viernes, 6 de diciembre de 2013

El niño rey

El Niño Rey
       
Ps Juan E. Barrera     

Cada vez son mayores las quejas que provienen del ámbito educacional y que guardan relación con la conducta de los niños. Los profesores suelen lamentarse ante los padres “su hijo no puede quedarse quieto”, “Su hijo no obedece ni respeta las normas”, “Su hijo desea hacer lo que él quiere”, etc. Los padres muchas veces no alcanzan a escuchar nada más porque comienzan a defender al niño rey. La mala conducta de los niños es multicausal y el abuso infantil transita desde el abandono hasta la sobre protección y es esta última causa la generadora de grandes estragos en la conducta y en la vida emocional de los niños. Chiquillos que hacen pataletas, estudiantes que no cumplen sus tareas y no tienen responsabilidad alguna son respaldados muchas veces por unos padres sobre protectores. ¿Qué hacer? Es difícil porque en la sobre protección se entretejen experiencias personales traumáticas de los padres, temores, emociones negativas muy fuertes, falta de límites y la negación como defensa psicológica, entre otras situaciones. Muchas veces es necesario un tiempo de terapia en la que se trabajará básicamente varios aspectos: -los temores de los padres - la cultura familiar a la base de la sobre protección. -Otro aspecto a trabajar en la terapia consiste en sacar al niño del centro de la familia y reubicarlo en el lugar que le corresponde, el de hijo, el de hermano, el de nieto, no el de amigo, ni el de consejero o de tirano o rey. El “niño rey” debe dejar de ser rey sin perder con ello el amor y la preocupación paterna. Muchas veces el “niño rey” es el que verdaderamente manda en la casa. Los padres le consultan todo, ¡y obedecen! Por culpa, por remordimientos, por una ley de compensación, etc. Finalmente, se deberían trabajar de manera especial las fronteras y límites familiares. Poner límites es preparar al niño hasta cuando sea un adulto. Poner límites es ordenar el hogar, establecer roles, responsabilidades, horarios, un sistema de disciplina, de esfuerzo, de perseverancia. El autor de los proverbios escribió hace casi mil años antes de Cristo: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (22:6) ¡Cuánta vigencia tienen estas palabras hoy para nosotros!

lunes, 25 de noviembre de 2013

El olvido está hecho de recuerdos

El olvido está hecho de recuerdos
                                                                               Juan E. Barrera

El olvido está hecho de recuerdos ha dicho alguien y esas palabras se aplican muy bien a ti, Joaquín, que hoy 25 de noviembre cumplirías 14 años y que hace casi cinco que te marchaste. Recuerdo esa mañana que junto con tu hermano te fuimos a buscar, estabas durmiendo y ni siquiera nos tomaste en cuenta. Te abrazamos y te besamos y te dimos la bienvenida al hogar. Te recuerdo con un chupete en la boca, con tu jardinera favorita, con tu ropa del kínder, con un lápiz en la boca dibujando, de piernas cruzadas escuchando a la Shakira, haciendo “el tiburón” en la piscina, peleando con tu hermano, gritando feliz, cantando a toda boca las canciones de Marco Antonio Solis, hoy lo escucho y me acuerdo de ti.
En este tiempo han sido miles las imágenes que han pasado por mi mente y mi corazón desde ese día triste que sin decirme chao papá te fuiste de esta tierra. Cinco años sin ti es muy poco tiempo para olvidarte y cada uno de estos días han estado llenos de ti, repletos de ti  y de tus cosas. No puedo dejar de verte en un niño en el supermercado, en un alumno en la escuela, en la sonrisa feliz de un niño que pasa a mi lado, en un niño gordito y alegre que conozco, en tu perfume, en tus polerones, en tus chalas, en tus juguetes, en tu música, en un niño que se llame Joaquín. 
Eres mi gato cósmico, mi Doreamon que partió muy pronto a conocer las galaxias acerca de las cuales escribiste un día, sin embargo estás, podrías meter tu mano en el bolsillo mágico y aparecer aquí para alegrarnos, a mi, a tu madre y a tu hermano que te extraña. Estás en nuestra casa, tu casa, en las paredes que rayaste, en la cajonera en que garabateaste Juan y Lupe y en tu pieza, en tu patio, en la casa de tu abuela, estás en las canciones, en un gesto, en tus revistas, en tu perro, en tu loro, en los pajaritos que cantan cada mañana antes del amanecer en el árbol del vecino, en tus amigos, en la flor de maravilla que hay en el jardín, en el remolino inmenso que gira entre las flores y que me recuerda que tú estás volando, alegre feliz. Estás en la luz naranja melancólica que entra por mi ventana cada tarde estival. Estás en mi mente, en mis brazos que te anhelan, en mi pecho desierto, en mis ojos vacíos de ti, en mi memoria saturada de tu sonrisa, de tus bromas, de tus chistes, ¡estás!
Fuiste una estrella fugaz y pasaste tan brillante y rápido que no alcancé a observarte bien ni a pedirte un deseo, deseo que ahora tú sabes cuál es. Sueño cada mañana con darte un abrazo y verte siquiera unos minutos. Cinco años es bastante tiempo para las personas, para mí no es nada. Cierro los ojos cada noche y pienso en ti, abro los ojos cada mañana y pienso en que ya no estás aquí y me duele. La mariposa amarilla que venía cada mañana a nuestro jardín ya no nos visita y tus amigos de siempre ya están más altos y fuertes que yo, y tampoco nos visitan. La vida ha continuado igual para todos pero no para mí que espero el momento de verte otra vez ¡Ha sido duro vivir sin ti! ha sido largo el camino de tu ausencia. Se acerca el verano y pareciera que la nostalgia va en aumento, nostalgia mezclada con pena, llega el sol y lo ilumina todo, sin embargo tengo días algo grises sin ti. Veo tus fotos y sé que estás en cielo y eso debería alegrarme, no obstante, siento una sensación de vacío en el estómago que me estremece, y lloro, te lloro.
Cinco años no son más que una onda en el agua del mar de esta vida o de una brisa suave en este universo sin ti. Hoy tendrías 14 años ¿Invitarías a la Isidora, al Simón? Hoy es un día triste para mí pero no para ti, tú estás feliz, pleno, riendo como siempre, yo te lloro, y sigo esperando el día de volver a vernos, será pronto, pero todavía no.

El papito

domingo, 3 de noviembre de 2013

Adorando y dudando

Adorando y dudando

 Un buen amigo, hace poco, me decía que el idioma griego, en los pasajes de los evangelios, en que los discípulos adoran al Señor revela que estos aunque lo adoraron, en su interior todavía albergaban dudas, muchas dudas respecto de Jesús. Esto no impidió que mostraran todo su asombro, admiración y devoción por él, muchas veces de forma dramática. Cuando escuché esto no pude dejar de pensar en nuestro propio peregrinar espiritual. Tantas veces creemos que debemos tener todas las certezas para poder adorar al Señor y le pedimos respuestas de todo lo que nos pasa y nos desanimamos si eso no acontece, aunque al parecer Jesús nunca dijo que eso iba a ocurrir. El apóstol Pedro se quedó sin respuestas, el apóstol Pablo tampoco las tuvo. Tomás sufrió la duda y recibió la reprensión amorosa del Señor y Juan el Bautista es el más claro ejemplo bíblico de servicio-adoración-duda. También muchísimos hombres y mujeres de Dios en la historia han demostrado un profundo y sincero amor por Dios aunque no pocas veces dudaron. El binomio adoración-duda parece contradictorio, sin embargo no lo es, forma parte de la vida cristiana. Pocas veces tendremos la certeza absoluta de lo que sucede alrededor nuestro. Tal vez sea osado decir, pero es probable que en la vida cristiana tengamos más preguntas que respuestas. No hay que olvidar que hoy solo vemos como por espejo, un espejo empañado. Preferiríamos, y muchas veces damos esa impresión, de saberlo todo, de tener respuesta para todo, como si no hacerlo pudiera ser tomado como debilidad, como falta. No obstante la duda aparecerá alguna vez en la vida y muchas veces será nociva, tóxica, amarga, inconfesable. Es entonces cuando junto con la duda deberá fortalecerse la adoración, ¡qué esfuerzo y determinación es adorar en medio de la duda! ”Obedecer y confiar en Jesús, es la regla marcada para andar en la luz”. Así reza un antiguo himno y esa regla no ha cambiado. Adoración –duda es la expresión de un creyente maduro, el que ha aprendido a caminar por fe no por vista. Adoramos a Jesús, nuestra Roca, nuestro refugio, nuestro castillo, ¡Maravilloso Jesús!, aunque algunas veces dudemos.


miércoles, 2 de octubre de 2013

Los secretos familiares

Los secretos familiares
Muchos son los enemigos de la familia en el día de hoy. Algunos abiertos, otros escondidos. Existen también enemigos internos, que carcomen sin que nadie los note la vida familiar. Un tipo nefasto de enemigo familiar son los secretos.  Estos son hechos considerados vergonzosos o reprochables que la familia cometió, o alguna de sus generaciones anteriores, ante los que se prefiere callar, secretos que con el paso del tiempo se transforman en tabú. Son temas de los que nadie habla en la familia, aunque están siempre presentes y crean una dinámica familiar enferma. Son familias “raras”, distintas, que sufren, que están heridas, son rígidas, sin alegría, enfermas, llenas de incidentes mórbidos. Estos secretos familiares habitualmente se relacionan con faltas morales, con pecados y su temática gira en torno a tres asuntos: Origen. Información oculta acerca del origen de algunos de los miembros. Matrimonios por conveniencia, madres solteras, padres que no son padres, hijos que no son hijos, enfermedades mentales, orígenes sociales disímiles que se intenta ocultar, negocios familiares truculentos, etc. Muerte. En muchas familias esto puede ser un tema secreto. Predisposiciones a determinadas enfermedades que se ocultan. Hay historias de suicidios, homicidios, abortos, muertes prematuras, trágicas, etc. y de los que jamás se habla. Sexo. Existen familias que se organizan en torno a hechos relacionados con el sexo como incesto, infidelidades, abusos sexuales y otros muchos aspectos que las familias por vergüenza y por temor prefieren callar. Los secretos familiares se tornan potentes, autoritarios y rectores de la vida familiar en tanto continúan como tales y su poder se acaba cuando estos salen a luz. Aquellas familias que guardan secretos y que llegan a tener una relación con Cristo tienen ventajas sobre otras que no lo hacen, porque el Señor derrama todo su amor, su gracia y perdón sobre la vida de estas personas y cuando esto ocurre hay una liberación. Libertad que luego de la confesión y arrepentimiento trae el gozo y la alegría que esa familia no ha conocido por años o generaciones. El profeta Isaías, una vez más en el cap.53 nos recuerda que todos nuestros secretos familiares han sido puestos en la cruz y en ella, si creemos, hemos recibido perdón,sanidad y restauración.

Quién lleva los pantalones

QUIÉN LLEVA LOS PANTALONES

 Esta es una tarea que toda pareja debe cumplir, tal vez una de las más complicadas. ¿Quién lleva los pantalones? Se relaciona con la distribución del poder. ¿Quién manda? Este tema no sólo se hará presente en la primera etapa de un matrimonio, sino que prácticamente en todas. Será una fuente de conflicto habitual si no se resuelve desde el inicio el tema de quien manda en la relación, quien tiene el poder.
La expresión ¿Quién lleva los pantalones? era predilecta de alguien a quien conocí hace muchos años. Él contaba que cuando se casó, en los primeros días, para dejar claro desde el inicio el asunto de quien mandaría en su matrimonio, se sacó los pantalones y le pidió a su esposa que se los colocara. La esposa, según su relato, se sorprendió y le dijo que esos pantalones le quedaban muy grandes. Entonces, dijo él, “ya sabes quien debe llevar los pantalones en esta relación”. Era un relato muy divertido, porque en la práctica nadie le creía la anécdota, debido al carácter de la esposa que evidenciaba, al parecer, que en este caso los pantalones eran compartidos y ¡él no tocaba la parte más grande!
Hay un aspecto que es notorio prácticamente en la mayoría de las parejas, y es que se espera que sea el hombre quien mande. La expresión tan chilena “ahí manda calzón” está cargada de negatividad, de anomalía, de disfunción, de burla y la expresión “a este lo manda la mujer” está llena de desprecio. Estas solas expresiones algo divertidas nos dicen lo que se espera en una relación es que mande el hombre y que cuando en la relación manda la mujer hay algo que no anda bien y que existe cierta conducta que es observable por los otros. Los chilenismos abundan “Mandoneado”, “calzonudo”, “macabeo”, “sometido” y todas llevan un sentido peyorativo.
Ruiz (1981) dice que el poder se puede definir como “la habilidad de una persona para cambiar la posible conducta de otra u otras”. Esto implica, lo obvio, que existe una relación activa entre el que manda y el que obedece, pero en un matrimonio ¿Quién manda? ¿Quién obedece? y ¿Debe ser esa la interacción practicada? ¿Debería mandar alguien?
Tradicionalmente la manera de relacionarse en el matrimonio es que el hombre manda y la mujer obedece o eso en apariencias. Para un hombre simple ese podría ser el final de la discusión y si además su matrimonio se basa en la simetría papá-hija o “amo–esclava”, aparentemente podría resultar más fácil, porque de manera natural uno de los cónyuges asumiría el rol de sumisión. Sin embargo muchos de los conflictos que se observa en parejas, incluso con muchos años de casados demuestran que en la práctica el tema de quien manda no es fácil de resolver aunque pasen los años. -“Yo hago como que él manda”- dicen algunas mujeres.-”Yo siempre tengo la última palabra en mi casa, dice un hombre…sí mi amor”- son algunos de los chistes conocidos cuando hablamos de quien manda en la casa.

Como en muchos otros temas de pareja, la influencia de la familia de origen crea un modelo que es muy difícil de desechar e incluso de hacer consciente. Si el hombre proviene de una familia donde el hombre mandaba encontrará normal seguir el mismo modelo y si este modelo además es un ejemplo de respeto y valorización de la mujer nunca será tema para él. Si la esposa proviene de un hogar donde el hombre mandaba pero eso nunca fue motivo de discordia y su madre fue muy amada, respetada y valorada, no tendrá dificultad en aceptar la autoridad del marido, independientemente si ella trabaja y es más independiente. Las dificultades se presentan cuando las familias de origen son disfuncionales y se desea repetir esos mismos modelos con consecuencias emocionales importantes para el cónyuge o los hijos si ya los tienen. Un hombre abusivo y despótico que tiene el poder y una mujer sumisa que tolera violencia verbal y/o física. Un hombre “macho” que se ufana de ser quien manda en la casa a quien su mujer y sus hijos temen y en lo interior desprecian y que esperan la primera oportunidad para marcharse del hogar y ser felices aunque muchas veces terminan repitiendo el mismo tipo de pareja, esta es una de las razones de este libro, prevenir, anticipar situaciones, abrir los ojos del alma y descubrir qué tipo de modelo hemos recibido.
La influencia del hogar se revela también en el siguiente punto, que muchas veces pasa desapercibido y solamente se descubre en grupos de estudio, reflexión o en la terapia de pareja, estas son las luchas generacionales.
Las luchas generacionales
Dicho de manera simple, las luchas generacionales son conflictos que uno o ambos cónyuges tuvieron o de los cuales fueron víctimas en sus propias familias de origen. Conflictos que quedaron sin resolver y que se traspasan a la próxima generación. Una dama joven a quien atendí una vez, asumía una conducta muy violenta cada vez que su esposo bebía. Se enojaba, gritaba, lloraba, lo echaba de la casa, se enfurecía. Quedaba fuera de sí. Luego de unas sesiones descubrimos que en su familia el que mandaba era el padre, un hombre alcohólico al que ella en su interior despreciaba y de quien solamente tenía malos recuerdos. Bueno este conflicto con su padre estaba a la base de su conflicto sobre quien mandaba en la casa. Sus palabras fueron, “no voy a pasar por lo mismo que pasó la tonta de mi madre y jamás un hombre me va a mandar a mí”. Él, por su parte tomaba todo a la broma como una forma de defenderse de la conducta agresiva de su esposa, lo que la irritaba aun más.
Otras veces el tema del poder se relaciona con el mal ejemplo de la madre sobre la hija. Historias de mujeres caprichosas, inmaduras, manipuladoras, que gustan de salirse con la suya, sin respeto por nadie tiene una base en el carácter de la madre. Mujeres que en apariencia son muy sumisas, pero que sin embargo en la intimidad del hogar tienen una conducta reprobable, causante de muchos conflictos, para quienes el tema del poder nunca quedará resuelto y en cuyos hogares el marido cederá el poder para evitar todo tipo de conflictos.


martes, 1 de octubre de 2013

La bailarina

La bailarina
-Tu turno, mi amor-dijo una voz masculina que conocía y ella saltó al escenario como lo hacía desde que era una adolescente. El potente foco que daba sobre ella no le permitía ver bien al público, pero sabía de sobra quienes eran, a que habían venido y lo que deseaban. Esperó con una rodilla apoyada en el suelo y la cabeza inclinada, afirmándose el sombrero negro con la mano derecha, a que la música comenzara … You Can Leave Your Hat On… escuchó el estribillo de la canción y se puso de pie.
Como cada noche la reacción masculina fue la misma, una gran algarabía que gritaba y la codiciaba. Con su diminuto bikini dorado y sus largas piernas lucía maravillosa esa noche. Levantó la cabeza y comenzó a bailar llena de gracia y sensualidad. Las palabras del pastor del día domingo le retumbaban aún y vinieron a su mente como flechas. Había sido su amiga, la Rita quien la había invitado. Hacía tiempo que lo hacía y ese día no pudo rechazar más la invitación. Fue al templo pequeño y pobre, llena de temor, de vergüenza, de desconfianza, sin embargo las personas la habían recibido muy bien, claro-pensó, ellos no saben a qué me dedico. Seguía bailando al ritmo de la música y su cuerpo despampanante, desnudo, suave y terso volvía locos a los hombres que gritaban propuestas libidinosas y obscenidades y alzaban sus copas en honor a ella. Los pensamientos volvieron a su mente ¿Será verdad Dios qué tú todo lo perdonas? ¿Puedes tener amor por mí a pesar de lo que soy? "Venid los trabajados y cargados, yo los haré descansar", eran la palabras de Jesús que el pastor había repetido el día domingo. ¿Me conoces Jesús? yo estoy cansada, pensó mientras alzaba una pierna y se quitaba una de las medias blancas, bailaba frenética al ritmo de la música ¿Puede alguien como yo seguirte y amarte? ¿Conoces mi pasado? Yo soy tu amiga María Magdalena, Señor, hay muchos espíritus en mí, desde que era una niña. Se sacó la parte superior del traje y ante las miradas licenciosas de los borrachos volvió a preguntar ¿Una mujer como yo puede ser amada por ti, Señor? Sintió las lágrimas calientes en sus ojos y disimuló lo mejor que pudo la emoción para no estropear el maquillaje. La música continuaba … You Can Leave Your Hat On… y ella seguía moviéndose frenéticamente. –Voy a ti Jesús, voy a ti, si puedes limpiarme hazlo, me arrepiento, voy a ti. La canción estaba por terminar y con ambas manos se cubrió los pechos desnudos e hizo una reverencia. Todos los hombres aplaudían. Ella cerró los ojos y terminó la oración.-amén. Sintió que algo recorrió todo su cuerpo en fracción de segundos y se sintió pura, limpia, casta como nunca lo había sentido, amada y ¡la alegría la inundó!. Estaba llorando. Se enderezó y todos la vieron sonreír emocionada como nunca la habían visto y la aplaudieron largo rato pensando que se debía a su soberbia actuación de esa noche en que brilló como nunca. Salió del escenario como si flotara, como si hubiera sido otra persona. Esa fue la última noche que bailó.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

En una calle polvorienta de Capernaum




                                                               Juan E. Barrera
No podía creer lo que sus ojos estaban mirando. La pequeña mujer comenzó a llorar a gritos y a agitar los brazos de arriba abajo sin entender lo que había pasado. Su pañuelo de cabeza, rojo y arrugado estaba por el suelo y no le importaba mostrar su cabello ya cano. Salió corriendo hacia la calle, allí venía él, su hijo con su cama al hombro, ¡corriendo! Y detrás de él sus amigos que lo seguían sin poder darle alcance cayéndose y parándose, llorando locos de alegría y gritando sin parar. ¡fue Jeshua el profeta, fue Jeshua el profeta!
¡Mi hijo, mi niño! ¡mi Jacob! Repetía la mujer una y otra vez y se secaba las lágrimas con las palmas de las manos ya empapadas de lágrimas alegres e infinitas. Todos los vecinos salieron a la calle al oír los gritos y todos se quedaban pasmados con la escena. Algunos lloraban, otros reían, otros alababan a Adonai, levantando los brazos al cielo ¡Adonai nos ha visitado, se ha acordado de nosotros! Nadie quedó indiferente en ese pequeño y sucio puñado de casas. El joven Jacob, hijo único e indefenso de su madre, el paralítico del barrio estaba de pie, en medio de la pequeña calle polvorienta, rodeado de perros que ladraban en círculos y sin parar y él, con los brazos abiertos y elevados al cielo bendecía a Adonai.
Esa mañana de día martes, sus amigos de siempre habían venido temprano a buscarlo. La casa de barro se hacía pequeña para tanta algarabía de los jovenzuelos, sus amigos de infancia, los que siempre estaban con él, los que lo escuchaban, los que le leían, los que lo amaban. Con las sandalias llenas de polvo y sus túnicas totalmente arrugadas y sucias, como de costumbre, lo rodearon y entre todos atolondrándose le contaron de un nuevo profeta que vendría a la ciudad y que hacía milagros, por lo menos así decía la gente, así andaban contando todos. Él, solo movía los ojos en señal de respuesta y su cuerpo permanecía inmóvil. Tía Jael, no se preocupe, nosotros lo llevaremos y lo traeremos. Tengan cuidado con él respondió, ¿No va a pasar nada? Esperamos que algo ocurra dijo uno de los jóvenes de manera misteriosa, pero la señora de edad madura no entendió el comentario y tampoco se atrevió a preguntar. Se inclinó al lecho y besó a su hijo en la mejilla, -cuídate mucho-le dijo-sí mamá –respondió el joven con esa voz que solo los que le conocían de cerca podían entender.
Los vio alejarse de la casa con el bulto al hombro que era su hijo, llenos de risa y bromeando entre ellos.-estos chiquillos-se dijo para sí misma y se tragó una lágrima. El pequeño Jacob el próximo verano cumpliría veinte y un años. Veinte y un años de parálisis y sufrimiento. ¡Su padre ya había partido llorándolo y preocupado por él hasta el final! y ella pensaba que sería de él cuando ella ya no estuviera. Respiró hondo y se acercó al cajón de verduras. Sacó unas papas y con el cuchillo viejo y desgastado comenzó a preparar el almuerzo. Miró a la calle por la ventana pequeña y era un día soleado como muchos en Capernaum en esa época del año.
Ustedes, dijo el hombre de barba negra, de mediana estatura y los miró hacia el techo. Por el forado se veía el sol redondo de Capernaum y unas pequeñas nubes que miraban hacia abajo, como curiosas, lo que ocurría al interior de esa casa. La de la calle corta, la de color azul, la de la gente pobre, llena de polvo. Había transcurrido ya la mañana y el hombre no dejaba de hablar y ellos no se cansaban de escuchar, a pesar que estaban encaramados sobre el techo de la casa con el sol en la espalda.
Ante los insultos, reproches y burla de la gente que se fijó en ellos luego que el hombre de barba les hablara se pusieron muy nerviosos y uno de ellos casi cae del tejado. Habían intentado ser discretos, pero había tanta gente allí esperando desde la mañana que les fue imposible entrar y entonces a uno de ellos se le ocurrió la idea descabellada de subir al techo. Ahora estaban cerca del hombre. Todos los regañaban y les gritaban que bajaran, menos él, -ustedes-dijo otra vez, pero en su voz no había enojo ni recriminación. Cuando repitió la palabra los que estaban escondidos asomaron la cabeza un poco tímidos y avergonzados. Cuando vieron bien a aquel hombre moreno, afirmado con una mano sobre una mesa de madera y toda esa gente alrededor no les había llamado mayormente la atención, no obstante a medida que hablaba sus palabras se volvieron poderosas y quedaron como hipnotizados. Nunca habían visto ni oído a alguien igual. Cuando alzó la mirada y los observó algo pasó en ellos. Su mirada los traspasó, pero no de temor sino de bondad y torpemente se dirigieron a él-t-t-te-nemos aquí a un amigo, Maestro-. El hombre siguió mirándolos -que se asome-les dijo. Se miraron unos a otros nerviosamente-no podemos, Maestro, está postrado- respondieron. El hombre comenzó a mirarlos de manera diferente y sorprendido dijo, -bájenlo-. Los jóvenes atolondradamente comenzaron a moverse sobre el techo para molestia de algunos religiosos que se encontraban al interior de la casa.-bájenlo- volvió a repetir el hombre. Lentamente comenzó a descender una cama amarrada a cuatro cuerdas. Los curiosos al interior de la casa se agolparon para saber que haría el que decían que era profeta. El joven Jacob movía nerviosamente sus ojos, que era lo único que podía mover y no se atrevía a decir nada. Se le veía asustado. Sentía que el corazón le latía más a prisa y miraba a sus amigos hacia arriba quienes estaban muy agitados y prácticamente colgando del techo.
El profeta guardó silencio y toda la casa también calló expectante. Se acercó a la cama puesta en el suelo sin decir nada. Se movía lentamente. Miró al joven y comenzó a llorar. Entonces hizo un gesto inesperado, miró hacia el techo apuntó a los jóvenes y lentamente pronunció las palabras, - por la fe de tus amigos, hijo, tus pecados son perdonados, toma tu cama y ándate.
El joven Jacob sintió una corriente de calor y energía que le recorrió todo el cuerpo, sintió como sus huesos sonaban y se acomodaban en fracción de segundos y al instante se paró solo para arrojarse inmediatamente a los pies de Jeshúa,-te adoro Jeshúa Hijo de Dios, gracias, gracias repetía una y otra vez y lloraba sin parar. Acto seguido tomó su cama y lleno de emoción salió como pudo entre la gente hasta alcanzar la calle y correr hasta su casa y abrazar a su madre. Ese día fue Jacob quien colocó la mesa y lavó los platos de su madre y sus amigos.