miércoles, 2 de enero de 2013

Nuevo año nuevas metas



                                                                                 Ps. Juan E. Barrera
Se fue el año 2012 y obviamente el mundo no se acabó a pesar de las predicciones de muchos. Lo que sí se acabó fue este tiempo para cumplir las metas y logros propuestas y es que desde hace mucho tiempo, bastantes personas, al iniciar un nuevo año se establecen objetivos para alcanzar, que abarcan dimensiones distintas como la laboral, familiar, académica, personal, etc. Si se mira al inicio del año de manera global un año parece mucho tiempo, pero si se divide el año en unidades más pequeñas, en meses, semanas y días se descubre con sorpresa que el tiempo pasa muy rápido. Para un segmento de estas personas estas metas no alcanzan más que a una declaración de buenas intenciones, bañadas por la emoción o la culpa del momento y son del tipo: voy a bajar de peso, voy a ser más ordenado, voy a leer más, voy a dejar de fumar. Para otro sector importante de personas, estas promesas y metas se toman en serio, se escriben y se evalúan durante el año de manera periódica y esta es una buena manera de avanzar y progresar en las áreas planificadas. Si lo planteado es solo un impulso momentáneo esto se olvidará rápidamente y no tendrá influencia alguna en la vida de la persona, en cambio si existe una corrección y evaluación permanente durante el año estas metas se tornan en un proyecto de vida, que da dirección y orienta las actividades que se realizan . La diferencia entre un grupo y el otro es que mientras que uno ve pasar el año y como transcurren las cosas, el otro grupo hace que las cosas sucedan y no es un mero espectador del transcurso del tiempo ¿Cuáles son algunas de las metas serias que todo creyente debería plantearse? Creo que las indispensables son: velar por una mejora laboral y tener, de este modo la capacidad de colaborar en la obra de Dios, establecer de manera clara e inequívoca que tipo de familia que se desea tener y luchar conscientemente por ello. Crecer culturalmente con lecturas intencionadas, escuchar buena música, y apagar el televisor. Espiritualmente, leer la Biblia completa durante el año, involucrase en actividades de servicio en su iglesia local. Interiormente desarrollar la adoración y la alabanza, practicar la oración y la reflexión, experimentar el gozo y la alegría del Señor. Si usted está en el segundo grupo, entre los que escriben sus metas para el año y no las logró, hay buenas noticias, Dios no nos avalúa según ello. Dios continúa siendo fiel y su gracia maravillosa sigue operando y derramándose abundantemente sobre nosotros. Hoy es el tiempo de comenzar otra vez. De retomar lo no cumplido, de explicitar lo pensado, de mirar a la meta, de ser transformado de gloria en gloria hasta que la imagen de Cristo se refleje en nosotros y su aroma inunde nuestras familias, nuestros trabajos, nuestras iglesias locales y el mundo entero. Oremos junto con el salmista en el salmo 90 “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” Que sea un buen año 2013, Dios nos guíe y nos de las fuerzas para hacer siempre lo que el desea.

jueves, 20 de diciembre de 2012

La flauta y el clavel


                                                     La flauta y el clavel                                  

                                                   

Es probable que fuera una tarde de primavera por los colores amarillentos y anaranjados que comenzaban a inundar el cielo poniente de la zona sur de Santiago, y es probable también que yo no tuviera más de diez u once años. Iba en quinto o sexto básico y no había mayor algarabía para algunos de nosotros que participar en el grupo folklórico de la escuela. El director del grupo musical era obviamente, el profesor de música, el señor Figueroa. Un hombre estricto de bigote grueso, de gran envergadura física que fumaba pipa y usaba una cotona blanca impecable y que venía del sur de Chile.
Al interior del grupo pasaban muchas cosas. Los que desde esa corta edad disfrutábamos de la música éramos felices entre flautas dulces, tambores, instrumentos de viento, guitarras y otros muchos instrumentos. De nuestras infantiles y púberes manos salían acordes de melodías clásicas de Clarita Solovera, Diego Barros Ortiz, las tonadas de Manuel Rodríguez, la Luna Tucumana, el Aire, los versos de Neruda dedicados a O´Higgins. El Negro José de Los Illapu era el hit del momento y el más interpretado y favorito de todos.
Ensayábamos mucho; canto, guitarras, flautas, un contrabajo, que tocaba la niña más alta del grupo. Algunos instrumentos de viento-metal de color refulente y muchísimo entusiasmo pre adolescente eran los ingredientes justos para pasarlo bien disfrutando de la música. Pero no he nombrado el ingrediente más importante ¡Había niñas! Flaquitas, gorditas, casi todas morenas, todas con calurosos jumpers y calcetas azules hasta bajo la rodilla. De cabello largo algunas, la mayoría con el pelo hasta el hombro y con cintillo. De entre todas las morenas destacaba una blanquita, con pecas, con un cintillo blanco y de sonrisa amable y divertida todo el tiempo. Los años, que borran muchos recuerdos, han borrado su nombre  prácticamente han hecho desaparecer sus facciones ¿Era flaca? ¿Era gorda? No lo recuerdo, ¿sus manos? Tampoco las recuerdo, pero sí recuerdo lo que hicieron una tarde, durante un ensayo, en la sala 13, la que daba a la calle y a la plaza.
La primavera había despertado ciertas inclinaciones románticas en nuestras precoces compañeras y nosotros, los hombres, “los pavos”, éramos el objeto de sus deseos románticos, seudo eróticos. Nosotros que solo pensábamos en la pichanga del recreo y los sándwiches de la colación, aunque claro está, también había de aquellos que les gustaba mirar un poco más arriba de la rodilla, pero en general solamente nos dejábamos querer sin comprender todo lo que pasaba por las mentes de estas seductoras adelantadas.
Al parecer, yo era uno de los escogidos, privilegiado de la pecosa  y con cintillo blanco en el pelo, pero en lugar de disfrutar de tal elección me sentía avergonzado e intentaba por todos los medios posibles “mantener distancia” con la pecosa. A pesar de eso, un buen día llevó al ensayo un clavel blanco, o no recuerdo si ella lo llevó o lo encontró tirado por ahí entre los bancos de la sala de clases, pero éste comenzó a transitar de mano en mano y de atril musical en atril musical hasta que llegó a las manos de la bonita pecosa. Ella en un gesto inolvidable me lo obsequió, pero yo, aprendiz fracasado y desconcertado de galán, lo rechacé. No recuerdo qué cara puso la pecosa, ni sé si las pecas se le oscurecieron de rubor o rabia, pero el momento romántico coincidió con la orden del director de comenzar a tocar. Entonces, en otro gesto imborrable, espontáneo e impensado, antes de ser descubierta con el clavel en la mano, la pecosa lo introdujo en mi flauta por la parte de abajo, en medio de las sonrisas de quienes observaban la escena y hacían esfuerzos por no soltar las carcajadas. Todos reían menos yo.
Al movimiento descendente de la mano del profesor, el conjunto comenzó a tocar. Las guitarras, el bombo, el pandero, las flautas y el coro comenzó con la letra de una canción que he olvidado. Sin embargo las risas de las primeras filas no paraban. El profesor miraba, tocaba su acordeón pero no entendía que pasaba y ya estaba perdiendo la paciencia. El motivo del jolgorio era que yo, en un esfuerzo por no ser descubierto con el clavel dentro de mi flauta, seguía tocando, aunque en realidad solo movía los dedos porque de la flauta dulce no salía ningún sonido. El clavel blanco obstruía la salida del aire, con todo, yo muy serio seguía “tocando” muy concentrado sin mirar hacia los lados. Alguien le sopló al profesor lo que pasaba y yo solamente movía los ojos. Estaba rígido y pálido, no hacía ningún movimiento, quería hacerme invisible. Con un gesto severo el profesor hizo silenciar la tonada que el conjunto interpretaba o intentaba interpretar. Los de las últimas filas no entendían lo que estaba pasando y por la cara que tenía el profesor se acabaron también las risas de las primeras filas.-Haber Juancito-me dijo el profesor, y yo quedé petrificado, como traspasado, sin respiración y con la garganta seca.-Toca tú sólo tu parte, toca tu flauta- Quedé unos segundos en silencio, segundos que me parecieron una eternidad, mientras como telón de fondo lejano se oían las risas de todos que me miraban atentos para saber que iba a hacer…tragué saliva y soplé al tiempo que digitaba unas notas mudas que por más que yo soplaba no salían de mi flauta ¡El conjunto explotó en carcajadas contenidas hacía mucho rato!, mientras yo, sintiendo la cara hervir, trataba de mantener la compostura e intentaba sonreír torpemente y seguía soplando, solo para recibir el aroma y sabor del clavel en mi boca. De pronto el rictus severo del profesor  cambió y una sonrisa divertida y pícara salió de debajo de su tupido bigote negro. A mí el corazón me latía a mil y sentía la cabeza como un tomate caliente. -Saca el clavel-me dijo el profesor riendo, y yo como pude introduje un lápiz nerviosamente y comencé a destrozar la flor, que tan azorada como yo se negaba a salir. Al final, prácticamente destrozado, húmedo y fragante, deshojado y triturado quedó en mi mano todavía temblorosa y sudada.-Pásamelo-dijo el profesor, riendo tan alto como los demás. Tomó el clavel todo destartalado, lo levantó, lo giró varias veces y haciendo callar las risotadas dijo -“por favor las enamoradas, contrólense, no ven que me distraen al muchacho aquí”-. A esa altura no tenía idea donde estaba la pecosa ni supe si estaba tan avergonzada como yo, si lo estaba se quedó callada y yo asumí el papelón.
El profesor dejó el clavel sobre un banco cerca suyo, colocó su gran mano en los botones del acordeón y alzando la mano derecha, a la cuenta de 1,2 y… el conjunto comenzó a tocar. Ya todo había pasado. Yo tenía la frente empapada de sudor que entre más lo secaba más me inundaba y llegaba hasta los ojos y tenía la camisa celeste mojada en la  espalda y eso que ya se había escondido el sol hacía rato.

lunes, 3 de diciembre de 2012

El arte de ser pareja


                                               Ps. Juan E. Barrera 
Ser pareja, en la opinión de los expertos es un arte, es decir, que es una mezcla de técnica y capacidades “innatas”, como lo es la pintura o la música. Esto pudiera parecer una exageración dada la gran cantidad de parejas que existen en comparación con el desarrollo artístico, siguiendo el mismo ejemplo, pero no lo es. Ser pareja es algo que se aprende, pero que necesita construirse a partir de algunos elementos básicos. Elementos emocionales desarrollados en la niñez, en la familia, en una red emocional sana. Existen muchas parejas, pero no todas se llevan bien ni son felices. Algunas sobreviven por años a la rutina y el tedio. Otras viven peleando y este llega a ser el único vínculo que los une. Si dejaran de pelear verían que no tienen nada. Otras parejas jamás debieron casarse. ¿Pueden cambiar las personas? ¿Se puede esperar un cambio del cónyuge? Sí, el cambio es posible, no obstante éste se produce bajo ciertas condiciones elementales para su realización. La primera es que la persona desee cambiar. No porque el cónyuge desee que cambie este lo va a hacer. Hay parejas que llevan años esperando que su cónyuge cambie, sin embargo esto no ocurre. El cambio es un proceso profundamente interior, un deseo íntimo de renunciar a ciertos hábitos, conductas, pensamientos, actitudes que son los que están dañando a la otra persona. La bibliografía y la propia experiencia clínica revelan que las condiciones para el cambio son:
1. Hacerse cargo de uno mismo. Escribí sobre esto en mi blog (Contra el mundo a favor del mundo) Esto quiere decir, en pocas palabras, que la persona debe asumir la responsabilidad por sus actos. No escudarse en un “es que yo soy así” ni culpar al otro, sino que en un acto de reflexión debe reconocer aquello que está dañando la relación y buscar el cambio.
2. Calmarse ante la situación conflictiva. Dejar de enredarse en los conflictos, “bajarse” de ellos y en lugar de gastar tiempo y energía en conflictos repetitivos o circulares, centrarse en la búsqueda de un cambio verdadero, perdurable, restaurador. Dejar de pelear y centrarse en el cambio.
3. Ordenar el “desorden”. Determinar cuáles son las conductas o actitudes que están dañando la relación. Priorizar en esta lista negativa. Focalizarse en los verdaderos conflictos y no en el ruido que ha inundado a la pareja. Dejar de buscar responsables y centrarse en la relación conflicto-emoción-interacción, pues este es el verdadero origen de los conflictos. El tipo de interacción que la pareja ha forjado, la música con la que bailan y las emociones involucradas.
4. Ser preciso.Centrarse en un problema a la vez. Partir con aquella conducta-emoción-interacción que más daño causa y que requiere urgente un cambio. Reflexionar (lo que ya es un desafío para muchos) cuándo y cómo se inició esa interacción negativa y los caminos hacia el cambio. Centrarse en ello hasta ver resultados.
5. Escribir la historia de los intentos de las soluciones pasadas, las que en lugar de producir el cambio lo han perpetuado. Los conflictos no se resuelven solos, el tiempo no arregla los problemas, al contrario, si estos no se solucionan el conflicto crece hasta el punto en que ya no hay marcha atrás, por cansancio, falta de compromiso, desinterés, etc. ¿Cuáles han sido las soluciones planteadas para cambiar? ¿Han resultado?
Hasta aquí algunas sugerencias en la búsqueda del cambio en la pareja. Recordemos las palabras del profeta Amós en el capítulo tres de su libro “¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?” y las palabras de Salomón en el Cantar número 2  “Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas, porque nuestras viñas están en cierne”. Para ser pareja hay que caminar en la misma dirección, estar de acuerdo, caminar “enyugados”: El cambio es posible pero el yugo debe ser compartido. Las zorras pequeñas son aquellos conflictos, al parecer menos importantes y que si no se les toma en cuenta acabarán con el matrimonio. No cazarlas en el momento oportuno hará que el cambio se vuelva cada vez más difícil de realizar.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Hoy es tu cumpleaños


                                                            Hoy es tu cumpleaños 
Este 25 de Noviembre es tu cumpleaños, el tercero desde que ya no estás. Hoy cumplirías doce años, doce alegres y divertidos años. Muchas cosas han cambiado desde que te fuiste. Nuestra familia ha cambiado, yo he cambiado, tu madre ha cambiado, tu hermano ha cambiado y las circunstancias han cambiado. Muchas cosas no te gustarían y tal vez por eso te fuiste. Nada es lo mismo sin ti. Cuatro años es muy poco tiempo para olvidarte y dejar de llorarte y nueve años fueron muy pocos para amarte. Fuiste un ángel gordo que pasó por nuestras vidas, como un suspiro, como un aroma dulce pero breve. Recién había abierto mis ojos y ya no estás. Aunque en verdad no te has ido, no te puedes ir y nunca te irás. Todavía no recupero mi energía de antes y tal vez nunca la recupere. Lucho por rearmarme y seguir con el consejo de tu dedicatoria para mi cumpleaños “papito que seas feliz”. Muchas veces he dicho que tu partida apresurada me cambió. Quiero contarte algunas de las cosas en que tu partida me cambió.
Desde que tú no estás:
-no puedo andar en bicicleta
-no puedo ver a la Rupertina
-no puedo escuchar a “Los Rebeldes”
-no puedo escuchar a la Shakira
-no puedo pasar frente a los “Dos por uno”
-no puedo pasar frente a tu escuela
-no puedo no llorar al ver a tu amigo Marcelo
-no puedo comer pizza
-no puedo ver los Padrinos Mágicos
-no puedo ver el Gato Cósmico (te le pareces mucho con tu polerón verde con el cierre en el estómago y me recuerda tus carcajadas)
-no puedo hacer un asado sin recordarte con el rociador en la mano
-no puedo ir a Fantasilandia
-no puedo dejar de mirar a cada niño gordo que se te le parece
-no puedo ir a la casa de San Antonio
-no puedo jugar “al tiburón” ni a la “tormenta” en el agua
-no puedo pasar por la esquina aquella
-no puedo disfrutar de la navidad
-no puedo borrar tu foto del computador
-no puedo no extrañarte los sábados por la tarde
-no puedo no recordarte y entristecerme al ver a tu amiga Isidora
-no puedo ir a San Sebastián
- no puedo no entristecerme al ver niños jugando en la calle
-no puedo no llorar al ver tu puesto vacío en la mesa
-no puedo escuchar ni ver a la Dulce Roberta
-no puedo escuchar a Karen Paola
-no puedo ver ni deshacerme de tus juguetes
-no puedo cantar "Mueve el ombligo" de la Kristel
¿Seré el mismo después de tu partida?
Me preguntan -¿Cómo estás?- Yo digo -más o menos- y ellos me preguntan ¿por qué?
Te amo
El papá


lunes, 5 de noviembre de 2012


Se ha ido mi viejo. O el mundo en un dormitorio
Ps. Juan E. Barrera
Este fin de semana recién pasado se fue mi viejo, se llamaba Enrique, así a secas, un solo nombre, Enrique Barrera Sanhueza. Era un hombre pequeño de estatura pero de un gran aguante en el trabajo. Hizo muchas cosas en su vida. Fue repartidor de diarios, aprendiz de mecánico, chofer de micro, maestro, chofer repartidor de madera y todas estas actividades las realizó con mucho esfuerzo. Por sobre todo fue un hombre bueno, bebedor solitario, mezquino de amigos, quien no faltó un día al trabajo. Tomó el camino sin regreso el 27 de Octubre y lo hizo de forma inesperada. Su cuerpo debilitado no aguantó más ¡Qué sensación! Pena, resignación, dolor, vacío, nostalgia y muchas emociones más. A los 73 años murió mi papá y quedé huérfano. Me va a ser falta verlo sentado en el patio leyendo La Cuarta, con su sombrero café y el bastón sobre la mesa. Ya no reclamará más, ya no sufrirá más y no peleará más con la mamá. Hoy debe estar manejando su camión allá en el cielo, junto con sus nietos y algunos amigos. Debe andar repartiendo madera de morada en morada, con el volante frotándole la panza y tarareando algún viejo tango, con sus gafas negras chuecas y sus patillas a lo Elvis. La vida le tocó dura y no tuvo el tiempo suficiente para reflexionar y llorar. Él era alguien al que solo había que amar. Somos nosotros, su familia quienes lo lloramos y lo extrañamos. Partió el tata y se fue sonriendo, por primera vez en mucho tiempo. ¿Qué habrá visto al abrir los ojos en la eternidad que le hizo sonreír? ¡A Jesús el Hijo de Dios! ¡A sus nietos que le recibieron! Ya sin dolor, ni lágrimas, porque todo ha quedado a tras para él. La eternidad se le vino encima y se vistió de ella al terminar esa mañana de sábado. 
Una vez en casa, terminado todo el ajetreo de las exequias y de los abrazos y buenos deseos de los amigos, entré a su dormitorio y entrar allí fue descubrir otro mundo, su mundo. Me emocioné y sus imágenes vinieron automáticamente a mi mente. Su porte, su aroma, su bigote, el tono de su voz, su manera de toser, su postura. Allí estaba sobre el velador su vieja radio cassetera, uno de sus tesoros. El closet lleno de cachureos, el televisor, compañero en su soledad y algunas fotos, suyas, de nosotros, de mis hijos. Una Biblia deshojada abierta en el Salmo 121 y ropa tirada por todas partes. El mundo de mi viejo cabía en un dormitorio al que nadie podía entrar mucho tiempo. Se encerraba allí y nadie lo sacaba de manera alguna. Con la partida del papá se cierra para mí un ciclo importante. Ya nunca más seré el mismo, aunque hace ya algunos años que no lo soy. Con la partida de mi viejo se acabó el tiempo de la familia primera, la de los primeros recuerdos, la de la infancia, de la adolescencia, la de los conflictos y las alegrías, la de los almuerzos juntos, de las navidades y de unos pocos veraneos en Cartagena. Me vendrá a ver como él creía que hacían sus nietos ¿en una mariposa? ¿En una estrella fugaz? ¿En una brisa suave de atardecer veraniego y santiaguino? Tal vez sí, tal vez no, porque los que amamos y que se van, en realidad no se van, están aquí con nosotros, en nuestra mente y en nuestro corazón, en nuestras pupilas, en nuestras gargantas y salen y se dejan ver continuamente. Recordamos las palabras del escritor bíblico quien nos recuerda, por si lo olvidamos que “…¿Qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece”, eso somos, una neblina tenue que se deshace al sol, el Sol de Justicia, que nos espera. Hasta el re encuentro mi viejo, con un abrazo, ese que nunca quisiste darme aquí en la tierra.

domingo, 21 de octubre de 2012

Qué es el estrés y cómo combatirlo


Qué es el estrés y cómo combatirlo
Ps. Juan E. Barrera

Estrés es una palabra que viene del idioma inglés y quiere decir fatiga, en el contexto de una reacción fisiológica orgánica frente a cierto tipo de situaciones.
El estrés es una defensa natural del organismo frente a situaciones límites que se presentan a diario en la vida de cualquier persona. Estas situaciones pueden ser de variada intensidad. Las dificultades se inician cuando estas situaciones límites se extienden por mucho tiempo, porque entonces el cuerpo entra en un estado de tensión que no es lo habitual ni lo natural para el organismo. Este estado de tensión abarca a la persona completamente. El estrés tiene componentes cognitivos, emocionales, por supuesto, físicos y también sociales.
La persona bajo estrés se siente agotada, con dolores de cabeza, trastornos gastro intestinales. Emocionalmente se siente sobrepasada, con angustia, con ganas de llorar. Preferiría pasar el tiempo durmiendo. Se aísla socialmente, está irritable, siente que ha perdido el control de la situación y hasta de su vida.
Los factores estresantes son muchos. Los test evalúan aspectos relacionados con la salud, la relación de pareja, pérdidas, horas de descanso, satisfacción personal, expectativas, etc.
El estrés produce mucho daño a la salud porque pone en alerta a todo el cuerpo y si este estado de alerta o alarma se prolonga en el tiempo comienza a producir efectos nocivos en muchas áreas. Algunas enfermedades asociadas al estrés son: úlceras, gastritis, dispepsia, trastornos sexuales, migraña, hipertensión arterial, infarto al miocardio, entre otras.
Algunas estadísticas, como las realizadas por la Sociedad Americana de médicos clínicos dicen que el 70% de las consultas realizadas por la población norteamericana tienen su origen en problemas psicosomáticos y que tienen como origen el estrés. El 30% restante consulta por enfermedades orgánicas de tipo gastrointestinal.
A las enfermedades físicas producidas por el estrés hay que agregar los trastornos psicológicos como las neurosis, trastornos de ansiedad, depresión y otros.
La vida moderna en sí se ha vuelto estresante. Las largas distancias en la ciudad, los problemas de tráfico, la falta de dinero, el peligro de la delincuencia, jornadas laborales agotadoras, la ideología del consumo, etc. Estas situaciones no van a mejorar con el tiempo y se debe aprender a vivir con ellas. Algunas soluciones son los llamados Enfrentamientos al Estrés o Cómo manejar el estrés.
Algunas sugerencias útiles son las siguientes.
Eliminar actividades de la agenda. Quedarse con aquellas que son imprescindibles. Eliminar las actividades secundarias o prescindibles. La sobre carga de actividades produce estrés, la renuncia a alagunas de ellas trae tranquilidad, alivio.
Dormir la cantidad de horas apropiadas. Algunos llaman cura de sueño a aquellas ocasiones planificadas para dormir mucho. Acostarse temprano y dormir hasta tarde sin interrupciones. El dormir permite al cuerpo y a la mente, a través del descanso, recuperar la energía.
Manejar el diálogo interno. Todos hablamos con nosotros mismos. Habitualmente tenemos un diálogo interior. Frente a las tensiones, hasta verbalizamos ciertos pensamientos. Este diálogo puede ser negativo “no voy a ser capaz”, “No puedo hacerlo”, “de esto sí que no salgo”, etc. Este diálogo debería ser positivo “soy capaz, voy a terminar el trabajo en el plazo que me pidieron”, “es difícil pero lo puedo hacer”, “soy capaz, es cuestión de tiempo”, etc. La diferencia en el diálogo interno marca la diferencia en cómo se reacciona frente al estresor. Este diálogo también puede ser catastrófico lo que complica más la situación.
Resolver aquello que se puede resolver. Solucionar aquellas situaciones que están al alcance, baja el nivel de estrés. Esas cosas sencillas que si no se resuelven se vuelven una carga son las primeras que se deben resolver y se debe hacerlo una a la vez, no “chutear” estas situaciones. Esto devuelve la sensación de control, de ser el dueño de la vida. Muchas veces el estrés es la acumulación de cosas pequeñas no resueltas en el tiempo y no las grandes cosas sin solucionar.
Evitar el sedentarismo. Las salidas al aire libre, conectarse con la naturaleza coloca a la persona en contexto. Lo saca del ensimismamiento, le revela que no es el centro de todo, que las circunstancias cambian. La belleza del entorno reanima, reconforta. Junto con esto, el ejercicio físico apropiado es una buena forma de evitar el estrés. El esfuerzo realizado tiene un efecto sanador. Si a esto se suma una dieta apropiada la persona se sentirá mucho más saludable.
Evaluar el estilo y ritmo de vida que se lleva. El estrés es un aviso que le advierte a la persona
que hay situaciones que debe cambiar. El estilo de vida tiene que ver con el tiempo que se dedica al trabajo, al ocio, a la diversión. Se relaciona con los gastos que se tiene, con los valores que se tiene y se vive. El estilo de vida también se relaciona con el ritmo, con la intensidad con que se vive. Muchas personas viven de manera ansiosas, desean esto, lo otro, no termina algo y ya comienza otra, se llena de culpa, de ira, etc. A veces será necesario “sacar el pie del acelerador” y vivir mejor. No se trata solo del tiempo de calidad, la cantidad es importante, hacer las pausas, darse tiempo, ir más lento ayudará a mantener la salud.
Finalmente, el desarrollo de una espiritualidad apropiada funciona como elemento protector. Si la persona es creyente y acepta que Dios tiene el control y que toda circunstancia tiene un propósito, que la vida tiene un sentido, sentirá menos estrés que la persona que se considera víctima de las circunstancias, del destino o del azar. Además será capaz de mantener la serenidad, la esperanza  y la alegría frente a las situaciones que le toque enfrentar.



Bibliografía
Orlandini O.: El estrés. Qué es y cómo evitarlo. Ed. Fondo de cultura. U.S.A. 1996
Lush Jean.: Las mujeres y el estrés. Ed.Unilit, Miami 1997
Weiss Brian: Eliminar el estrés. Ed.Vergara.U.S.A 1994
http://remedios.innatia.com/c-remedios-sintomas-estres/a-definicion-de-estres.html
http://www.desestressarte.com/estres/estres-enfermedades.html
http://www.derf.com.ar/despachos.asp?cod_des=76039&ID_Seccion=52

domingo, 30 de septiembre de 2012


Facebook y la infidelidad en la pareja
Ps. Juan E. Barrera 
Las redes sociales han revolucionado la manera como nos comportamos. Crean una realidad que nunca antes conocimos y sus alcances y ventajas son infinitos. No obstante, su uso inapropiado contrae riesgos. A los peligros ya conocidos que enfrenta toda pareja, falta de comunicación, falta de dinero, problema con los hijos, etc, se debe agregar ahora el uso de facebook. Aprox. 400 millones de personas usan esta red social y Chile, de acuerdo a un estudio citado por el diario La Tercera, es el tercer país del mundo que más horas dedica a su uso, superado solo por Filipinas y Malasia, con una cobertura de 90, 3 %. Es decir casi cada persona que usa internet en Chile tiene una cuenta en facebook o en otra red social. Esto se ha convertido en otra oportunidad para la infidelidad. Es una tendencia que es posible comprobar en la práctica clínica. Son muchos los hombres y mujeres que consultan porque han iniciado una relación a través de internet. Al inicio es solo un juego. La mayoría de las veces con alguien con quien se tuvo una relación en el pasado, los “ex”. Esos fantasmas que muchas personas no logran espantar de sus vidas. Comienza con una amena conversación que luego va derivando en conversaciones más íntimas, recuerdos, imágenes, bromas, etc. Después deriva en una conversación de carácter más afectivo y que puede terminar en temáticas sexuales. Desde ahí solo hay un pequeño paso a la infidelidad real, basta una cita y esta se materializa. ¿Por qué ocurre esto? Hay varias respuestas, una de ellas es que el mundo virtual no tiene fronteras o barreras geográficas y es posible ubicar personas que de otra manera sería imposible hacerlo. Los límites y las formalidades, el pudor, y las distancias de la vida real se ven disminuidos frente a una pantalla. Resulta mucho más fácil escribir algunas cosas que decirlas mirando cara a cara a la otra persona. La falta de comunicación en pareja, la soledad, el aburrimiento, la falta de intereses comunes son otras razones de por qué muchas personas buscan esta compañía virtual, que como se ha dicho, muchas veces deja de ser virtual y se vuelve real. Ya es común oír testimonios de personas que se conocen a través de facebook o de otro medio en internet y abandonan sus parejas o las engañan. Ayudan a esta situación también algunas características; se puede comunicar desde la propia casa, en el trabajo donde el cónyuge está ausente, desde un teléfono móvil, etc. El “sabor” lo coloca el juego, lo clandestino, la curiosidad, la novedad. Las consecuencias son siempre las mismas, engaño, culpa, dolor, desilusión, vidas destrozadas por no saber parar a tiempo lo que puede convertirse en una adicción, en una seducción, estar permanentemente conectados. ¿La solución? Si se da cuenta que cierto tipo de comunicación o conversación se torna cada vez más frecuente y la intensidad de estas conversaciones va variando y cambiando de tono no siga adelante con eso. No pierda tiempo en facebook. Si lo abre desde el trabajo no lo haga, si estar conectado llega a convertirse en una conducta habitual y dañina, cierre su cuenta. Si usted es de las personas que no puede no estar conectado, que ventila su vida, que cuenta lo que hace y no hace, aunque a nadie le importe, usted tiene un problema importante ¡Cierre su cuenta! Cuide su relación de pareja, no abra su intimidad a otras personas, mantenga límites claros. No hay que olvidar las palabras del Maestro en el evangelio de Marcos “…no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido que no haya de salir a luz”. Que no nos cubra la vergüenza si no la luz y el arrepentimiento.