lunes, 4 de julio de 2022

Cómo hallar el sentido a la vida

 Cómo hallar el sentido a la vida

Si responder a la pregunta del sentido de la vida ya es difícil esta segunda pregunta también lo es. Si la vida tiene un sentido ¿Cómo encontrarlo?

Este punto es doble, pues no solo se debe encontrar el sentido a la vida sino también a la vida propia. Siguiendo a Frankl , él nos recuerda “Según J.P. Sartre, el hombre se inventa a sí mismo, concibe su propia "esencia", es decir, lo que él es esencialmente, incluso lo que debería o tendría que ser. Pero yo no considero que nosotros inventemos el sentido de nuestra existencia, sino que lo descubrimos”[1]

El hombre o la mujer creyente encuentran el sentido fundamental de la vida en Dios. Dios responde a las preguntas fundamentales ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?

Dios como autor de la vida es quien también le da un significado. Agustín de Hipona escribió “Nuestras almas no tendrán descanso hasta que lo encuentren en ti” ([2] ) Esto no quiere decir que el creyente en Dios conoce todas las cosas y comprende todos los fenómenos de su propia vida. Aunque atribuye  a Dios la razón  de la vida no está exento de preguntas. El que Dios sea el autor del significado este no siempre revela sus propósitos al hombre y este debe caminar por fe en medio de la incertidumbre, pero en el fondo, aunque desconoce los detalles sabe que hay un propósito, un significado que da orden al caos aparente. Como un hijo que no entiende todo lo que el papá está haciendo pero sabe que debe tener una buena razón y descansa en esa confianza. (aunque se enoje con el papá)

El hombre no creyente tendrá que construir sus propios significados. Por tendencia el hombre moderno busca las respuestas en la ciencia y sus postulados. En el origen biológico o lo que es más difícil en las teorías sociales darwinianas, la ley del más fuerte. Muchos buscan su propósito en determinadas religiones o abiertamente en el esoterismo.

Otro importante grupo busca el sentido de la vida en aspectos mucho más frágiles como el dinero, la fama, la belleza, el sexo o el prestigio.

El trabajo pareciera ser otra fuente de sentido que termina siendo un sin sentido. Biung –Chul Han[3] refiriéndose al multitask y al acoso laboral entre otros aspectos relacionados al trabajo, dice que este termina produciendo un aburrimiento profundo y una sociedad del cansancio.

Cyrulnik ( [4]) nos enseña que el sentido de la vida comienza en la niñez, cuando el niño crece en medio de una red de afectos, bajo la contención de la madre y la autoridad del padre. Cuando el afecto rodea al niño este aprende a hablar más rápido, sabe que puede contar con la ayuda de otros, es escuchado y se siente amado, esto da sentido a la vida del niño. Cuando el niño sufre algún trauma o sufre algún acontecimiento grave, puede volver al “paraíso perdido” que era su felicidad y encontrar sentido al sufrimiento que experimenta. Cuando el niño no ha tenido este “paraíso” una familia o red afectuosa, no tiene donde volver mentalmente y se pierde en un “desierto de sentido”.

En la práctica clínica se observa esta diferencia. Son muchas las personas que sufren por la muerte de su madre, de un hijo, o que han sido abusados, que se divorciaron después de muchos años de convivencia, eventos que dejan un dolor profundo en sus vidas, pero no pierden el sentido de la vida, crecen, se casan, tienen hijos, se recuperan, pero también hay muchos que experimentan una orfandad temprana, son abandonados en hogares de menores, sufren el rechazo materno, crecen con un padre alcohólico, autoritario, maltratador, y que nunca conocieron la felicidad cuando niños, que experimentaron pobreza y la burla que eso provocaba en sus compañeros, que fueron víctimas de bullying. Este grupo, que nunca fue feliz, sentados allí en el sofá, con ojos húmedos se preguntan si la vida tiene sentido.

Cyrulnic , nos entrega otra clave y lo hace a través de la siguiente historia.

Bruno fue abandonado por haber nacido fuera del matrimonio, cosa que, en el Canadá de hace cuarenta años, era considerado como un delito grave. Por toda «relación», el niño aislado no había encontrado más que sus manos, y las agitaba sin cesar, de modo que su mismo movimiento creaba en él una sensación de acontecimiento, dándole, pese a todo, un poco de vida. Tras varios años de aislamiento afectivo, había sido integrado en un hogar lo suficientemente cálido como para hacer desaparecer estos síntomas. Sin embargo, conservó una forma de amar aparentemente distante y fría, forma que, al menos, no le espantaba. Esta adaptación realizada para obtener seguridad no era un factor de resiliencia, ya que, al apaciguar al niño, le impedía retomar su desarrollo afectivo. Una noche, después de cenar, una amable religiosa organizó un corro en el que, siempre que el chico invitaba a una niña, debía cantar: «Para Rosine son mis preferencias, porque es la más bonita de las dos/¡Ah! Ginette, si crees que te quiero/Mi corazoncito no está hecho para ti/Está hecho para la que amo/Que es más bonita que tú». Cuando Bruno y otro chico fueron invitados por una chica a girar en medio del gran corro formado por los otros niños, quedó como anestesiado por esa increíble elección. Pero cuando oyó que todo el corro infantil replicaba a coro: «Para Bruno son las preferencias...», dejó de percibir el resto de la canción, ya que su mundo acababa de estallar, con una gran luminosidad, en una alegría inmensa y una dilatación que le daban una asombrosa sensación de ligereza. Giró como un loco con la chiquilla, y después, olvidándose de reincorporarse al corro, fue corriendo a esconderse debajo de su cama, increíblemente feliz. ¡Era pues posible amarle! El otro niño, un poco disgustado, se enfurruñó durante treinta segundos, justo lo que tardó en darse cuenta de que también otros niños, al igual que él, podían no ser los preferidos. Después lo olvidó todo. Ese pequeño fracaso nunca constituyó un acontecimiento para él, debido a que, por causa de su pasado de niño amado, ese corro no había resultado significativo. Para Bruno, por el contrario, ese mismo corro había adquirido el valor de una revelación. Durante toda su infancia volvió a pensar mil veces en ello, y aún hoy, cuarenta años después, habla con una sonrisa de ese acontecimiento capital que transformó su manera de amar.[5]

Ser amados, saber que somos elegidos por alguien nos llena de felicidad, cambia nuestra vida y le da sentido, nos rescata del sinsentido.

 El sentido de la propia vida a través de tres caminos

1. El amor a una persona. Esta persona puede ser una esposa, un esposo, un hijo. La imagen de la esposa de Frankl fue una fuente de sentido siempre presente. En El hombre en busca de sentido hay un sensible pasaje cuando él escucha a un hombre tocando un tango en un violín en un barracón cercano y él recuerda con mucha tristeza que ese día era el cumpleaños de su esposa ([6]). Mucho tiempo después, el mismo Frankl narra que algunas veces cuando alguno de sus pacientes llegaba a su consulta muy deprimido, les preguntaba ¿Por qué no se ha suicidado? Los pacientes pensaban por unos instantes y luego respondían, porque tengo mis hijos u otra persona significativa, y a partir de esa respuesta él elaboraba una propuesta terapéutica.

El hombre o la mujer solitarios, sin redes sociales, sin vínculos estrechos, sin amigos cuando llega la adversidad sufre más que quien está acompañado y esto podría explicar el aumento de la falta de sentido en el mundo moderno donde se privilegia el egoísmo, el narcisismo y el individualismo.

El sentido a través del amor nos recuerda las palabras de Jesús de Nazaret, “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Esa es el fundamento de la verdadera cristiandad, amar a alguien. No se puede amar a Dios sin amar a alguien, alguien real de carne y huesos. Mientras amemos la vida siempre tendrá un sentido. La historia está llena de ejemplos de personas que han dado sentido a su vida a través del amor. Hay un sentido cuando salimos de nosotros mismos y amamos a otras personas.

2. El servicio a un ideal. Quien sirva a otros siempre encontrará sentido a su vida. Aquí las posibilidades son múltiples, trabajos de voluntariado, una profesión vinculada al servicio, trabajo en ONGs, trabajo social.

Nuestra historia está llena de ejemplos que avalan estas palabras: Hellen Keller, Amy Charmichael, Sor Teresa de Calcuta, Nelson Mandela, solo por citar algunos casos conocidos, pero hay muchísimos que de manera anónima dedican sus vidas al cuidado de otros.

Hace unas décadas, se filmó la película Carros de Fuego, ( 1981) con una música excepcional de Vangelis, basada en la vida de Eric Liddell. A continuación reproduzco una pequeña reseña de quien fue y de cómo encarna muy bien el sentido a través del servicio.

Eric Liddell ([7]) nació en China, donde sus padres, que eran escoceses, trabajaban como misioneros para la Sociedad Misionera de Londres. A partir de los seis años, él y su hermano Rob se educaron en Inglaterra, en un colegio para hijos de misioneros.

Desde muy joven demostró grandes aptitudes para el deporte, sobre todo en el rugby y en las pruebas atléticas de velocidad. En 1920 se matriculó en la Universidad de Edimburgo para estudiar ciencias exactas. En su etapa universitaria continuó entrenando y compitiendo en rugby y atletismo.

En 1923 se proclamó campeón británico de 100 y 200 yardas. En las 100 yardas estableció un nuevo récord nacional con 9,7 segundos, que no sería batido hasta 35 años más tarde.

En los Juegos Olímpicos de París 1924, ganó la final de los 400 metros. Fue seleccionado para competir en los 200 y los 400 metros lisos. Estaba seleccionado para correr en los 100 metros, su mejor prueba, y decidió no hacerlo al enterarse en el último momento de que las eliminatorias se celebrarían un domingo, y competir en domingo era algo que iba en contra de sus creencias religiosas.

En el primer evento, los 200 metros, consiguió la medalla de bronce con una marca de 21,9 s. Su gran momento llegaría en los 400 metros, donde lograría una victoria completamente inesperada con 47,6 s, que era además récord olímpico. Después de los Juegos, en ese mismo año obtuvo su licenciatura universitaria. Continuó compitiendo durante un tiempo, aunque en 1925 decidió marcharse a China como misionero tal y como habían hecho sus padres. Sirvió como misionero el resto de su vida, primero en Tianjin y luego en Siaochang.

A partir de 1941 la vida en China se volvió peligrosa debido a la guerra con Japón, y la embajada británica les aconsejó que regresaran a Europa. Liddell decidió quedarse, pero envió a su esposa Florence y a sus hijas a Canadá, mientras él aceptaba un nuevo destino en la misión rural de Siaochang. En marzo de 1943, cuando llegaron los invasores japoneses, fue internado en el campo de prisioneros de Weixian, donde falleció en 1945 debido a un tumor cerebral.[8]

3. El enfrentarse al sufrimiento inevitable. Esta es la tercera manera de encontrar sentido a la vida. No luchar ni pelear con la vida por el sufrimiento que se vive, sino aceptar esa realidad y hacerse responsable de ello, de cómo se vive. Qué difícil tarea resulta esta tercera vía, pues todos luchamos por tratar de evitar el sufrimiento, de ser rescatados, liberados. Añoramos una cotidianeidad perdida y nos cuesta mucho aceptar que determinadas condiciones no volverán jamás. Qué arduo aceptar que la vida ha cambiado para siempre y que la aceptación y adaptación son la única vía para mantener el ánimo y ser feliz.  El sufrimiento es algo que rechazamos no que abrazamos. Todos deseamos liberarnos del sufrimiento no vivirlo.

Frankl recuerda mucho tiempo después que a su llegada a uno de los campos de concentración pensó:

“En vez de suicidarme, adopté el siguiente principio: En la medida que nadie pueda garantizarme en un ciento por ciento que voy a morir, prometo firmemente que me sentiré responsable, mientras tenga una probabilidad mínima de sobrevivir, de seguir adelante y hacer todo lo posible por vivir. Después de todo, alguien podría estarme esperando al final de la guerra”.[9]

Asumir la responsabilidad, hasta donde esto es posible, de la propia vida, evita algunas situaciones como el victimismo, el culpar a otros, el resentimiento y nos permite mirar al futuro, crear algo donde todavía no hay nada.

Para mí, no tengo dudas en decir que el amor es el camino para una vida con propósito. El amor da sentido a la vida de una persona. Jesús resume siglos de judaísmo y prácticas religiosas en esta palabras “amarás a Dios con todo tu corazón y a tu prójimo como a ti mismo”,[10] quien responda a estas palabras y este desafío, siempre encontrará un para que vivir.

El sentido del sufrimiento

Cuando la persona se enfrenta con una situación inevitable que es imposible cambiar, por ejemplo, una enfermedad incurable, una pérdida irreparable solo entonces tiene la oportunidad de saber quién es y cómo va a enfrentar lo que está viviendo.

Si el sufrimiento tiene un sentido para la vida de quien lo sufre, su actitud al cargarlo es distinta a la que asume una persona si no se le encuentra sentido. Sufrimos menos si sabemos por qué sufrimos y por esa razón muchas veces buscamos explicaciones irracionales como la culpa, el castigo, la venganza, etc Esto nos recuerda a Job el personaje bíblico que sentado en el suelo, solo, en un basural, llenos de heridas, quebrantado y sin consuelo levanta la cabeza al cielo desconcertado preguntándose por qué.

Es la antigua e intermitente pregunta[11] que vuelve a surgir una y otra vez ¿por qué sufrimos? ¿Qué sentido tiene el sufrimiento?

Sobre estas preguntas quiero hacer una reflexiones personales, que tal vez no sean originales, porque el sentido del sufrimiento es una pregunta antigua, que nos sigue doliendo y sacándonos de sí.

“-¿Papito, por qué tengo que cáncer, voy a morir?”-Pregunta el adolescente de quince años. El padre agacha la cabeza y guarda silencio. Ha intentado responderle muchas veces a su hijo, pero él vuelve a hacerla, y ya no tiene respuesta.

¿Por qué yo, que deseo tanto ser madre pierdo a mis hijos durante el embarazo? Ha ocurrido ya tres veces. Tengo un corazón vacío y unos pechos llenos de leche que mi hijo no va a mamar, y hay tantas mujeres que abortan voluntariamente a sus hijos? En las largas noches de hospital me pregunto una y otra vez ¿Por qué? ¿Por qué sufrimos? ¿Tiene sentido todo esto, no será mejor morir?

Es tan dificultoso intentar una respuesta a estas  preguntas que solo es probable rasguñar algo de su inmensidad y resulta mejor desarrollar la empatía hacia quien las tiene que buscar una explicación.

Al hacer esta pregunta tenemos que respondernos otra ¿Tiene un sentido la vida? Y ya hemos dicho que sí, por lo tanto el sufrimiento como parte de la vida también tiene sentido. Es importante este sentido, porque cuando no tenemos alguna explicación, cuando percibimos el sufrimiento como algo sin propósito y como un completo desperdicio del que no podemos escapar, nos resentimos, nos llenamos de amargura, lo que no cambia ni ayuda en nada en la situación que se vive, sino que la empeora.

Las situaciones se viven de manera desagradable, displacenteras o invalidantes y nadie desea voluntariamente sufrir. Nadie anhela sentirse incapacitado, disminuido, sin embargo en medio de esas circunstancias desagradables se puede encontrar un sentido al sufrimiento.

“Una vida activa sirve a la intencionalidad de dar al hombre una oportunidad para comprender sus méritos en la labor creativa, mientras que una vida pasiva de simple goce le ofrece la oportunidad de obtener la plenitud experimentando la belleza, el arte o la naturaleza. Pero también es positiva la vida que está casi vacía tanto de creación como de gozo y que admite una sola posibilidad de conducta; a saber, la actitud del hombre hacia su existencia, una existencia restringida por fuerzas que le son ajenas. A este hombre le están prohibidas tanto la vida creativa como la existencia de goce, pero no sólo son significativas la creatividad y el goce; todos los aspectos de la vida son igualmente significativos, de modo que el sufrimiento tiene que serlo también. El sufrimiento es un aspecto de la vida que no puede erradicarse, como no pueden apartarse el destino o la muerte. Sin todos ellos la vida no es completa.[12]

Jesús en una de sus intervenciones acerca del sufrimiento dice: “En el mundo van a tener aflicción, pero confíen yo he vencido al mundo”.[13]Mundo en este contexto significa la vida cotidiana, la existencia y el Maestro expresa que el sufrimiento siempre va a existir, no es algo de lo que sus discípulos deberían sorprenderse, lo nuevo de sus palabras, son que él vencería las consecuencias de ese sufrimiento. Sus enseñanzas y su presencia espiritual traerían el consuelo, la alegría, la paz y el sentido. Su vida es un ejemplo de que el sufrimiento tiene un sentido: la obediencia, la perfección y el sacrificio.

 Este capítulo estuvo dedicado solamente a la relación entre sufrimiento y el sentido de la vida. El sentido de la vida, el para qué vivir la vida sigue siendo una pregunta clave para el hombre de hoy. No solo lo fue en el pasado o para quienes enfrentan una adversidad. Es una pregunta que todos nos hacemos. Hay maneras de encontrar el sentido, pero estas siempre van a ser personales. El amor, el servicio, el enfrentarse al sufrimiento ayudan en la tarea, pero cada persona debe encontrar su propio sentido. El ejemplo de Viktor Frankl nos anima en esta tarea. La vida tiene un sentido, el sufrimiento también, aunque tantas veces nos preguntemos ¿Por qué sufre la gente buena?

 

 



[1] Frankl. P.123

[2]

[3]

[4] Cyrulnick. Dios como psicoterapia

[5] Cilulnick. El murmullo de fantasmas. P.32

[6]

[7]

[8] Wikipedia

[9] Citado en_

[11] Yancey

[12] Frankl. P.92

martes, 28 de junio de 2022

El sentido en el día de hoy

 

El sentido en el día de hoy

La concepción materialista, naturalista actual de la vida no pone énfasis en el sentido ni lo ve como algo necesario. Dawking, el biólogo ateo, en un debate con el arzobispo australiano George Pell dice que la pregunta ¿Por qué? en el sentido de un propósito no es significativa [1] y carece de importancia, y en su libro El río de edén escribe:

“El rasgo de la vida que, en palabras de David Hume, « más deslumbra y admira a todos los hombres que alguna vez la han contemplado» es el complejo detalle con el que sus mecanismos —los mecanismos que Darwin llamó « órganos de extrema perfección y complejidad» — cumplen un aparente Propósito”

“Esto suena salvajemente cruel pero, como veremos, la naturaleza no es cruel, sólo despiadadamente indiferente. Esta es una de las lecciones más duras de aprender para los

humanos. No somos capaces de admitir que las cosas podrían no ser ni buenas ni malas, ni crueles ni amables, sino simplemente insensibles, indiferentes a todo sufrimiento, totalmente carentes de intención.”

“Hay muchas cosas sobre las cuales puedes preguntar « ¿A qué temperatura está?» o « ¿De qué color es?» pero no plantearías este interrogante acerca, por ejemplo, de los celos o de la oración. De forma parecida, haces bien en preguntar el « ¿por qué?» de los guardabarros de una bicicleta o del dique Kariba, pero no tienes derecho a asumir que la pregunta de « ¿Por qué?» merece una respuesta cuando se refiere a un bloque de granito, una desgracia, el monte Everest o el universo. Las preguntas pueden ser sencillamente inapropiadas, no importa lo sentida que sea su formulación.”

“En un universo de fuerzas físicas ciegas y de replicación genética alguna gente va a resultar herida, otra será afortunada y no encontraremos ninguna moraleja o razón en ello, tampoco ninguna justicia. El universo que observamos tiene exactamente las propiedades que podríamos esperar si, en el fondo, no hubiera ningún diseño, ninguna intención, ningún bien ni ningún mal, nada más que indiferencia ciega y despiadada.”[2]

Esta es la opinión de Dawking y la tendencia que él representa, con argumentos débiles que ya han sido rebatidos en varias oportunidades, pero que no es el propósito de este capítulo abordar.

Son muchos más quienes piensan que un por qué en la vida sigue siendo importante y es muy probable que millones de personas continúen haciéndola, algunos a viva voz, otros en un silencio existencial doloroso.

En nuestro mundo moderno, a pesar de la imagen de orden y estructura hay una verdadera falta de sentido. La vida moderna, llena de preocupaciones, de presiones, de ideologías, de valores como el individualismo y el relativismo hacen difícil encontrar un propósito, sumado a esto una filosofía materialista hace mucho más complicado entender el propósito de la vida.

Frankl, [3]a quien me voy a referir un poco más adelante en la conferencia que dio en Chile en el año 1991 contó lo siguiente:

“Durante diez años formé parte del personal del primer centro mundial de prevención del suicidio, en Viena. El suicidio provocado por la depresión constituye uno de los tres aspectos de lo que me parece ser la neurosis colectiva en la actualidad. Normalmente me refiero a este síndrome neurótico masivo como el síndrome del "taxi".

En una ocasión me invitaron a una universidad en Atlanta, Georgia, para dar una conferencia titulada "¿Está loca la nueva generación?". Allí tomé un taxi para ir a la universidad, y el conductor me preguntó a qué iba a ese plantel.

"Acabo de llegar de Viena y tengo que dar una conferencia".

"¿Sobre qué tema es su conferencia?",

"¿Está loca la nueva generación?"

Él rió y yo le propuse,

"Yo me hago cargo del taxi y usted de la conferencia"

Él dijo:

"Sí, podría hacerlo".

Le pregunté:

"Dígame una cosa: ¿está loca la nueva generación?"

"Por supuesto".

"¿Por qué?".

"Porque se suicidan, se matan unos a otros y, en tercer lugar, consumen drogas".

En una sola frase había sintetizado la neurosis colectiva del momento: la depresión, la agresión y la adicción a las drogas.

Descubrí que el verdadero origen de todo eso es una sensación de carencia de sentido.

La gente recurre a las drogas, se suicida y comete crímenes. No pretendo decir que todos los casos de suicidio o intentos de quitarse la vida se deban a una carencia de sentido; pero sé efectivamente que si alguien tiene que enfrentar dificultades, conflictos familiares, desempleo o cualquier crisis en la vida, corre riesgo de suicidarse si no tiene un argumento para seguir adelante. Al considerar el suicidio, la persona se dice en último término "¿Por qué no? Nada lo impide". Sin embargo, si hay un sentido y se siente responsable, preferirá seguir adelante.”

La depresión, la agresión y el consumo de drogas siguen siendo síntomas de esta falta de sentido.

“Se levanta. Se viste con la que llama 'la bata del emperador', desciende las escaleras en silencio para no despertar a la mujer y llega hasta el cuarto en el que tiene sus armas. Son muchas, quizá más de 20: pistolas, rifles, escopetas, cada una de ellas portadora de un fragmento de la historia de su dueño, tardes de caza, de pesca, de disparos en bosques venecianos o desérticas explanadas africanas. Elige una de ellas, acaso la misma con que la que se retrató años antes junto un leopardo en el África, la Boss calibre doce de doble cañón.

Regresa, sube las escaleras y se sienta en la sala de su casa en Ketchum, Idaho, allí mismo en donde meses antes había estado escribiendo su última obra, ‘A moveable feast’. Luego el movimiento es nimio, casi trivial y sin embargo irrevocable: presiona el gatillo después de haber puesto el cañón en su boca.”


De esta manera el escritor Ernest Heminway pone fin a una vida que para él no tenía sentido, a pesar del estilo de vida exuberante que había llevado.

A la tríada sugerida por Frankl podríamos agregar, el hastío, el cansancio, los deportes extremos, el amor al dinero, al lujo, la pornografía, el narcisismo, la lucha por el poder, etc

 El teatro del absurdo

El teatro del absurdo surge como expresión dramática en el siglo XX, después de la II Guerra Mundial, (un detalle importante), en París, con obras de dramaturgos norteamericanos y europeos. Aborda temas como la soledad, el trascurso del tiempo, la vida, la muerte, la falta de comunicación en el mundo, la concepción del mundo, “es decir, alguien perdido que no llega a encontrar su propósito en la vida y refleja su frustración de forma burlesca.”[4]

Como su nombre lo indica, la representación de sus obras es absurda, contiene diálogos sin sentido, representa sentimientos de angustia, o de  drama o tragedia que se mezclan entre sí, presenta personajes complejos, escenarios confusos.[5]

Algunas de sus características son:[6]

–El lenguaje puede ser dislocado, incluye frases trilladas, juegos de palabras, repeticiones y hasta suele romper con la continuidad de algún instante.

–El ridículo y la ausencia de sentido, son recursos orientados a mostrar una capa cómica pero que a su vez permiten vislumbrar un mensaje de fondo.

–El contenido de trasfondo dentro del absurdo abarca generalmente temas como la política, la religión, la moral y las estructuras sociales.

–Los personajes dentro del mundo del absurdo se ubican dentro de un universo incomprensible y carecen de un discurso completamente racional.

–Entre otros aspectos, los personajes pueden hallarse en un estado frenético y ni el entorno ni la situación que los rodea suele generar una transformación final.

Algunos de los autores de obras de teatro del absurdo más conocidos han sido Ionesco, Pinter, Kopit, Fernando Arrabal, Jean Genet, Samuel Becket y entre las obras más conocidas se encuentran: La cantante calva, La lección, Esperando a Godot, Las Criadas.

 La necesidad de sentido

¿Es necesario conocer el sentido de la vida o es por demás solo una discusión filosófica preocupación de unos pocos? Muchas personas nunca se han hecho esta pregunta porque desde siempre han conocido el sentido de la vida. Son personas felices a las que les han tocado vivir muy pocas circunstancias tristes o difíciles. Son esas personas para quienes todo es felicidad y no conocen el dolor, son unas pocas afortunadas, pero la gran mayoría sí se ha hecho esta pregunta, de manera especial al enfrentar la tragedia,  eventos muchas veces sorpresivos y causantes de mucha angustia.

Scheller[7] escribe “Una parte esencial de las doctrinas y orientaciones que han dado a la humanidad los grandes hombres religiosos y los filósofos, ha sido doquiera y en todos los tiempos una doctrina sobre el sentido del dolor y del sufrimiento en todo el mundo” Esta cita de por sí sola responde a cerca de la necesidad de sentido “en todos los tiempos”.

Muchos pueden argumentar que conocer o descubrir el sentido de la vida no tiene importancia, soy de la idea contraria, que es una exigencia. Me baso en la experiencia atendiendo pacientes a quienes les cuesta mucho vivir y enfrentar el sufrimiento si no le encuentran un propósito a su vida. Viven vidas de pareja aburridas, un trabajo que los asfixia, una rutina que los aplasta y les cuesta mucho reconocer que su vida no tiene sentido, de manera especial quienes han experimentado sufrimiento en la niñez. Buscan en sus parejas y en sus hijos, especialmente las madres, un sentido. Comienzan a vivir sus vidas a través de la vida de sus hijos, se proyectan en ellos, sufren y gozan con los logros o fracasos de sus hijos, pero su propia vida se torna opaca, cuando ese hijo o hija les defrauda o muere les resulta dificultoso encontrar un sentido a su existencia.

Otro grupo importante busca llenar este vacío de significado en la religión. Muchos se vuelven adictos a la vida de iglesia y grupos religiosos. No pueden vivir sin actividades religiosas y crean una dependencia que les brinda significado.  No son capaces de tomar decisiones “sin conocer la voluntad de Dios”, sin buscar la asesoría “de mis pastores” y no dejan de preguntarse si tal o cual actividad es buena o mala y encuentran significado a través de relatos seudo espirituales extraños, a veces  supersticiosos y casi alucinantes.

Fleming,[8]sugiere que las iglesias legalistas atraen a determinado grupo de personas con adicciones emocionales, describiendo estas como:

1. Un enfoque exclusivo de la vida en la religión o la iglesia

2. Una confianza ciega en autoridades religiosas o sistemas doctrinales

3. La negación de sus respuestas emocionales a las personas o ideas dentro de una estructura religiosa.

4. Una falta de priorización de actividades religiosas

5. Un “locus” o centro externo de afectos

6. La resolución de problemas solamente dentro de la estructura eclesiástica.

Viktor Frankl

Es casi imposible referirse al sentido sin mencionar al autor que más trabajó al tema, el psiquiatra vienés Viktor Frankl.

Frankl Nació el 26 de marzo de 1905 en Viena, fue un psiquiatra y psicoterapeuta que desarrolló el enfoque psicológico conocido como logoterapia. La base de la teoría de Frankl es que la motivación principal de un individuo es la búsqueda de significado en la vida.

En 1942 Frankl y su familia fueron enviados al campo de concentración de Theresienstadt, donde muere su padre. En 1944, sus familiares sobrevivientes fueron llevados a otro campo, a Auschwitz, donde su madre y su esposa también pierden la vida. Frankl, con su formación médica, en medio de la crueldad y la violencia reinante observó que aquellos presos que tenían algún significado en sus vidas tenían más probabilidades de sobrevivir. Algunos pensaban en sus familias, en proyectos personales y eran estos pensamientos los que los mantenían con un poco más de ánimo que el resto de los prisioneros. El propio Frankl es un ejemplo de sentido. Después de su liberación regresó a Viena, trabajó como médico, como terapeuta y escritor. Visitó Chile en el año 1991 a la edad de 86 años.

Frankl responde a la pregunta sobre el sentido basado en su experiencia vivida en campos de concentración donde estuvo y escribe, “En otra ocasión estábamos cavando una trinchera. Amanecía en nuestro derredor, un amanecer gris. Gris era el cielo, y gris la nieve a la pálida luz del alba; grises los harapos que mal cubrían los cuerpos de los prisioneros y grises sus rostros. Mientras trabajaba, hablaba quedamente a mi esposa o, quizás, estuviera debatiéndome por encontrar la razón de mis sufrimientos, de mi lenta agonía. En una última y violenta protesta contra lo inexorable de mi muerte inminente, sentí como si mi espíritu traspasara la melancolía que nos envolvía, me sentí trascender aquel mundo desesperado, insensato, y desde alguna parte escuché un victorioso "sí" como contestación a mi pregunta sobre la existencia de una intencionalidad última. En aquel momento y en una franja lejana encendieron una luz, que se quedó allí fija en el horizonte como si alguien la hubiera pintado, en medio del gris miserable de aquel amanecer en Baviera. "Et lux in ténebris lucet, y la luz brilló en medio de la oscuridad." Estuve muchas horas tajando el terreno helado. El guardián pasó junto a mí, insultándome y una vez más volví a conversar con mi amada. La sentía presente a mi lado, cada vez con más fuerza y tuve la sensación de que sería capaz de tocarla, de que si extendía mi mano cogería la suya. La sensación era terriblemente fuerte; ella estaba allí realmente. Y, entonces, en aquel mismo momento, un pájaro bajó volando y se posó justo frente a mí, sobre la tierra que había extraído de la zanja, y se me quedó mirando fijamente.”[9]

En otra ocasión, en el lager él escribe: “Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito.”[10]y en otra ocasión escribe: “El modo en que un hombre acepta su destino y todo el sufrimiento que éste conlleva, la forma en que carga con su cruz, le da muchas oportunidades -incluso bajo las circunstancias más difíciles para añadir a su vida un sentido más profundo”[11]

Esta es en la opinión de Frankl, el sentido es  la principal motivación del hombre y eso explicaría, creo, las múltiples expresiones artísticas a través de la historia humana. Detrás de muchas de las actividades humanas está esta motivación por encontrar sentido a la vida. Los japoneses llaman a esta búsqueda Ikigai, ([12]) que es el valor de la vida que cada persona debe encontrar.

Finalmente, Frankl habla de la voluntad de sentido, uno de los conceptos fundamentales de la teoría que él creó, la Logoterapia. Define la voluntad de sentido como: “La búsqueda por parte del hombre del sentido de la vida constituye una fuerza primaria y no una "racionalización secundaria" de sus impulsos instintivos. Este sentido es único y específico en cuanto es uno mismo y uno solo quien tiene que encontrarlo; únicamente así logra alcanzar el hombre un significado que satisfaga su propia voluntad de sentido”[13]



[1] Dawking

[2] Dawking. El espejo de Dios

[3] Frankl en Chile

[4]

[5] https://www.cpaonline.es/blog/artes-escenicas/que-es-el-teatro-absurdo/

[6] Teatro del absurdo: origen, características, autores, obras Por Emilhy Arias. https://www.lifeder.com/teatro-del-absurdo/. Descargadoe l 08712/2021

[7] Scheller M.

[8] Fleming, citado en  Psicología…FLET. P.50

[9] Frankl. P.68

[10] Frankl, p 91

[11] Frankl. P 92

[12] Wickypedia

[13] Frankl p.121

lunes, 20 de junio de 2022

Una crisis de sentido

 

Una crisis de sentido


La importancia de la pregunta se refleja, por ejemplo, en que en Google las búsquedas relacionadas con el sentido de la vida ascienden a 1.500.000 consultas mensuales, lo que se traduce en unos 18 millones de búsquedas españolas como promedio, solo hasta el año el año 2011.[1]

La tendencia al nihilismo es otra evidencia de esta crisis en la cultura actual. La crisis valórica, el auge de la violencia, del lujo, de la entretención, el uso de drogas y de manera especial de la crisis de esperanza del mundo actual. Hasta los años 60 del siglo pasado había esperanza, de manera especial en América Latina, esperanza que se fue diluyendo en las décadas posteriores y que fue equiparándose a la desesperanza de otros lugares del mundo con sus consecuencias ya conocidas. Hinkelammert[2] escribe: “En los sectores populares la cultura de la desesperanza promueve la anomia, deshace las relaciones humanas, promueve el crimen. La misma droga es parte del fenómeno.”

“El nihilismo actual y su culto a la nada proviene de una fuerte crisis de valores religiosos o trascendentes, esenciales o fundamentales, significativos. Afrontamos una crisis humana del propio humanismo, en nombre de la ciencia y la tecnología positivas y positivistas, cuya afirmación de inmanencia radical resulta escandalosa filosóficamente. El actual positivismo reinante reduce lo alto a lo bajo y lo sublime a lo subliminal, la conciencia al cerebro y el amor romántico al sexo, el espíritu a la materia y el alma al cuerpo. Por supuesto, se trata de una reacción explicable a viejos idealismos o trascendentalismos, espiritualismos o ilusionismos. Pero también se trata de una revisión más realista de la realidad real y del mundo con sus mecanismos físicos y químicos.

Yo diría que el nihilismo actual es una reacción a la visión del mal en el mundo y de los males del hombre, de la contingencia y los límites de nuestra comprensión de la realidad, con una dosis de escepticismo tras tanta hecatombe, guerras y siniestros.

El nihilismo actual parece una mezcla de agnosticismo o no-saber, de imposibilismo o no-poder, y de indiferentismo o no-querer. Hay pues resignación y conciencia de la finitud, un descrédito de toda creencia o confianza, un nadismo, la nada desnuda, lo que comporta una obvia desesperanza. El propio cristianismo eclesiástico, la Iglesia, es testigo de semejante nihilismo dentro y fuera de sus fronteras; pero el tema no atañe solo a occidente sino al propio Oriente contagiado por el nihilismo occidental a través del capitalismo, el marxismo o una mezcla de ambos como en la China actual.”[3]

El suicidio muy probablemente sea otro síntoma de la crisis de sentido. El suicidio es el grito desesperado de la desesperanza, del dolor y sufrimiento que no tiene fin, del vacío de una vida de significado, es el fin de la alegría.

“Una persona se suicida en el mundo cada cuarenta segundos, lo que da un total de 800.000 fallecimientos al año, el doble que las víctimas de homicidio. En muchos casos se trata de un tema tabú y, por ende, un problema silenciado, pero su prevalencia es preocupante en términos de salud pública: es la decimoctava causa de muerte a nivel global. Sin embargo, la tasa de suicidios por cada 100.000 habitantes está lejos de ser uniforme en todo el mundo y en todos los estratos de la sociedad, tal y como muestran los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2016.

Así, se trata de la segunda causa de muerte para los jóvenes de entre 15 y 29 años, solo por detrás de los accidentes de tráfico. Quitarse la vida tiene también una prevalencia mayor entre los hombres, especialmente en los países de altos ingresos, donde se suicidan de media casi tres veces más que las mujeres. En los países de ingresos bajos y medianos las diferencias son más ajustadas.”[4]

En el ayer

El mito de Sísifo, es tal vez la expresión griega más clara acerca del sinsentido. Como castigo por las faltas de Sísifo, según algunas versiones de haber acusado a Zeus de secuestrar una ninfa, o de acuerdo a otra versión, haber matado a muchas personas para mantener su poder y dominio, debió cumplir una pena que no se basaba en el dolor físico, ni en el desprestigio sino en el hecho de experimentar el sinsentido. El castigo consistía en empujar una gran piedra redonda desde la base de una montaña hasta la cima para, luego volver a arrojarla, y ver cómo caía rodando de nuevo hasta el punto de partida y comenzar de nuevo la tarea eternamente.

En el mundo judío, no existe una pregunta acerca del sentido de la vida. Yahvé es quien da sentido a la vida, como Creador y sustentador de todo, pero en el Antiguo Testamento tenemos una excepción, vemos al Koelet, al predicador, al rey Salomón viviendo una etapa complicada de su vida. Mirando todo a su alrededor, el trabajo, los placeres, el conocimiento y preguntándose muchas veces, (28 veces) ¿Tiene sentido todo esto? Y respondiéndose “Vanidad de vanidades todo es vanidad” (griego mataiote “vaciedad, futilidad, frustración, transitoriedad”. Y desde su mirada desencantada todo es absurdo, nada tiene sentido.

Sánchez Hernández (2005)[5] escribe, “Ya desde la antigüedad existen esbozos de planteamientos sobre esta temática, [la búsqueda de sentido] en su mayoría desde el punto de vista normativo.

En el medioevo tenemos el concepto vocación'' como llamado de Dios al servicio religioso, el cual es asumido en el Renacimiento como un llamado interior hacia cualquier actividad.

Una escuela filosófica que trata el tema del sentido de la vida de manera específica e intensiva es el existencialismo concibiendo al ser humano al margen de sus múltiples relaciones sociales.

Marx y Engels no escribieron sobre el sentido de la vida y dentro de la corriente de pensamiento marxista esa temática demoró en figurar entre los problemas de investigación. A partir de la segunda mitad del siglo XX, dentro del marxismo comenzó a dársele la importancia que realmente tiene y esta escuela aportó su metodología.

Desde las posiciones del positivismo el sentido de la vida es rechazado como problema de investigación por ser considerado mera especulación teórica sin fundamentación científica. En la actualidad es abordado por varias disciplinas como la filosofía, pedagogía, psicología, sociología, psiquiatría, etc; y desde cada una de ellas se aportan elementos para una visión integral del mismo.”



[1] El Sentido de la Vida por Alberto López | Mar 22, 2012 |Filosófica mente. https://filosoficamente.es/el-sentido-de-la-vida/

[2] FRANZ HINKELAMMERT  El nihilismo al desnudo. Los tiempos de la globalización

[3] Fratria: Andrés Ortiz-Osés El nihilismo actual (y Vivencias y convivencias 7) 05.09.2018. Religión digital. https://www.religiondigital.org/fratria/nihilismo-actual-Vivencias-convivencias_7_2046465353.html. Bajado el 2171272021

[5]

lunes, 13 de junio de 2022

El sentido en nuestra cultura

El sentido en nuestra cultura

¿Nuestra cultura actual, carece de sentido? Este punto lo voy a volver a tocar en otro capítulo hablando del sufrimiento en nuestra cultura actual. En este punto sometamos esta pregunta a los tres significados citados respecto de la definición de sentido. ¿El mundo moderno se mueve y sabe en qué dirección lo hace, avanza sabiendo a dónde se mueve con una dirección fija, o está rodeado de luces, de ruidos, pero avanza a tropezones y ya olvidó de donde viene o nunca lo ha sabido? Al parecer su destino se hace cada vez más confuso, entre ideologías, luchas de poder y el amor al dinero. Hay acuerdo en que crisis es la palabra que define la cultura actual. Es una crisis ideológica, moral, económica, demográfica. Galisteo Gámez escribe: ”La crisis de la modernidad hace referencia a la crisis de un paradigma, de una concepción de la realidad, de la historia, del hombre, de las relaciones sociales, etc. del que se toma conciencia a finales del siglo XVII, pero que empezó a fraguarse a finales del siglo XV. Tras cinco siglos, se dice que la modernidad ha entrado en crisis, que ha dado de sí todo lo que tenía que dar. A este respecto hay quien piensa que habría que reformar el paradigma, básicamente superar lo negativo y quedarnos con lo positivo. Otros, creen que la concepción moderna era equivocada desde el primer día y que más nos valdría romper con todo y empezar de nuevo.” ( )
Según la definición de significación, la vida moderna carece de significado, es un mundo que cuesta leer, que se hace difícil entender el significado de lo escrito. La vida se lee una y otra vez pero no se entiende lo que se lee. Podrían haber pasajes más claros que otros, luces que indicarían el significado de las cosas triviales y vitales, pero tal vez la vida moderna se interprete como lo hace un borracho tratando de comprender un texto difícil. Puede hacer su mejor intento, pero no lo logrará. Su estado metal no se lo permite. 
En el sentido de conexión el mundo moderno, al parecer, tampoco entrega un sentido. Hay desconexión en todos los niveles de la vida. La atomización es una característica de nuestra sociedad, producto del individualismo, de un estilo de vida egocéntrico, centrado en el yo. Hay muchísimas personas que no logran conectar los acontecimientos de su vida, ni de su pasado, ni de su presente. La vida no tiene significado para ellos, no son capaces de leer su propia vida. 
He compartido con los alumnos en la universidad más de una vez, en mis clases, un discurso que Steve Jobs ( ) realizó en la graduación en la Universidad de Stanford en el año 2005 en el que a través de tres historias de su vida abarca tres tópicos: uniendo los puntos, el amor y la pérdida y la muerte. Dice Jobs en este discurso que los puntos se unen solo al mirar hacia atrás. Al vivir la vida, enfrentar las dificultades, el sufrimiento, las adversidades, no se suelen ver las conexiones, luego de esto, al pasar de los años, al examinar puntos y acontecimientos aparentemente diversos y no conectados, se puede encontrar los puntos de unión o conexión. La sociedad actual no los encuentra. La pregunta por el sentido de la vida abarca muchos matices que no es posible incluir en un solo capítulo. Son muchos los aspectos a revisar, por tal razón voy a intentar avocarme solo a su relación con el sufrimiento, dejando de lado otros puntos, quizás fundamentales pero que escapan al objetivo de este capítulo y que quizá dan lugar a otro libro dedicado solo a este tema. La pregunta por el sentido es una pregunta fundamental pues mueve la existencia de la persona. El sentido es el para qué vivo mi vida, ¿Vale la pena vivir? Esta pregunta se la hace un empresario exitoso sentado en su cómoda oficina en el sector alto de la comuna de Santiago de Chile, se la hace el prisionero en un campo de concentración nazi, un adolescente sirio en medio del terror, el enfermo que postrado mirando desde su ventana una parte del patio en el que antes jugó o pasó tiempo con su familia. Se la hace la mujer golpeada por quien tendría que amarla y cuidarla. La razón de hacerse esta pregunta es que preguntarnos ¿Por qué? forma parte de la vida humana en sus muchas dimensiones. Esta pregunta por el sentido de la vida surge especialmente en determinadas circunstancias que consideramos absurdas: la muerte de una madre con hijos pequeños, el abandono del cónyuge sin motivos aparentes, el nacimiento de un hijo con limitaciones importantes, la muerte de un niño, un desastre natural, un atentado, etc. También aparece en situaciones de mucha satisfacción, donde la persona experimenta muchos placeres, mucha abundancia, pero no encuentra satisfacción en ello y le surge la pregunta acerca de cuál es el verdadero propósito de la vida.

lunes, 6 de junio de 2022

Sufrimiento y sentido de la vida

 

Sufrimiento y sentido de la vida 


 En las profundidades de un denso bosque vivía un lémur que se había    apartado de los más porque consideraba que muchos lémures eran falsos, envidiosos y mentirosos. Esta     situación le obligó a sentirse muy solo. Por ese motivo una mañana se despertó y salió de su casita a buscarle un sentido a la vida. Caminando por el bosque con la cabeza cabizbaja,  el lémur escucha el canto de un pájaro y se acerca a preguntar: _ ¿Cuál es el sentido de la vida? y éste le responde: _ El sentido de la vida es expresar tus emociones a través del canto. Más adelante una oveja le dijo: _El sentido de la vida es ayudar a los demás. Luego un león continuó diciendo: _ El sentido de la vida es disfrutar de la comida y la bebida. Conforme iba avanzando un tigre exclamó: _ ¡El sentido de la vida es ser feliz y hacer feliz a los demás! En seguida un burro gritó: _ El sentido de la vida es disfrutar del trabajo. Más adelante un camaleón que llevaba varias horas aburrido en la rama de un árbol concluyó:   ¡La vida no tiene sentido! Desconsolado, el lémur se arrimó al tronco de un            árbol y en ese momento una mariposa que estaba bebiendo néctar sentada sobre los pétalos de una rosa se apresuró a decirle: _ ¡El sentido de la vida es el amor; porque el amor da sentido a todas las cosas! Desde ese momento el lémur decidió amar. Poco a poco  comenzó a integrarse de tal manera que en los días de frío se acurrucaba junto a los demás formando una bola de lémures para conservar el calor. 

                                                                                                         María Abreu

El sentido de la vida y el sentido del sufrimiento son dos grandes preguntas que se relacionan y que han inquietado a filósofos y teólogos desde siempre. Hay que clarificar que se entiende por sentido y si este es realmente una necesidad para el hombre de hoy o fue una preocupación solo para los hombres en el pasado o solo para aquellos que enfrentan grandes adversidades. Si el sentido continúa sigue siendo importante para el hombre de hoy debemos preguntarnos ¿Se puede conseguir ese sentido, ese propósito? ¿Hay maneras de encontrar el sentido a la vida? Si la vida no tiene sentido, tampoco lo tiene el sufrimiento, pero si la vida tiene sentido, entonces el sufrimiento, como parte de la vida también debe tenerlo. Qué es el sentido Entendamos a que nos referimos cuando hablamos de sentido. Algunas connotaciones de la palabra sentido podrían arrojar un poco más de luz acerca de nuestro tema. Se entiende como sentido una finalidad o dirección. “Se habla así por ejemplo del “sentido” de la marcha de una carretera. Es, por tanto, la meta de un movimiento”. La vida debe tener una dirección, se debe dirigir a, su movimiento debe tener un propósito. También encierra la idea de significación. “se puede decir que el mundo se convierte en un “gran libro”, cuya lectura requiere conocer las significaciones o sentidos de cada cosa y de cada acontecimiento. Cuando la “lectura” se hace difícil, el mundo y la vida aparecen como “carentes de sentido”. Sentido también conlleva la idea de conexión. “las cosas y los acontecimientos constituyen una red de relaciones: esta red es justamente, lo que llamamos “mundo”. Y así, nada adquiere un pleno sentido si se lo aísla del resto. Es decir el sentido consiste también en el nexo de las cosas con otras. La falta de sentido entonces es una falta de conexión. Yo entiendo por sentido de vida, que esta tiene un significado, un propósito, un para qué, una razón y que esto se convierte en un cimiento básico para edificarla. Este significado puede permanecer implícito o se puede hacer explícito. Es el fundamento sobre el que se edifica la auto imagen, el sentido vocacional, las relaciones, la trascendencia, la espiritualidad y trae alegría o serenidad a la persona independiente de las circunstancias.