viernes, 31 de enero de 2014

¿Cómo era su familia de origen?

¿Cómo era su familia de origen
 (Extracto de mi libro Ahora que nos casamos. Pronto a publicar)
                 Ps. Juan E. Barrera

Esta labor, la búsqueda de autonomía de la familia de origen se hace complicada cuando alguno de los cónyuges o ambos provienen de familias disfuncionales, es decir, familias con un mal funcionamiento o funcionamiento enfermo, tales como, roles alterados o difusos, límites pocos claros, falta de disciplina, hijos de familias monoparentales, familias con adicciones, violencia u otras situaciones. En este caso se hace complicado, porque sucede un fenómeno extraño, ya estudiado y que se puede observar también en la práctica clínica; a los cónyuges provenientes de este tipo de familias les resulta más difícil abandonar los lazos familiares que a un cónyuge con una familia más sana. Es contradictorio, pues se podría pensar que si la familia era mal constituida, con conflictos frecuentes y una atmósfera emocional negativa, para el cónyuge sería un alivio dejar esa familia, pero ocurre lo contrario, a mayor disfuncionalidad mayor la dificultad para abandonar esos lazos.
¿De qué tipo de familia se proviene? Tres son las preguntas claves para saber qué tipo de familia es la que se tuvo o se tiene, de acuerdo a Satir (1991) ¿Quiere saber si proviene de una familia disfuncional?
Responda estas preguntas como si todavía viviera en su familia de origen.

-¿Le agrada vivir con tu familia en la actualidad? Sí____ No____
-¿Siente que vives con amigos, con personas que te agradan y en quiénes confías, y a quienes agradas y a su vez confían en ti? Sí_____ No____
-¿Ser miembro de su familia es divertido y emocionante? Sí____ No____

Dice Satir, que si responde “sí” a las tres preguntas entonces su familia era lo que ella llama una familia nutricia, una familia armónica. Si contesta “no” o “no mucho” es posible que viviera en una familia con conflictos. Para esta reconocida terapeuta familiar la clasificación de las familias va desde muy nutricia hasta muy perturbada o conflictiva.
La nueva familia debe buscar un equilibrio sano para relacionarse con la familia de origen. Al comienzo es posible que uno o ambos cónyuges llamen a diario a sus casas o que de sus casas los llamen, que las visitas sean frecuentes y casi asfixiantes. Lentamente se deben comenzar a regular estas relaciones, para que no sean distantes ni tampoco invasoras.
Al conversar con parejas con muchos años de casados o de convivencia no es raro encontrar que todavía pelean por la manera de relacionarse con la familia de origen o por la influencia que esta tiene en el matrimonio. Uno de los cónyuges definitivamente no se lleva bien con la familia política, y lo que sucede es que muchos de los conflictos de la familia de origen pasan desapercibidos para el cónyuge involucrado, mientras que llega a ser obvio para la otra persona o para todo el mundo.
Requiere un grado importante de madurez aceptar que la familia a la que se pertenece no es o no ha sido sana. En el peor de los casos, puede ser que en una de las familias existan hábitos o costumbres perniciosas, adicciones, violencia, relajo y uno de los cónyuges se niega a que sus hijos sean expuestos a este tipo de situaciones y el conflicto familiar se magnifica, porque el cónyuge afectado siente que el otro está mirando en menos a su familia o la desprecia abiertamente. Otras veces las conductas o actitudes familiares tienen que ver con valores o formas de ver el mundo que el esposo o esposa no comparte, orgullo, aires de superioridad, altanería u otro valor que no es compartido por el cónyuge. No hay recetas para la solución de este conflicto, salvo que ambos cónyuges deben ceder y mostrarse amor y respeto. El cónyuge afectado debe ser capaz de reconocer que no todo marcha o ha marchado bien en su familia y la otra persona debe aceptar esas situaciones como parte del estilo de vida de su familia política, que fue la que él o ella escogió al casarse, porque en ello la persona no se casa solo con su cónyuge sino también con toda la familia de él o ella.
Una familia conflictiva es aquella en que, (Satir 1991)
  • Existen secretos
  • Los cuerpos y el rostro de los miembros manifiestan sufrimiento
  • Los cuerpos se vuelven rígidos y tensos o encorvados.
  • Los rostros parecen ceñidos, tristes o indiferentes, como máscaras.
  • Los ojos miran al suelo y más allá de quienes tienen al frente
  • Las voces son ásperas y estridentes o apenas audible.
  • No hay muestras amistosas entre los miembros individuales
  • No hay demostraciones de alegría en la convivencia
  • No hay demostración de emociones
  • La familia parece permanecer junta por obligación
  • Los miembros apenas se toleran
  • El humor es ácido, sarcástico
  • Todo el mundo está ocupado diciéndose lo que deben o no deben hacer.
  • Los miembros se evitan colocando el trabajo o los estudios como excusa.
  • Los padres son autoritarios.

Una familia nutricia en cambio:
  • Demuestra su afecto, intelectualidad y respeto por la vida
  • La expresiones faciales son relajadas
  • Demuestran armonía y fluidez en las relaciones interpersonales
  • Las casas de estas familias tienden a ser iluminadas, habitables
  • Si hay calma, esta es pacífica y si hay ruido este es significativo
  • Los miembros, aún los niños, son escuchados.
  • Los miembros se sienten a gusto con el contacto físico y las manifestaciones de afecto.
  • El amor se demuestra hablando abiertamente y escuchando
  • Pueden planificar
  • Existe humor en el grupo familiar.
  • Los padres son más habilitadores y no autoritarios.
  • Reconocen y manifiestan sus emociones.
  • Los padres son congruentes.

Para Saavedra Oviedo, (2003) por su parte, existen los siguientes tipos de familia:
¿De qué tipo de familia proviene usted y su cónyuge? Saberlo puede explicar algunas cuestiones fundamentales de su matrimonio.
Familia rígida: Dificultad en asumir los cambios de los hijos/as. Los padres brindan un trato a los niños como adultos. No admiten el crecimiento de sus hijos. Los hijos son sometidos por la rigidez de sus padres quienes son permanentemente autoritarios.
Familia sobre protectora: Preocupación por sobreproteger a los hijos/as. Los padres no permiten el desarrollo y autonomía de los hijos/as. Los hijos/as no saben ganarse la vida, ni defenderse, tienen excusas para todo, se convierten en "infantiloides". Los padres retardan la madurez de sus hijos/as y al mismo tiempo, hacen que estos dependen extremadamente de sus decisiones.
La Familia centrada en los hijos :Hay ocasiones en que los padres no saben enfrentar sus propios conflictos y centran su atención en los hijos; así, en vez de tratar temas de la pareja, traen siempre a la conversación temas acerca de los hijos, como si entre ellos fuera el único tema de conversación. Este tipo de padres, busca la compañía de los hijos/as y depende de estos para su satisfacción. En pocas palabras "viven para y por sus hijos".
La familia permisiva: En este tipo de familia, los padres son incapaces de disciplinar a los hijos/as, y con la excusa de no ser autoritarios y de querer razonarlo todo, les permiten a los hijos hacer lo que ellos quieran. En este tipo de hogares, los padres no funcionan como padres ni los hijos como hijos y con frecuencia observamos que los hijos mandan más que los padres. En caso extremo los padres no controlan a sus hijos por temor a que éstos se enojen o hagan algo que a ellos les moleste.
La Familia inestable: La familia no alcanza a ser unida, los padres están confusos acerca del mundo que quieren mostrar a sus hijos por falta de metas comunes. Les es difícil mantenerse unidos resultando que, por su inestabilidad, los hijos crecen inseguros, desconfiados y temerosos, con gran dificultad para dar y recibir afecto. Se vuelven adultos pasivos-dependientes, incapaces de expresar sus necesidades y por lo tanto frustrados y llenos de culpa y rencor por las hostilidades que no expresan y que interiorizan.
La familia estable: La familia se muestra unida, los padres tienen claridad en su rol sabiendo el mundo que quieren dar y mostrar a sus hijos/as, lleno de metas y sueños. Les resulta fácil mantenerse unidos por lo tanto, los hijos/as crecen estables, seguros, confiados. Les resulta fácil dar y recibir afecto y cuando adultos son activos y autónomos, capaces de expresar sus necesidades, por lo tanto, se sienten felices y con altos grados de madurez e independencia.
¿Puede identificar algunas de estas familias entre sus amigos y conocidos? ¿Su familia de origen a cuál corresponde? Hace un buen tiempo atrás vino un amigo a almorzar a nuestra casa y luego de un rato, que mis hijos (uno de ellos ya no está) entraron en confianza,  comenzaron a hacer payasadas y a reírse. Entonces él dijo –“es entretenido almorzar en esta casa”. Esta es una familia nutricia. Habitualmente somos así, aunque algunas veces nos conflictuamos, pero en general nos esforzamos por tener una familia nutricia, y no es un trabajo de un día o un año, es el trabajo de toda una vida. Alguien ha escrito hace mucho que el hogar puede ser el cielo en la tierra o el infierno en la tierra. Es probable que entre nuestros amigos tengamos testimonios de ambos casos. La familia puede ser la bendición más grande o el estorbo más grande para realizarse como persona.
Jesús dijo en una ocasión:” y los enemigos del hombre serán los de su casa.”(Mateo 10:35).
Si nació en una familia bien constituida ese es un regalo de Dios. Si no tuvo esa fortuna, lo más sano es mirar a la distancia e intentar sacar lo mejor de esa experiencia y en el nombre de Dios y con esfuerzo, crear un hogar diferente. La Biblia es una buena guía para ello, provee principios, que para los que somos creyentes, provienen directamente de Dios y la psicología también ayuda en estos casos, haciendo visible lo invisible, poniendo de manifiesto patrones interaccionales enfermos, identificando tipo de personalidad, por ejemplo.
La nueva familia debe buscar un equilibrio sano para relacionarse con la familia de origen. Lentamente se deben comenzar a regular estas relaciones, para que no sean distantes ni tampoco invasoras.
Getz, (1990), propone escalas de evaluación para medir la relación con la familia de origen y considera cuatro variables.
1. Dependencia-Independencia
2. Madurez de los padres
3. Transferencia emocional en la esposa.
4. Transferencia emocional en el esposo.
Luego enumera algunas características personales de cada cónyuge, las que se van evaluando en: nunca, rara vez, algunas veces, frecuentemente.

Dependencia-Independencia
-Cuando tengo inseguridad, siento un fuerte deseo de decírselo a mi madre.
-Cuando me disgusto con mi cónyuge, siento la necesidad de decírselo a mi madre
-Mi madre se comunica conmigo para ver cómo me va en nuestro matrimonio.
-Mi madre critica a mi cónyuge.
-Mi padre me envía dinero
-Mi padre me critica.
-Mi padre se disgusta si no me comunico con él regularmente.
-Mi padre se molesta mucho si visitamos a los padres de mi cónyuge más que a ellos.
-Cuando mi esposo me pide que le lave la ropa, me surgen sentimientos negativos.
-Cuando mi esposo me pide que supere algún hábito, me surgen sentimientos negativos.
-Cuando mi esposa me pide que la ayude con los platos, me surgen sentimientos negativos.

Madurez de los padres.
¿Qué señales de madurez puede usted identificar en sus padres?
-Su padre tenía un trabajo estable
-Su madre cuidaba de usted
-Había un ambiente de respeto
Sus padres eran responsables
¿Cuáles serían las señales de inmadurez?
-gastos excesivos
-conflictos nimios sin resolver
-adicciones
-abandono
¿En qué sentido afecta esta dinámica a sus relaciones conyugales?

Transferencia emocional
¿Existen emociones negativas que usted haya experimentado hacia sus padres y que ahora esté transfiriendo a su esposo o esposa?
Celos, lucha de género, conflictos por quien manda, rencor
¿En qué sentido afecta esto las actitudes y la conducta de su cónyuge hacia usted?


Edificar algo propio es la primera labor de toda pareja. Somos el resultado de todo lo que nos rodea. De nuestras familias, de nuestras amistades, influencias, de lo que hemos leído, de nuestros anhelos, de nuestros sueños, de nuestras primeras relaciones, de nuestros principios, de nuestra fe y de nuestras expectativas. Hemos de tomar lo mejor de cada una de estas cosas y construir un matrimonio propio. Dejar de lado aquellos “materiales” que identificamos como nocivos o perjudiciales y tomar solamente aquellos que nos brinden la solidez y la hermosura de algo propio.

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