auge de las prácticas esotéricas, etc. Las personas que presentan de manera más clara estos síntomas son aquellos, por ejemplo que se involucran en sectas o movimientos herméticos.

2. La pérdida de la integridad o de la completud. El hombre fue creado por Dios como un todo, como un ser integral donde lo físico, lo psicológico, lo social y lo espiritual se conjugaba a la perfección en un correcto equilibrio.
La caída rompe este equilibrio perfecto y lo espiritual se quiebra, lo que trae consecuencias fundamentales, deja al hombre sin este vínculo con Dios, con lo sagrado, con lo sobrenatural. Esto traerá importantes cambios morales, emocionales y conductuales.
Uno de las principales consecuencias en el rompimiento de este vínculo es el origen de la religión, si lo tomamos en su origen latino “re-ligare”, da origen de manera incansable a la búsqueda de Dios por parte del hombre y como consecuencia de la confusión espiritual en que se encuentra confunde al Creador con sus criaturas y le rinde culto a las últimas. No es casualidad que la religión ocupe un lugar importante en cada civilización y tampoco lo es el hecho que Dios siempre ha hablado a la humanidad. Dios siempre ha tomado la iniciativa para acercar la brecha creada en la caída, por tal razón desde un inicio (Gn.3:15) ideó la venida de un puente, un “pontífice”.
En el plano de lo moral Dios dejará de ser quien dicte lo bueno y lo malo y ahora será el hombre quien lo decida. El hombre perderá su principal referente ético: “Ya se ha declarado lo que es bueno, ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: practicar la justicia, amar la misericordia y humillarte ante tu Dios” Miq.6:8. Si Dios no dicta lo bueno o lo malo, entonces es el hombre quien lo haga “…he aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal”. Este es el germen del humanismo, ante la pérdida de la dimensión divina el aspecto racional asume la prioridad, dicta su propias normas y se independiza de Dios.
En lo psicológico esta incompletud se refleja en ese estado mental y espiritual que años después el Señor Jesús llamaría de “sed” en Juan 7. Esta sed es un impulso a la búsqueda de algo que muchas veces la persona no puede identificar. Blas Pascal el filósofo francés escribió: "En el corazón de todo hombre existe un vacío que tiene la forma de Dios. Este vacío no puede ser llenado por ninguna cosa creada. Él puede ser llenado unicamente por Dios, hecho conocido mediante Cristo Jesús". En el rompecabezas humano falta una pieza, la divina, cuando esta es puesta, por obra del mismo Dios, el hombre vuelve a estar completo, su estado original.
Agustín de Hipona escribe en las Confesiones:"Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en tí" y el precioso Hijo de Dios escribió "Vengan a mi los cansados porque yo os haré descansar"

II. Consecuencias psico-individuales
1. Le percepción de desnudez. Este hecho puede tener varios significados psicológicos;
a. El origen de la pérdida del equilibrio entre espíritu-cuerpo. Este equilibrio original de lo corpóreo y lo espiritual se rompe y el hombre percibe su cuerpo como algo que hay que proteger, ocultar de otros. El cuerpo pierde la santidad y hay que esconderlo de la mirada del creador, el cuerpo se vuelve pecaminoso. La santidad perdida se recupera en la santidad del matrimonio donde el cuerpo y la desnudez son una legítima fuente de placer mutuo.
b. El origen de la intimidad. La caída le muestra al hombre que a partir de ese momento hay “algo” que él debe guardar, que le es muy propio y que no debe ser expuesto a otros. Bonhoeffer se refiere a este aspecto diciendo que el hombre no debe estar “abierto” a todo el mundo, que en nombre de la sinceridad y la verdad no se puede revelar todo, sino que hay límites. Bueno estos límites nacieron cuando el hombre se percibe desnudo.
c. El corte con la sana sexualidad. Lo que antes era santo, libre, puro, después de la caída se debe esconder, cubrir y es Dios mismo quien lo hace. Aquí hay un quiebre que será una puerta de entrada importante a la maldad y depravación humana, pero sin embargo también lo será para a gracia divina restauradora. Todas las listas de pecados, de conducta errada en la Biblia comienzan o incluyen los pecados sexuales.
2. El miedo. De acuerdo al texto la primera reacción post caída fue el temor. Al verse desnudos el hombre siente miedo. Temor es una emoción que funciona como una protección frente a un peligro real o imaginario. Al parecer esta era una emoción desconocida hasta el momento de la caída. Las palabras del hombre “Tuve miedo” indica un cambio importante en la conducta humana. ¿Miedo de que sintió el hombre? ¿Miedo de Dios, del castigo? El miedo o temor es una emoción fuerte, que puede ser fuente de patologías severas y tiene su origen en este evento.
3. Esconderse. Esta es una conducta muy típica. Frente a una situación estresante, inesperada las personas tienden a esconderse. Esta conducta toma varios caminos; esconderse detrás de la mentira, de la apariencia. Lo que algunos escritores llaman “máscaras”. Frente a lo desconocido frente a la vida muchas personas optan por usar máscaras. Estas máscaras pueden ser de todo tipo. Un rol que se convierte en la vida misma, una profesión que llega a dar sentido a la vida o lo más básico que consiste en llevar vidas dobles, con una apariencia muy acorde a lo esperado, pero en el interior viviendo una vida totalmente diferente. Lo que se conoce como “vivir de apariencias”.
4. La culpa. Esta es la primera referencia a la culpa, aunque no se le menciona explícitamente, vemos al hombre culpando a su mujer y a esta culpando a la serpiente.
A partir de este acto histórico la culpa se haría presente en la raza humana. La culpa se define como la “experiencia dolorosa que deriva de la sensación más o menos consciente de haber transgredido las normas éticas personales o sociales”. Esta sensación de transgresión se transferirá luego de la caída a todo el quehacer humano. En Occidente se “culpa de la culpa” al cristianismo, confundido con Catolicismo Romano y a la era victoriana, en Inglaterra, en lo relacionado a la sexualidad y es probable que en algún momento de la historia se haya sobre enfatizado más la culpa que la gracia. La culpa se vive hoy en distintas áreas: el placer sexual, de la comida, del ocio, del trabajo, etc. N También se vive dentro del protestantismo en aquellos grupos marcadamente legalistas con sus innumerables listas de lo que se puede hacer y de lo que no se puede hacer.

III. Las consecuencias psicosociales

1. Pérdida de la relación con el otro. Cuando el hombre culpa a la mujer, en realidad está estableciendo una brecha en el modo de relacionarse. La manera libre y despreocupada de vincularse, ilustrada en la desnudez corporal se pierde y la relación se funda sobre otros cimientos.
Goleman (1995) escribió un libro que ya es un clásico La inteligencia emocional. Para este autor los problemas del relacionamiento tienen que ver con dos aspectos, La inteligencia Personal que incluye la conciencia de uno mismo, la auto regulación y la automotivación y el otros aspecto es la Inteligencia Interpersonal que implica la empatía y las habilidades sociales. Cuando se analiza o se estudia un poco más en profundidad esta teoría es muy difícil no vincular sus principios con aquellas aptitudes perdidas en la caída del hombre. La teoría habla de conocerse a sí mismo, de hacerse responsable, de respetar al otro, de ponerse en el lugar del otro, de establecer límites, de juzgarse a si mismo en forma realista, etc. Todas estas aptitudes eran las naturales antes de la caída del hombre en pecado y se perdieron cuando el hombre se reveló de su creador y de su prójimo. Hoy la manera más habitual de relacionarse es desde el egoísmo, la codicia, el temor, la culpa, los intereses propios, el engaño. Hubo sin duda un cambio en las relaciones psico sociales.

Conclusión.
Puede que para muchos hoy los paradigmas mencionados, teológico y científicos no se puedan conjugar jamás, pero los hombres y mujeres creyentes están en ventaja, su mirada de mundo es completa. Pueden mirar el mundo natural y aceptar muchas de sus leyes, pero también pueden levantar la cabeza a un mundo sobrenatural que se enlaza con el presente mundo y explica muchas cosas que de otro modo querían sin explicación alguna.
El hombre no creyente sigue siendo incompleto, porque cuando él mira este mundo natural y no encuentra respuestas, no es capaz de mirar ese otro mundo, el sobre natural y buscar allí las posibles respuestas y no tiene la mirada completa, solo una parte.
Muchos pueden cuestionar la veracidad histórica de la caída y otros tantos la pueden ridiculizar, no obstante la historia es el mejor registro empírico de que la perversión humana es real. El humanista optimista va a seguir esperando el tiempo en que el progreso y la razón humana creen un mundo mejor, pero ese tiempo no llegará. La historia humana seguirá el curso trazado por Dios, su Creador.

miércoles, 11 de julio de 2012

Resolviendo conflictos


Las parejas que se aman más son las que saben resolver sus conflictos


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