martes, 19 de julio de 2022

“Un saludo tripartito”

Queridos amigos y hermanos que gustan de la predicación expositiva, comparto el mensaje 1 de una serie del libro de Filipenses, libro del gozo y el compañerismo cristiano.

“Un saludo tripartito”

Serie: “Filipenses: Gozo en la vida diaria”

Introducción

Datos generales

-Está escrito en griego

-Se lee la epístola completa en 15 minutos

-Contiene cuatro capítulos

-Contiene 104 versículos

-Contiene 2002 palabras

Trasfondo

1) Autor: El apóstol Pablo, mientras estaba bajo arresto domiciliario en Roma, en espera de juicio tras apelar al emperador romano Nerón.

2) Fecha: 60-62 d.C.

3) Destinatarios: Los creyentes de  la ciudad de Filipos, situada al noroeste de Grecia. A 26 kilómetros de la actual ciudad  portuaria de Kavalla.

4) Escrita desde: Roma

5) Propósito: Expresar gratitud por el afecto y el apoyo económico que los hermanos de Filipos le habían dado durante su segundo viaje misionero y su encarcelamiento en Roma (1:3–11; 4:10–19)

6) Idea principal del libro: La unidad, y sus complementos, y el fruto que es el gozo.

7). Temas abordados: Justicia, humildad, gratitud, exaltación y señorío de Cristo.

8). Palabras claves: Cristo Jesús, gozo (gozarse, regocijarse), sentir (pensar unánimes), evangelio.

9) Forma parte de las epístolas llamadas Epístolas de la prisión (Efesios, Filipenses, Colosenses y Filemón)

10) Razones para estudiar la epístola: Contiene enseñanza respecto de la alegría, la esperanza, las relaciones humanas, el señorío de Cristo, el futuro, el sufrimiento, entre otras.

I. Un posicionamiento: “Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo”v.1

Este es solo un saludo, no obstante ya nos entrega información importante. La visión que el apóstol Pablo y Timoteo, quien tal vez hizo de secretario, tenían de sí mismos. Ellos se consideraban como siervos.

“siervos”-Doulos, en el sentido positivo y no negativo de la palabra esclavo. “en sentido espiritual, es uno que sirve a su Señor con alegría de corazón, en novedad de espíritu, y en el gozo de una perfecta libertad”

“siervos”-Doulos, en el sentido positivo y no negativo de la palabra esclavo. “en sentido espiritual, es uno que sirve a su Señor con alegría de corazón, en novedad de espíritu, y en el gozo de una perfecta libertad”

Aplicación

1. La manera de ver la vida es distinta si uno se considera siervo o señor.

Respecto de Dios

El siervo

-El siervo escucha, obedece y actúa

-No toma decisiones ni discute las decisiones

-No posee nada

El siervo oye la voz de su amo y obedece

El señor (amo)

El señor decide

El señor no rinde cuentas ni da explicaciones

El señor es el dueño de todo

El amo es Jesucristo

Cuyo carácter es santo, “lleno de gracia y verdad”, por lo que debería resultar más fácil ser siervo de él que de otra persona.

“Cuánto más le sirvo más es su dulzor” cantaban los hermanos hace unas décadas atrás.

Respecto de las personas

El siervo, no es superior, sirve

Pablo: 1 Corintios 4:1:    Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios.

Jesús: Juan 13:5: Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.

Pablo destaca la posición de Jesús como siervo: Filipenses 2:7: “Sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres”

 II. Una posición “a todos los “santos” en Cristo Jesús.v.1

La doctrina de la santificación es clara, el creyente “tiene” dos santidades:

1. La santidad posicional, que ha sido ganada por Jesús en el calvario y es imputada al hombre que cree. El hombre pecador es declarado santo a través de la obra de Cristo.

Esta verdad es enseñada en muchos lugares del Nuevo Testamento y es confirmada en esta epístola también. Pablo escribe a los “santos”, los que han sido apartados para Dios.

2. La santidad como experiencia que debe ser renovada constantemente. En la epístola a los “santos” hay algunos pecados: falta de unidad, sufrimiento, desacuerdos a los que el apóstol busca solución.

Somos santos y buscamos la santidad, esa es la condición espiritual del creyente. Si la salvación dependiera de la santidad experiencial, no seríamos salvos porque el pecado está siempre presente en nuestra vida. La batalla es la búsqueda de la coherencia entre estas dos posiciones.

Aplicaciones

1. Frente a la santidad posicional el creyente debe:          

-agradecer

-alabar

-adorar

-liberarse de la culpa

2. Frente a la santidad experiencial el creyente debe:

-identificarse con Cristo

-Consagrarse a Cristo

-despojarse del viejo hombre

 III. Una petición: “Gracia y paz a vosotros”.v.2

Este era el saludo tradicional en las epístolas. Pude ser tres cosas.

-Una exclamación

-Una declaración

-Un deseo piadoso

Pablo lo usa en todas sus epístolas.

La palabra gracia la usaban los griegos, y la palabra paz era el saludo que usaban los judíos.

Gracia: ( Charis)“En el lenguaje del Nuevo Testamento la gracia (kharis) denota no sólo favor inmerecido, como se suele interpretar, sino la fuente de toda bendición. Suele referirse a los dones o beneficios que de Dios recibimos.”

Pablo desea a los filipenses entonces todas las bendiciones del Señor sobre la iglesia, sobre los dirigentes y sobre la hermandad: alegría, contentamiento, provisión, salud, fe, esperanza, etc”

Paz (Eirene-Shalom judío) “Incluye todo cuanto contribuye al bienestar del creyente, tanto en el orden espiritual como en el temporal”

La paz es el resultado de la gracia: «Justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Ro. 5:1).

Aplicación

1. Necesitamos la gracia de Dios en nuestra vida

-porque no merecemos nada

-porque no tenemos nada

-sin la gracia de Dios no lo conoceríamos

-todo lo recibimos de gracia

2. La paz de Dios es el resultado de la gracia

-paz de sabernos reconciliados con Dios

-paz en medio de las dificultades

-paz con nosotros mismos                  

Conclusión

Estos dos versículos son la salutación de la epístola que ya revelan el tono de la carta, un tono amable, tierno.

 En esta sección encontramos un saludo tripartito

1. Un posicionamiento: Siervos

2. Una posición: Santos

3. Una petición: Gracia y paz.


lunes, 18 de julio de 2022

Por qué sufre la gente buena.II

 Por qué sufre la gente buena. II

Mis amigos, gracias por leer mis textos. Les deseo un buen inicio de semana. Comparto con ustedes la continuación del escrito ¿Por qué sufre la gente buena?.

Espero sus comentarios

Un abrazo

Juan

La incertezas

No hay certezas en la vida. Esta es otra paradoja. La cultura nos enseña a creer en las certezas. Esta es una de las pretensiones de la ciencia, hacernos creer que el hombre tiene todo bajo control, que las probabilidades que algo pase son mínimas. “Si te portas bien de seguro te irá bien”. El naturalismo nos enseña casi que la materia es eterna, que lo que vemos es todo lo que hay y que todo se rige por leyes, leyes que no fallan (al menos en el laboratorio)

Lo mejor tal vez sea aprender desde niños que el devenir nos deparará muchas sorpresas y que la mejor escuela es estar preparado para cuando estos cambios lleguen. No hay nada fijo, no hay certezas, no entramos al mismo río dos veces, existen solo unas pocas verdades absolutas a las que acedemos por la fe.

 ¿Y si supiéramos la respuesta?

¿Qué sentimos  cuando escuchamos que alguien considerado malo está sufriendo? ¿Qué emoción experimentamos al oír que un violador de mujeres o de niños ha sido encarcelado? Habrá un grupo grande que sentirá alguna compasión, pero la gran mayoría experimentará alguna inconfesable satisfacción interior. La gente considerada mala no nos genera empatía. Nos genera rechazo y deseamos que paguen por sus actos. El sufrimiento de la gente que consideramos buena, en cambio nos produce empatía. Lamentamos lo que les ha ocurrido. Vemos el noticiero y lloramos al ver cómo la gente buena sufre y muchas veces se exacerban estos hechos para ganar sintonía. Hay una conexión inmediata con la gente buena. ¿Y si supiéramos algo más? una respuesta que nos sorprendiera y el misterio del sufrimiento de la gente buena fuera resuelto, ¿Seguiríamos sintiendo la misma empatía?

“Cuando tiene una explicación, el dolor ya no parece tan malo. Podemos tolerar el sufrimiento cuando sabemos por qué ocurre. Por lo tanto, si encontramos sentido al sufrimiento de la gente inocente, si podemos racionalizar la tragedia, entonces podemos vivir con ella. Podríamos oír el lamento de dulces niños que sufren y no horrorizarnos. Podríamos tolerar el ver corazones quebrantados y vidas destruidas, pues podríamos explicarlo ingeniosamente. Nuestra pregunta sería contestada y podríamos seguir adelante. Pero mientras el dolor de los inocentes sigue siendo algo candente, nos molesta su existencia y mientras no podemos explicar el dolor, debemos aliviarlo. Si el sufrimiento de la gente inocente no es adecuado para nuestra visión del mundo, debemos erradicarlo. En lugar de justificar su dolor, necesitamos librarnos de él.”[1]

El sufrimiento no tiene leyes, al menos no las observamos.

El sufrimiento es una experiencia independiente en sí misma. No tiene una manera única de comportarse, un orden al que las personas pueden someterse y de esta manera evitarlo. El sufrimiento no es un ente que nos diga “haz esto y me evitarás, o deja de hacer esto y me evitarás”, como no tiene una estructura, las personas no podemos hacer nada para no encontrarnos con él. ¿Será una cuestión de azar? ¿De probabilidades? ¿De genética? El sufrimiento no se rige por una ley o leyes que nos proteja si las obedecemos, ni es el resultado del obrar de una persona.

El sufrimiento es ciego

 No distingue entre personas buenas y malas. Así como el sol o la lluvia no hace distinción moral alguna, el sufrimiento tampoco. Y viene como un torrente indeseable que no respeta clase social, género, edad ni actividad. El sufrimiento nos iguala, nos hace humanos, y los humanos sufren. No le pasan cosas a la gente buena y a la gente mala, solo suceden cosas. Hay experiencias que son comunes a los “buenos” y a los “malos”: enfermedades, accidentes, problemas relacionales, imprevistos, desastres naturales, etc. Muchas veces intentamos controlar estas cosas que pasan por medio de las supersticiones, o pensamiento mágico, que son rituales que suponen evitarían esta cosas que pasan.

La genética

La gente buena está sujeta a las leyes de la genética independiente de su comportamiento y mucha gente buena arrastra enfermedades graves y sin cura que se manifiestan en diferentes edades y de acuerdo al entorno en que viven. Algunos datos curiosos sobre la genética por ejemplo son:[2]

1. Si viviéramos lo suficiente, todos desarrollaríamos cáncer. El cáncer es ocasionado por mutaciones en las secuencias de ADN, y aunque algunas de ellas son ocasionadas por factores como la luz ultravioleta y los rayos X, otras suceden simplemente por errores en la replicación del ADN. Es por eso que todas las personas están propensas a desarrollar la enfermedad, y si todos vivieran el tiempo suficiente, en algún momento de sus vidas la padecerían.

2. Los hombres viven menos que las mujeres: la culpa es de los genes

En 2009, un estudio de la Universidad de Agricultura de Tokio descubrió que un gen específico que se activa sólo en los hombres podría determinar por qué las mujeres viven más. El gen permite a los hombres desarrollar cuerpos más grandes y fuertes, pero con el costo de tener un menor tiempo de vida.

3. Tomaría 50 años transcribir el ADN a una persona. Si alguien escribiera 60 palabras por minuto en un teclado, en horario laboral (8 horas al día), le tomaría aproximadamente 50 años transcribir el genoma humano.

4. El genoma completo ocuparía 3GB en una computadora. La secuencia completa de nuestro ADN es lo que se le llama genoma. Nuestro genoma tiene alrededor de 3 billones de bases de ADN, lo que necesitaría 3 Giga Bytes de espacio de almacenamiento si quisiéramos guardar cada base en una computadora.

5. ADN desenrollado podría dar 600 vueltas de la Tierra al Sol. Si alguien tomara las cadenas de ADN de todas las células que tiene en su cuerpo, las desenrollara y las juntara punta a punta, tendría una cadena tan larga como para conectar el Sol y la Tierra 600 veces, o para conectar la Luna y la Tierra 6,000 veces.

 Joseph Merrick nació en 1862 en Inglaterra y murió a los 27 años. En sus primeros años de vida ya presentó anomalías en su piel que era grumosa y espesa, le salió un bulto grande en la frente. Sufría de una rara enfermedad de origen genética llamada Síndrome de Proteus, que es producido por un gen anormal del cromosoma 10, conocido como PTEN, Phosphatase and Tensine homologue, sólo existen un poco más de 200 casos en todo el mundo identificados, es decir, ¡una incidencia de 1 de cada 65.600.000 millones de personas. Fue conocido como el hombre elefante.

La maldad de otros

No hay nada que la gente buena pueda hacer frente a la maldad de otros y a pesar de su bondad sufre por el daño producido por terceros, “mi padre fue asesinado en un asalto” me contó una persona hace poco tiempo. “mi madre murió por una negligencia médica” me contó otra persona, muy afectada, un daño ajeno voluntario e involuntario.

Son muchos los ejemplos de gente buena que sufre por la maldad, por actos específicos de otros, maldad que la ley no siempre puede controlar. Maldad que ocurre al interior de los hogares, en los trabajos. Gente buena que sufre por la maldad de personas que debían amarlos y protegerlos y sin embargo los daña. No hay manera de impedir este daño de la gente buena. Un claro ejemplo de lo que estoy mencionando es la historia de Josef Fritzl, el monstruo de Amstetten.

“El incesto existe desde el principio de los tiempos, sin embargo, uno de los casos más impactantes es la historia de Josef Fritzl, el monstruo de Amstetten, en Austria.

Fritzl mantuvo por 24 años secuestrada a una de sus hijas, periodo en el que no sólo abusó sexualmente de ella en más de tres mil ocasiones, sino que además procrearon siete hijos.

El hombre comenzó a violar a la niña cuando ella apenas tenía 11 años y a los 18 decidió encerrarla para siempre en el sótano del hostal donde él vivía junto a su esposa, y donde además arrendaba habitaciones.

Antes de convertirse en uno de los hombres más repudiados del mundo, Josef vivió junto a sus padres en Amstetten  y fue criado como hijo único. Su familia tenía serios problemas de dinero y su padre -también de nombre Josef- no hacía nada por solucionarlos, además le era constantemente infiel a su esposa.

Cuando Fritzl tenía cuatro años, su padre los abandonó y nunca más volvió a contactarlos, aunque con el tiempo se enteraron que el hombre había fallecido en 1944 mientras luchaba en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.

Su madre Mary, en tanto, era una mujer muy estricta y se esforzó por educarlo a como diera lugar. Lo matriculó en una escuela de Amstetten, donde era dos años más grande que sus compañeros. “Probablemente fue por la guerra que empezó la escuela tan tarde. Pero era un alumno que pasaba totalmente inadvertido. Incluso diría que fue uno de los mejores alumnos que teníamos”, señaló uno de sus compañeros, Karl Dunki, en el documental Josef Fritzl: Story of a Monster.

La relación con su madre era muy complicada y aunque de cierta forma  se sentía una especie de esposo para ella, tenía que aguantar constantes maltratos. “Ella nunca me mostró amor, ella me mordía y me pateaba hasta que yo estaba en el suelo y sangrando”, señaló Fritzl en una sesión con el psiquiatra austriaco Adelheid Kastner, la cual fue filtrada por el diario Österreich y posteriormente publicada por el diario inglés The Guardian.

“Me sentía débil y humillado. Nunca me dio un beso o un abrazo a pesar que traté de complacerla siempre. La única cosa que hizo conmigo fue llevarme a la Iglesia (…) Ella me insultaba, me decía era Satán y que no era bueno”, agregó.

Durante la investigación por el secuestro de su hija, también se descubrió que Josef mantuvo a su madre en cautiverio por alrededor de 20 años.

En 1965, la mujer se trasladó al hogar de Fritzl quien aún dolido por la vida que ella le dio, decidió vengarse encerrándola en el ático cuyas ventanas fueron tapiadas con ladrillos para mantenerla en la oscuridad. El hombre la mantuvo allí  hasta que la mujer murió en 1980.

La esposa de Josef, Rosemarie, aseguró que nunca sospechó lo que ocurría con su suegra.

Tras salir del colegio, Josef se comenzó a trabajar como ingeniero. En ese periodo conoció a una tímida joven de nombre Rosemarie, quien se convertiría en su compañera de años.

“Mi hermana siempre fue muy tranquila, una persona muy tranquila y silenciosa. No sobresalía entre la multitud como otros adolescentes. Era una chica tranquila. Se conocieron en una cafetería. Ella nunca había tenido un novio antes. Él fue el primero. Unas semanas después lo llevó a casa para conocer a nuestros padres”, señaló al mencionado documental, la cuñada de Fritzl, quien pidió ser identificada como Christine R.

La primera impresión de la familia fue buena. Casi todos vieron al hombre como una persona trabajadora y cariñosa, sin embargo, con el correr del tiempo esa opinión fue cambiando. A pesar de esto, Rosemarie de 17 años, se casó con Josef sólo meses después de conocerse en 1955.

El matrimonio se fue a vivir junto a los padres de la joven y con el tiempo formaron una familia compuesta por dos hijos y cinco hijas.

Josef continúo con los maltratos hacia su esposa los que no sólo eran físicos, sino que también psicológicos. Además de decirle gorda en cada oportunidad que tenía, se limitaba a darle dinero sólo para la comida y la amenazaba con echarla del hostal donde ahora vivían si no hacía lo que él decía. Por temor, ella siempre lo complacía.

Tras su captura por los horrores que cometió con su hija en 2008,  Josef seguía pensando que su esposa lo perdonaría. “Le he escrito ocho cartas. No he recibido respuesta. Pero sé que aún me ama porque ella siempre ha mantenido su fe en mí”, señaló en una entrevista con el diario Bild.

En 1966 la pareja tuvo a su cuarta hija a quien nombraron Elisabeth. Al igual que su madre, la niña tenía una personalidad tímida y tranquila, algo que no le gustaba a su padre pero que no impidió que comenzara abusar de ella cuando apenas tenía 11 años.

En 1983, cuando tuvo la edad suficiente para cuidarse de sí misma, huyó de su casa y se escondió en Viena, en el hogar de un amigo. La policía, sin embargo, dio con su paradero y la regresaron con sus padres.

Josef comentaba a todos sus amigos que la joven tenía malas compañías y que incluso bebía y se drogaba, por lo que no le extrañaría que volviera a huir de casa.

El 29 de agosto de 1984, Fritzl le pidió ayuda a Elisabeth para llevar una puerta al sótano -donde había construido una habitación secreta- . Cuando estuvieron allí el hombre puso una toalla con cloroformo en el rostro de la joven, quien quedó inconsciente de inmediato. Desde ese día, nunca más volvió a salir de ese cuarto. El hombre la mantuvo encadenada a la pared y sólo la liberaba para violarla.

Mientras eso ocurría la madre de Elisabeth presentó una denuncia por la desaparición de su hija, pero su esposo se encargó de difundir el rumor que la joven se había unido a una secta.

Cerca de un mes después de su partida, la familia recibió una carta supuestamente enviada por Elisabeth donde les pedía a sus padres que no la buscaran.

“Queridos mamá y papá. He decidido mudarme para ser independiente. Estoy con gente que me quiere y estoy a salvo. Por favor no se preocupes por mi ni vengan a buscarme. Esto es mi decisión, mi vida. Por favor, mándenle mi amor a la familia”, decía el mensaje, según consigna The Guardian.

En tanto, prohibió a toda familia e inquilinos que se acercaran al sótano diciendo que había problemas con la electricidad y podrían recibir una descarga.

Durante el tiempo que mantuvo a Elisabeth aislada, la mujer tuvo siete hijos con su padre. Según declaró ella, en 1996 tuvo gemelos, pero uno de los bebés nació con problemas respiratorio y Fritzl se negó a llevarlo a un hospital… El niño murió a los pocos días. Su padre se hizo cargo del cuerpo y lo cremó en la caldera del hostal.

Otros tres menores fueron arrebatados del lado de su madre y dejados en diferentes ocasiones afuera del hogar de los Fritzl para que fueran criados por Rosemarie.

Junto a cada bebé que no superaban los seis meses de edad, iba una carta supuestamente escrita  por Elisabeth, donde decía que no podía hacerse cargo de ellos.

Las autoridades permitieron que Rosemarie y Josef cuidaran a los niños, aunque eran frecuentemente visitados por asistentes sociales, quienes tampoco descubrieron los horrores que ocurrían en la casa.

10 años después del secuestro, Fritzl había adecuado la habitación para la joven y los hijos que vivían con ella. En el cuarto se podía encontrar radio, televisión, video, cocina y refrigerador con comida, la cual ellos podían preparar. Sin embargo, cuando el hombre quería castigarlos, simplemente no bajaba a dejarles alimento durante semanas o les cortaba la luz. Además los amenazaba diciendo que si intentaban escapar abriría el gas para que muriesen asfixiados, lo que no era cierto pues jamás se encontró evidencias de instalaciones de gas en el cuarto.

El hombre bajaba al sótano a diario a las 9 de la mañana y a veces se quedaba toda la noche allí, sin que nadie sospechara nada. Un día, sin embargo, uno de los inquilinos de Fritzl le hizo ver que cada cierto tiempo escuchaba ruidos en providentes del sótano y que su perro ladraba permanentemente hacía el lugar. Josef le aseguró que sólo se trabaja de un calentador de aire viejo.

El 19 de abril de 2008, la hija mayor de Josef y Elisabeth, Kerstin, comenzó a sufrir de fuertes dolores de estómago cayendo inconsciente a las pocas horas. La mujer le rogó a su padre llevarla a un hospital, quien finalmente accedió y llamó a una ambulancia diciendo que había encontrado a la joven así en la puerta de su casa.

En la clínica, los médicos descubrieron que Kirsten de 19 años sufría de un problema renal pero como no contaban con su historial médico comenzaron a buscar a sus padres.

Al día siguiente Josef volvió al hospital señalando que encontró una nota de la mamá de la joven y que era nada menos que Elisabeth. “Por favor, por favor, cuídenla. Kirsten le tiene miedo a la gente. Kirsten, por favor, mantente fuerte hasta que nos volvamos a ver”, decía el papel.

La carta dejó más preguntas que respuestas, por lo que la policía decidió investigar a Fritzl y reabrir el caso de la desaparición de Elisabeth. Desesperado, el hombre sacó a su hija del encierro y la llevó hasta el hospital, esta fue la primera vez en 24 años que la mujer veía el exterior.

El médico a cargo del caso de Kirsten dio aviso a la policía, quienes interrogaron a Elisabeth, quien se negó hablar hasta que le aseguraran que no volvería a ver a su padre. Fue entonces cuando contó toda la historia en detalle, señalando incluso cómo la había obligado a recrear escenas de películas pornográficas en frente de sus niños.

El 28 de abril de 2008, Fritzl fue arrestado por cargos de asesinato, violación, incesto, coacción y esclavización. El hombre reconoció todas las acusaciones y fue condenado a cadena perpetua. No quiso apelar, se encuentra internado en prisión para enfermos criminales de Stein, Austria, donde ha comenzado a mostrar signos de demencia senil. Tiene 80 años.”[1]

 ¿Por qué sufre la gente buena? Sufre porque otras personas las hacen sufrir, aun existiendo fuertes lazos sanguíneos.

 



[1] Tomado de Bernardita Villa. (2016) La historia del hombre que secuestró a su hija por 24 años y la violó 3 mil veces en Bío bío.cl https://www.biobiochile.cl/noticias/sociedad/curiosidades/2016/08/13/la-historia-del-hombre-que-secuestro-a-su-hija-por-24-anos-y-la-violo-3-mil-veces.shtml. Bajado el 13/01/2022

 



[1] Arón Moss

[2] https://www.vertigopolitico.com/todo-menos-politica/subetealtren/la-culpa-es-del-adn-10-datos-curiosos-sobre-el-genoma-humano

lunes, 11 de julio de 2022

El Sufrimiento y la gente buena

 Sufrimiento y la gente buena

-Mamita ¿Yo he me portado mal?- dice el niño a punto de llorar-¿por qué me preguntas eso, mi tesoro?- responde la mamá -porque si yo me hubiera portado bien, no  andaría en esta  silla de ruedas-

-tú siempre te has portado bien, eres muy  lindo- responde la madre, ocultando sus  lágrimas.-¿Entonces por qué Diosito me hizo así, sí yo no me he portado mal?--ay mi niño, las preguntas que me haces-toma aire y se traga un sollozo

Luego guarda silencio y levanta con esfuerzo a su hijo de la silla mientras las pequeñas piernas del niño cuelgan inertes, y sonríe con inocencia y ella se lo come a besos.

 “Yo he sido siempre una persona buena, no le he hecho mal a nadie, ¿por qué me tiene que pasar esto a mí?” Esta pregunta resuena una y otra vez en la vida de muchas personas. Es difícil responderla, aunque la hemos escuchado siempre. Quizá una posible respuesta esté en cambiar la manera dicotómica como vemos la vida, la forma como enfrentamos la incerteza y las paradojas de la vida. En lugar de preguntarnos por qué, tendremos que aceptar que el sufrimiento es ciego, que no tiene leyes, que la genética es importante y que las decisiones y acciones de otros también afectan a la gente buena y finalmente que nunca tendremos una visión panorámica del devenir humano, que siempre estaremos limitados en nuestra manera de enfrentar las situaciones.

 La pregunta eterna

¿Por qué? es una pregunta eterna, que traspasa generaciones y está presente desde siempre en nuestra historia. Que aborda el sufrimiento desde la experiencia misma. “Yo he sido siempre una persona buena, no le he hecho mal a nadie, por qué me tiene que pasar esto a mí?” No hay una respuesta fácil o convincente para quien se hace estas preguntas y me la han hecho en diversas oportunidades. Lo hizo mi padre muchas veces, también lo han hecho algunos amigos, y personas que sufren. No es una pregunta ingenua, es una pregunta que de verdad busca una respuesta.

“¿Por qué mi amigo, que nunca le hizo daño a nadie tiene que sufrir tanto?” “Mi viejo, que nunca hizo nada malo, que siempre se dedicó a nosotros, sufrió hasta el último minuto antes de morir, no es justo” Estas son palabras textuales de personas que conozco. Esta es una pregunta existencial en la que la respuesta solo puede especulativa y ser solo pinceladas de un cuadro que parece no terminarse jamás.

Harold Kushner,[1] un rabino norteamericano, autor del libro ¿Por qué sufre la gente buena? Escribió:

“Hay una sola pregunta que en realidad importa: ¿por qué a la gente buena le pasan cosas malas? El resto de las discusiones teológicas es una mera distracción intelectual, algo así como los crucigramas y pasatiempos del suplemento dominical del periódico, que pueden satisfacer a algunas personas, pero que no tocan ninguno de los problemas existenciales. Toda conversación importante que he mantenido sobre Dios y la religión comenzaba con esta pregunta, o giraba en torno a ella. “

 No sé si esta es la pregunta teológica más importante, pero sí estoy de acuerdo que es una pregunta importante, quizás hoy más que antes, por el énfasis puesto en la sociedad actual en la felicidad y en la búsqueda de placer, que muchas veces se confunden como si fueran las mismas cosas.

Los argumentos que presenta en su libro se relacionan con Dios, con la responsabilidad humana, con los motivos, y otros. Uno no tiene que estar de acuerdo con todo, pero se debe reconocer que el libro es un esfuerzo por abordar un tema complicado y hacerlo sin evasivas.

Yo en las siguientes páginas voy a intentar responder a esta pregunta basándome en las opiniones más corrientes y en mis propias reflexiones.

 Nuestras expectativas

Suelo usar con los pacientes muchas veces en terapia estas palabras, “la vida es como es. No como a mí me gustaría que fuera”. Esta oración hace alusión a las expectativas con las que crecemos y nuestras creencias acerca de cómo deben ser las cosas. Nuestros padres son la primera influencia en como vemos la vida. Si sus propias creencias son apropiadas creceremos con una expectativa más realista de la vida. Si sus pensamientos, creencias, y experiencias son negativos creceremos con un modo de ver las circunstancias también de manera negativa o inflexible. Muchas veces nuestros padres nos enseñan “si haces bien las cosas, siempre te irá bien”, o “todo se paga en esta vida”. La rigidez con que aprehendemos estos pensamientos nos hacen sufrir, al darnos cuenta que no siempre las circunstancias ocurren como creíamos que debían ocurrir. Experimentamos una orfandad temprana, por ejemplo y nos cuesta mucho aceptar esa realidad.

Las expectativas se pueden cambiar o flexibilizar. Es un verdadero trabajo. Las expectativas no cumplidas generan emociones negativas como el enojo, la amargura y la frustración, porque nos quedamos atrapados entre dos pensamientos que se oponen. Por un lado lo que siempre hemos creído que debe ser y por otro lado, la complejidad del día a día, que no responde a nuestra lógica: la gente nos daña aunque no le hagamos nada, ocurren desastres naturales, las cosas no siempre llevan el orden que nosotros les damos y entonces hay que trabajar esta dicotomía hasta aceptar el principio “la vida no es como quiero que sea, la vida es como es” y dejar de preguntarnos por qué.

 Las paradojas de la vida

Muy relacionado con el punto anterior, tenemos la idea de las paradojas. La lógica del devenir no siempre encuadra con lo que hemos aprendido. Un gran desafío es aprender a vivir con las paradojas de la vida. Nacemos para morir, nos gusta el amor aunque a veces nos hace sufrir, perdemos lo que más cuidamos, amamos a quienes odiamos. El principito nos enseña una gran paradoja:

Entonces apareció el zorro:

—¡Buenos días! —dijo el zorro.

—¡Buenos días! —respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.

—Estoy aquí, bajo el manzano —dijo la voz.

—¿Quién eres tú? —preguntó el principito—. ¡Qué bonito eres!

—Soy un zorro —dijo el zorro.

—Ven a jugar conmigo —le propuso el principito—, ¡estoy tan triste!

—No puedo jugar contigo —dijo el zorro—, no estoy domesticado.

—¡Ah, perdón! —dijo el principito.

Pero después de una breve reflexión, añadió:

—¿Qué significa "domesticar"?

—Tú no eres de aquí —dijo el zorro— ¿qué buscas?

—Busco a los hombres —le respondió el principito—. ¿Qué significa "domesticar"?

—Los hombres —dijo el zorro— tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto!

Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?

—No —dijo el principito—. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"?

—volvió a preguntar el principito.

—Es una cosa ya olvidada —dijo el zorro—, significa "crear vínculos... "

—¿Crear vínculos?

—Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más ue un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...

—Comienzo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor... creo que ella me ha domesticado...

—Es posible —concedió el zorro—, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.

—¡Oh, no es en la Tierra! —exclamó el principito.

El zorro pareció intrigado:

—¿En otro planeta?

—Sí.

—¿Hay cazadores en ese planeta?

—No.

—¡Qué interesante! ¿Y gallinas?

—No.

—Nada es perfecto —suspiró el zorro.

Y después volviendo a su idea:

—Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí.

Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.

El zorro se calló y miró un buen rato al principito:

—Por favor... domestícame —le dijo.

—Bien quisiera —le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo.

He de buscar amigos y conocer muchas cosas.

—Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!

—¿Qué debo hacer? —preguntó el principito.

—Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...

El principito volvió al día siguiente.

—Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.

—¿Qué es un rito? —inquirió el principito.

—Es también algo demasiado olvidado —dijo el zorro—. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:

—¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré.

—Tuya es la culpa —le dijo el principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...

—Ciertamente —dijo el zorro.

—¡Y vas a llorar!, —dijo él principito.

—¡Seguro!

—No ganas nada.

—Gano —dijo el zorro— he ganado a causa del color del trigo.

Y luego añadió:

—Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo.

Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.

El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:

—No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros.

Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:

—Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes.

Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.

Y volvió con el zorro.

—Adiós —le dijo.

—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

—Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse.

—Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

—Es el tiempo que yo he perdido con ella... —repitió el principito para recordarlo.

—Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa...

—Yo soy responsable de mi rosa... —repitió el principito a fin de recordarlo.

Lo esencial es invisible a los ojos, esta es una paradoja con la que debemos aprender a vivir y ver el sufrimiento. La tarea no siempre es entender los por qués, sino ver lo invisible. En el sufrimiento hay algo que no siempre podemos ver con los ojos, pero está ahí. Con los ojos solo vemos a un bebé que lucha y sobrevive los 9 meses del embarazo y que luego de nacer logra vivir tres minutos y se va al cielo en brazos de sus padres que anhelaban conocer su carita, que lo besan, lo llaman por su nombre y se despiden de él, lo invisible de esa ocasión nos obliga a mirar lo esencial: la vida, el amor, la aceptación, la esperanza, la alegría en medio del dolor. Lo invisible, en lugar de preguntarnos por qué, es aceptar las paradojas.



[1] Harold Kushner

lunes, 4 de julio de 2022

Cómo hallar el sentido a la vida

 Cómo hallar el sentido a la vida

Si responder a la pregunta del sentido de la vida ya es difícil esta segunda pregunta también lo es. Si la vida tiene un sentido ¿Cómo encontrarlo?

Este punto es doble, pues no solo se debe encontrar el sentido a la vida sino también a la vida propia. Siguiendo a Frankl , él nos recuerda “Según J.P. Sartre, el hombre se inventa a sí mismo, concibe su propia "esencia", es decir, lo que él es esencialmente, incluso lo que debería o tendría que ser. Pero yo no considero que nosotros inventemos el sentido de nuestra existencia, sino que lo descubrimos”[1]

El hombre o la mujer creyente encuentran el sentido fundamental de la vida en Dios. Dios responde a las preguntas fundamentales ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?

Dios como autor de la vida es quien también le da un significado. Agustín de Hipona escribió “Nuestras almas no tendrán descanso hasta que lo encuentren en ti” ([2] ) Esto no quiere decir que el creyente en Dios conoce todas las cosas y comprende todos los fenómenos de su propia vida. Aunque atribuye  a Dios la razón  de la vida no está exento de preguntas. El que Dios sea el autor del significado este no siempre revela sus propósitos al hombre y este debe caminar por fe en medio de la incertidumbre, pero en el fondo, aunque desconoce los detalles sabe que hay un propósito, un significado que da orden al caos aparente. Como un hijo que no entiende todo lo que el papá está haciendo pero sabe que debe tener una buena razón y descansa en esa confianza. (aunque se enoje con el papá)

El hombre no creyente tendrá que construir sus propios significados. Por tendencia el hombre moderno busca las respuestas en la ciencia y sus postulados. En el origen biológico o lo que es más difícil en las teorías sociales darwinianas, la ley del más fuerte. Muchos buscan su propósito en determinadas religiones o abiertamente en el esoterismo.

Otro importante grupo busca el sentido de la vida en aspectos mucho más frágiles como el dinero, la fama, la belleza, el sexo o el prestigio.

El trabajo pareciera ser otra fuente de sentido que termina siendo un sin sentido. Biung –Chul Han[3] refiriéndose al multitask y al acoso laboral entre otros aspectos relacionados al trabajo, dice que este termina produciendo un aburrimiento profundo y una sociedad del cansancio.

Cyrulnik ( [4]) nos enseña que el sentido de la vida comienza en la niñez, cuando el niño crece en medio de una red de afectos, bajo la contención de la madre y la autoridad del padre. Cuando el afecto rodea al niño este aprende a hablar más rápido, sabe que puede contar con la ayuda de otros, es escuchado y se siente amado, esto da sentido a la vida del niño. Cuando el niño sufre algún trauma o sufre algún acontecimiento grave, puede volver al “paraíso perdido” que era su felicidad y encontrar sentido al sufrimiento que experimenta. Cuando el niño no ha tenido este “paraíso” una familia o red afectuosa, no tiene donde volver mentalmente y se pierde en un “desierto de sentido”.

En la práctica clínica se observa esta diferencia. Son muchas las personas que sufren por la muerte de su madre, de un hijo, o que han sido abusados, que se divorciaron después de muchos años de convivencia, eventos que dejan un dolor profundo en sus vidas, pero no pierden el sentido de la vida, crecen, se casan, tienen hijos, se recuperan, pero también hay muchos que experimentan una orfandad temprana, son abandonados en hogares de menores, sufren el rechazo materno, crecen con un padre alcohólico, autoritario, maltratador, y que nunca conocieron la felicidad cuando niños, que experimentaron pobreza y la burla que eso provocaba en sus compañeros, que fueron víctimas de bullying. Este grupo, que nunca fue feliz, sentados allí en el sofá, con ojos húmedos se preguntan si la vida tiene sentido.

Cyrulnic , nos entrega otra clave y lo hace a través de la siguiente historia.

Bruno fue abandonado por haber nacido fuera del matrimonio, cosa que, en el Canadá de hace cuarenta años, era considerado como un delito grave. Por toda «relación», el niño aislado no había encontrado más que sus manos, y las agitaba sin cesar, de modo que su mismo movimiento creaba en él una sensación de acontecimiento, dándole, pese a todo, un poco de vida. Tras varios años de aislamiento afectivo, había sido integrado en un hogar lo suficientemente cálido como para hacer desaparecer estos síntomas. Sin embargo, conservó una forma de amar aparentemente distante y fría, forma que, al menos, no le espantaba. Esta adaptación realizada para obtener seguridad no era un factor de resiliencia, ya que, al apaciguar al niño, le impedía retomar su desarrollo afectivo. Una noche, después de cenar, una amable religiosa organizó un corro en el que, siempre que el chico invitaba a una niña, debía cantar: «Para Rosine son mis preferencias, porque es la más bonita de las dos/¡Ah! Ginette, si crees que te quiero/Mi corazoncito no está hecho para ti/Está hecho para la que amo/Que es más bonita que tú». Cuando Bruno y otro chico fueron invitados por una chica a girar en medio del gran corro formado por los otros niños, quedó como anestesiado por esa increíble elección. Pero cuando oyó que todo el corro infantil replicaba a coro: «Para Bruno son las preferencias...», dejó de percibir el resto de la canción, ya que su mundo acababa de estallar, con una gran luminosidad, en una alegría inmensa y una dilatación que le daban una asombrosa sensación de ligereza. Giró como un loco con la chiquilla, y después, olvidándose de reincorporarse al corro, fue corriendo a esconderse debajo de su cama, increíblemente feliz. ¡Era pues posible amarle! El otro niño, un poco disgustado, se enfurruñó durante treinta segundos, justo lo que tardó en darse cuenta de que también otros niños, al igual que él, podían no ser los preferidos. Después lo olvidó todo. Ese pequeño fracaso nunca constituyó un acontecimiento para él, debido a que, por causa de su pasado de niño amado, ese corro no había resultado significativo. Para Bruno, por el contrario, ese mismo corro había adquirido el valor de una revelación. Durante toda su infancia volvió a pensar mil veces en ello, y aún hoy, cuarenta años después, habla con una sonrisa de ese acontecimiento capital que transformó su manera de amar.[5]

Ser amados, saber que somos elegidos por alguien nos llena de felicidad, cambia nuestra vida y le da sentido, nos rescata del sinsentido.

 El sentido de la propia vida a través de tres caminos

1. El amor a una persona. Esta persona puede ser una esposa, un esposo, un hijo. La imagen de la esposa de Frankl fue una fuente de sentido siempre presente. En El hombre en busca de sentido hay un sensible pasaje cuando él escucha a un hombre tocando un tango en un violín en un barracón cercano y él recuerda con mucha tristeza que ese día era el cumpleaños de su esposa ([6]). Mucho tiempo después, el mismo Frankl narra que algunas veces cuando alguno de sus pacientes llegaba a su consulta muy deprimido, les preguntaba ¿Por qué no se ha suicidado? Los pacientes pensaban por unos instantes y luego respondían, porque tengo mis hijos u otra persona significativa, y a partir de esa respuesta él elaboraba una propuesta terapéutica.

El hombre o la mujer solitarios, sin redes sociales, sin vínculos estrechos, sin amigos cuando llega la adversidad sufre más que quien está acompañado y esto podría explicar el aumento de la falta de sentido en el mundo moderno donde se privilegia el egoísmo, el narcisismo y el individualismo.

El sentido a través del amor nos recuerda las palabras de Jesús de Nazaret, “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Esa es el fundamento de la verdadera cristiandad, amar a alguien. No se puede amar a Dios sin amar a alguien, alguien real de carne y huesos. Mientras amemos la vida siempre tendrá un sentido. La historia está llena de ejemplos de personas que han dado sentido a su vida a través del amor. Hay un sentido cuando salimos de nosotros mismos y amamos a otras personas.

2. El servicio a un ideal. Quien sirva a otros siempre encontrará sentido a su vida. Aquí las posibilidades son múltiples, trabajos de voluntariado, una profesión vinculada al servicio, trabajo en ONGs, trabajo social.

Nuestra historia está llena de ejemplos que avalan estas palabras: Hellen Keller, Amy Charmichael, Sor Teresa de Calcuta, Nelson Mandela, solo por citar algunos casos conocidos, pero hay muchísimos que de manera anónima dedican sus vidas al cuidado de otros.

Hace unas décadas, se filmó la película Carros de Fuego, ( 1981) con una música excepcional de Vangelis, basada en la vida de Eric Liddell. A continuación reproduzco una pequeña reseña de quien fue y de cómo encarna muy bien el sentido a través del servicio.

Eric Liddell ([7]) nació en China, donde sus padres, que eran escoceses, trabajaban como misioneros para la Sociedad Misionera de Londres. A partir de los seis años, él y su hermano Rob se educaron en Inglaterra, en un colegio para hijos de misioneros.

Desde muy joven demostró grandes aptitudes para el deporte, sobre todo en el rugby y en las pruebas atléticas de velocidad. En 1920 se matriculó en la Universidad de Edimburgo para estudiar ciencias exactas. En su etapa universitaria continuó entrenando y compitiendo en rugby y atletismo.

En 1923 se proclamó campeón británico de 100 y 200 yardas. En las 100 yardas estableció un nuevo récord nacional con 9,7 segundos, que no sería batido hasta 35 años más tarde.

En los Juegos Olímpicos de París 1924, ganó la final de los 400 metros. Fue seleccionado para competir en los 200 y los 400 metros lisos. Estaba seleccionado para correr en los 100 metros, su mejor prueba, y decidió no hacerlo al enterarse en el último momento de que las eliminatorias se celebrarían un domingo, y competir en domingo era algo que iba en contra de sus creencias religiosas.

En el primer evento, los 200 metros, consiguió la medalla de bronce con una marca de 21,9 s. Su gran momento llegaría en los 400 metros, donde lograría una victoria completamente inesperada con 47,6 s, que era además récord olímpico. Después de los Juegos, en ese mismo año obtuvo su licenciatura universitaria. Continuó compitiendo durante un tiempo, aunque en 1925 decidió marcharse a China como misionero tal y como habían hecho sus padres. Sirvió como misionero el resto de su vida, primero en Tianjin y luego en Siaochang.

A partir de 1941 la vida en China se volvió peligrosa debido a la guerra con Japón, y la embajada británica les aconsejó que regresaran a Europa. Liddell decidió quedarse, pero envió a su esposa Florence y a sus hijas a Canadá, mientras él aceptaba un nuevo destino en la misión rural de Siaochang. En marzo de 1943, cuando llegaron los invasores japoneses, fue internado en el campo de prisioneros de Weixian, donde falleció en 1945 debido a un tumor cerebral.[8]

3. El enfrentarse al sufrimiento inevitable. Esta es la tercera manera de encontrar sentido a la vida. No luchar ni pelear con la vida por el sufrimiento que se vive, sino aceptar esa realidad y hacerse responsable de ello, de cómo se vive. Qué difícil tarea resulta esta tercera vía, pues todos luchamos por tratar de evitar el sufrimiento, de ser rescatados, liberados. Añoramos una cotidianeidad perdida y nos cuesta mucho aceptar que determinadas condiciones no volverán jamás. Qué arduo aceptar que la vida ha cambiado para siempre y que la aceptación y adaptación son la única vía para mantener el ánimo y ser feliz.  El sufrimiento es algo que rechazamos no que abrazamos. Todos deseamos liberarnos del sufrimiento no vivirlo.

Frankl recuerda mucho tiempo después que a su llegada a uno de los campos de concentración pensó:

“En vez de suicidarme, adopté el siguiente principio: En la medida que nadie pueda garantizarme en un ciento por ciento que voy a morir, prometo firmemente que me sentiré responsable, mientras tenga una probabilidad mínima de sobrevivir, de seguir adelante y hacer todo lo posible por vivir. Después de todo, alguien podría estarme esperando al final de la guerra”.[9]

Asumir la responsabilidad, hasta donde esto es posible, de la propia vida, evita algunas situaciones como el victimismo, el culpar a otros, el resentimiento y nos permite mirar al futuro, crear algo donde todavía no hay nada.

Para mí, no tengo dudas en decir que el amor es el camino para una vida con propósito. El amor da sentido a la vida de una persona. Jesús resume siglos de judaísmo y prácticas religiosas en esta palabras “amarás a Dios con todo tu corazón y a tu prójimo como a ti mismo”,[10] quien responda a estas palabras y este desafío, siempre encontrará un para que vivir.

El sentido del sufrimiento

Cuando la persona se enfrenta con una situación inevitable que es imposible cambiar, por ejemplo, una enfermedad incurable, una pérdida irreparable solo entonces tiene la oportunidad de saber quién es y cómo va a enfrentar lo que está viviendo.

Si el sufrimiento tiene un sentido para la vida de quien lo sufre, su actitud al cargarlo es distinta a la que asume una persona si no se le encuentra sentido. Sufrimos menos si sabemos por qué sufrimos y por esa razón muchas veces buscamos explicaciones irracionales como la culpa, el castigo, la venganza, etc Esto nos recuerda a Job el personaje bíblico que sentado en el suelo, solo, en un basural, llenos de heridas, quebrantado y sin consuelo levanta la cabeza al cielo desconcertado preguntándose por qué.

Es la antigua e intermitente pregunta[11] que vuelve a surgir una y otra vez ¿por qué sufrimos? ¿Qué sentido tiene el sufrimiento?

Sobre estas preguntas quiero hacer una reflexiones personales, que tal vez no sean originales, porque el sentido del sufrimiento es una pregunta antigua, que nos sigue doliendo y sacándonos de sí.

“-¿Papito, por qué tengo que cáncer, voy a morir?”-Pregunta el adolescente de quince años. El padre agacha la cabeza y guarda silencio. Ha intentado responderle muchas veces a su hijo, pero él vuelve a hacerla, y ya no tiene respuesta.

¿Por qué yo, que deseo tanto ser madre pierdo a mis hijos durante el embarazo? Ha ocurrido ya tres veces. Tengo un corazón vacío y unos pechos llenos de leche que mi hijo no va a mamar, y hay tantas mujeres que abortan voluntariamente a sus hijos? En las largas noches de hospital me pregunto una y otra vez ¿Por qué? ¿Por qué sufrimos? ¿Tiene sentido todo esto, no será mejor morir?

Es tan dificultoso intentar una respuesta a estas  preguntas que solo es probable rasguñar algo de su inmensidad y resulta mejor desarrollar la empatía hacia quien las tiene que buscar una explicación.

Al hacer esta pregunta tenemos que respondernos otra ¿Tiene un sentido la vida? Y ya hemos dicho que sí, por lo tanto el sufrimiento como parte de la vida también tiene sentido. Es importante este sentido, porque cuando no tenemos alguna explicación, cuando percibimos el sufrimiento como algo sin propósito y como un completo desperdicio del que no podemos escapar, nos resentimos, nos llenamos de amargura, lo que no cambia ni ayuda en nada en la situación que se vive, sino que la empeora.

Las situaciones se viven de manera desagradable, displacenteras o invalidantes y nadie desea voluntariamente sufrir. Nadie anhela sentirse incapacitado, disminuido, sin embargo en medio de esas circunstancias desagradables se puede encontrar un sentido al sufrimiento.

“Una vida activa sirve a la intencionalidad de dar al hombre una oportunidad para comprender sus méritos en la labor creativa, mientras que una vida pasiva de simple goce le ofrece la oportunidad de obtener la plenitud experimentando la belleza, el arte o la naturaleza. Pero también es positiva la vida que está casi vacía tanto de creación como de gozo y que admite una sola posibilidad de conducta; a saber, la actitud del hombre hacia su existencia, una existencia restringida por fuerzas que le son ajenas. A este hombre le están prohibidas tanto la vida creativa como la existencia de goce, pero no sólo son significativas la creatividad y el goce; todos los aspectos de la vida son igualmente significativos, de modo que el sufrimiento tiene que serlo también. El sufrimiento es un aspecto de la vida que no puede erradicarse, como no pueden apartarse el destino o la muerte. Sin todos ellos la vida no es completa.[12]

Jesús en una de sus intervenciones acerca del sufrimiento dice: “En el mundo van a tener aflicción, pero confíen yo he vencido al mundo”.[13]Mundo en este contexto significa la vida cotidiana, la existencia y el Maestro expresa que el sufrimiento siempre va a existir, no es algo de lo que sus discípulos deberían sorprenderse, lo nuevo de sus palabras, son que él vencería las consecuencias de ese sufrimiento. Sus enseñanzas y su presencia espiritual traerían el consuelo, la alegría, la paz y el sentido. Su vida es un ejemplo de que el sufrimiento tiene un sentido: la obediencia, la perfección y el sacrificio.

 Este capítulo estuvo dedicado solamente a la relación entre sufrimiento y el sentido de la vida. El sentido de la vida, el para qué vivir la vida sigue siendo una pregunta clave para el hombre de hoy. No solo lo fue en el pasado o para quienes enfrentan una adversidad. Es una pregunta que todos nos hacemos. Hay maneras de encontrar el sentido, pero estas siempre van a ser personales. El amor, el servicio, el enfrentarse al sufrimiento ayudan en la tarea, pero cada persona debe encontrar su propio sentido. El ejemplo de Viktor Frankl nos anima en esta tarea. La vida tiene un sentido, el sufrimiento también, aunque tantas veces nos preguntemos ¿Por qué sufre la gente buena?

 

 



[1] Frankl. P.123

[2]

[3]

[4] Cyrulnick. Dios como psicoterapia

[5] Cilulnick. El murmullo de fantasmas. P.32

[6]

[7]

[8] Wikipedia

[9] Citado en_

[11] Yancey

[12] Frankl. P.92